jueves, 5 de febrero de 2009

PLACERES COTIDIANOS

El invierno sigue su curso, frío y lluvioso como no recordábamos hace años. Nada como un café a media mañana para calentar un poco los ánimos y los cuerpos. Hoy además hemos tenido empanada y pasteles, cortesía de Pablo, nuestro secretario, por su cumpleaños. En este colegio no hay manera de guardar la línea. Ayer, chocolate con churros; otro día, torrijas, bizcocho, tarta... Se agradecen estos detalles que crean buen ambiente.
Mientras desayuno echo un vistazo al periódico. Hoy hablan (qué raro) otra vez de la enseñanza.
Esta vez se refieren al calendario escolar. A ver si luego lo leo más despacio. Así por encima dicen, cómo no, que tenemos pocos días lectivos y las vacaciones mal repartidas. Ya sabemos que en el resto de Europa no es así, pero hay que contar con el clima de cada lugar. En Suiza pueden empezar las clases el 15 de agosto, aquí es impensable. Ya veremos en qué queda el debate. Si preguntan a los padres, la respuesta está clara: más días de clase y más horas cada día. Conciliar la vida familiar y laboral es cada vez más difícil, pero no creo que la solución sea tener a los niños doce horas en el colegio, como ocurre en algunos centros privados.
Las clases no son conflictivas, pero sí laboriosas. Hay pocos momentos de relax y cuando puedo les pongo música clásica para trabajar. Tengo alumnos majos y cariñosos en general, aunque su rendimiento académico no siempre es óptimo. Hay que ver lo que cuesta hacerles entender algunos conceptos. Intento trabajar mucho la expresión, la presentación de los trabajos y sobre todo la ortografía, que les cuesta mucho. Les gusta leer, especialmente en voz alta. Les encantan las dramatizaciones.
Durante los recreos juegan una liga de fútbol que a veces ocasiona algún problema por desacuerdo con los árbitros (qué raro, ¿verdad?) o por no aceptar perder. Son muy competitivos y se toman esta actividad poco menos que si fueran los Mundiales. Ya quisieran muchos futbolistas profesionales jugar con tanto interés.
A mediodía, reuniones, entrevistas con padres, claustros... Se nos acumulan los proyectos y los papeles. Tenemos una hora para comer, a veces ni eso. Nuestras cocineras son estupendas. Un café, algo de charla y otra vez a clase. Las tardes cunden muy poco. Son dos clases cortas a la hora de la siesta y se nota.
Los viernes solemos salir a comer a algún restaurante de la zona. Es un pequeño lujo que nos merecemos y aprovechamos para conversar con compañeros con los que a veces apenas coincidimos.
Cuando llego a casa necesito descansar un rato. Salgo agotada del colegio. Me gusta mi trabajo, pero los niños consumen una cantidad considerable de energía. Me quedo dormida sin mucho esfuerzo. Meriendo y me dedico a "mis labores". Cuando no hay que poner la lavadora hay que fregar el baño, o recoger la ropa, o comprar, hacer la cena (los días que libra mi marido se encarga él; ayer, revuelto de champiñones con salmón) y limpiar la cocina. Dos días a la semana me toca gimnasio, si no me vence la pereza. Los jueves tengo sesión de fisioterapia con Rubén, cuyas manos expertas movilizan mi hombro y distienden mis músculos. Es una gozada, un lujo necesario que recomiendo a todo el mundo (quien lo prueba, repite, fijo). Los viernes toca cine, como sabéis los que me seguís con cierta regularidad. Mañana no, esta vez voy al teatro con unos buenos colegas. Ya os contaré.
Me gusta ver alguna serie en televisión, sobre todo las policiacas (me encanta CSI), aunque admito que la calidad no es una constante. Siento perderme Los Soprano, por ejemplo, pero no tengo canales de pago. Me entretienen mucho El Hormiguero y Buenafuente, aunque rara vez me quedo hasta el final. El ordenador me consume mucho tiempo. Me gusta visitar otros blogs y escribir algún comentario. Es un mundo apasionante. Me acuesto demasiado tarde (malas costumbres) pero no lo hago sin practicar mis abluciones nocturnas. Disfruto con la cosmética, todo lo relativo a cremas, leches, tónicos, geles... me parece un placer. Más allá de la mera higiene hay un mundo (a veces demasiado caro y muchas veces excesivo) que invita a cuidarse y mimarse un poco. Hay buenos productos muy asequibles.
El día que consigo resolver un crucigrama es un auténtico extra. Me sirve para relajarme, mantener activas mis neuronas y repasar mi vocabulario. Normalmente empleamos un número bastante limitado de palabras y hay que dar un repaso de vez en cuando al archivo olvidado de la memoria. Antes de apagar la luz, un rato de lectura. Me gustaría que fuera más largo, pero me rinde el sueño y siempre duermo como un cesto. Será que tengo la conciencia tranquila.
Y así, más o menos, transcurre mi semana. Sábado y domingo son para el descanso, salvo excepciones. Creo que soy razonablemente feliz. Mi vida es tranquila, como veis. Procuro aprovechar los momentos de tranquilidad y disfrutar de esos pequeños placeres que suelen pasar inadvertidos. Deberíamos fijarnos más en ese paisaje que nos acompaña al trabajo, o saborear más el café, o deleitarnos con ese rayo de sol que estos días lucha por abrirse camino entre las nubes. Vivimos demasiado deprisa, quizá demasiado preocupados (a veces con razón, desde luego), sin apreciar todo lo bueno que nos rodea. Hay palabras hermosas que no utilizamos, personas a las que no dedicamos el tiempo necesario, libros que no leemos, placeres que nos negamos por falta de decisión... Quizá nos falte (todavía) aprender a vivir.

9 comentarios:

Joselu dijo...

Retrato de una maestra adolescente.

Joselu dijo...

Ahora fuera de bromas, aunque había mucho de cierto en lo que decía, has recogido a grandes trazos tu vida, tus actividades, tu trabajo, tus momentos de placer, tus masajes, tus asistencias a películas u obras de teatro... una vida plena y frenética en la que somos a media que nos movemos, que actuamos, que trabajamos, pero yo me pregunto, ¿cabría un momento de quietud, aparte del masaje, en el que tuviéramos tiempo para aburrirnos o para ser? Ya sé que vivir es ser, que moverse es ser, que trabajar es ser... pero echo en falta momentos para pensar (en mi caso), para crear, para estar en la intimidad de mi conciencia. Pero en resumidas cuentas, has hecho un resumen precioso de lo que es una vida comprometida y llena de amor y felicidad.

Joselu dijo...

Hay un error cuando digo "a media". Quería decir "a medida". Un abrazo, colega.

Un profe cualquiera... dijo...

Qué bien escribes, Yolanda! Así pasa la vida de todos, pero nosotros los profesores trabajando con nuestros hijos, los hijos de todos, en una labor de tanto valor social que los que no están dentro no lo imaginan. Y si además nos gusta, es un lujo, no?
Besos maestra feliz.

Marta dijo...

Ay cuanta razón llevas...

Si fuese por los padres el colegio estaría siempre abierto. No se dan cuenta que están perdiéndose parte de la vida de sus hijos y de su educación. Con lo bonito que es poder estar junto con los más peques y verlos crecer.

Un abrazo!

Clares dijo...

Hola, Yolanda. Yo creo que se ha magnificado el asunto del calendario. Al fin y al cabo, sólo se trata de empezar en Andalucía cuando empezamos todos los demás, pero claro, siempre se aprovecha para echar piedras sobre los maestros.
Respecto a tu vida, pues más o menos. Yo añado algunas obligaciones familiares, fuera de nuestra pareja, nietos, hijos, madre, y ya te digo, más o menos. Y tienes razón, a veces no nos damos esos pequeños placeres que harían la vida un puntillo más agradable. Yo, la verdad, no lo hago por falta de tiempo. Un par de horas más al día no me vendrían mal. ¿Lo habrán pensado los del calendario?

Mar_inf dijo...

Pobres niños... Yo como maestra en esceula infantil, veo continuamnete la situación de muchos niños que permanecen en el centro largas jornadas (el horario es de 7:30 a 17:30), y hay algún pequeño que está todas esas horas en el centro. Con razón, mis compañeras y yo decimos que estamos criando a los niños. Pasamos más tiempo con ellos que sus padres.
Y suerte que es una pública. Que en algunas privadas el tiempo que pueden estar los niños es hasta las 9 de la noche...
Y los padres tan contentos. En algunos casos lo entendemos (hay situaciones económicas que pueden ser muy difíciles), pero otras veces es solo por placer. Más de una vez he oído como un padre (o madre), comentaba a otro que aunque no tenía que ir a trabajar, lo que si hacía es llevar al niño a la escuela. Y así dedicarse el día a él o ella.
Ains, nos olvidamos de los niños, nos estamos perdiendo grandes momentos de sus vidas, y cuando nos demos cuenta, ya se habrán pasado.
En fin, hasta donde vamos a llegar...

Miguel dijo...

He disfrutado leyéndote. He percibido felicidad, paz y tranquilidad en tu vida. Leyéndote me acoge el sentimiento de que la vida es sencilla y fácil de vivir. Y es que transmites serenidad y buenos sentimientos.
Un placer pasarme por aquí.
Un abrazo.

Yolanda dijo...

Joselu, gracias por contestarme siempre y por sintonizar tan bien conmigo. Sacar jugo a la vida no es tan difícil. Sí es cierto que necesitamos más tiempo para la reflexión, aunuqe lo hacemos en pequeñas dosis quizá sin darnos cuenta. ¿O no reflexionas al escribir, al leer, al hablar con los otros, cuando vas en el coche...?
Profe cualquiera, es realmente hermosa esta profesión cuando se desarrolla en las condiciones adecuadas, y si no lo hace se convierte en un reto diario. Yo conozco colegas de mi entorno que no se lo toman así y me dan mucha pena... y mucho que pensar. Todos salimos perdiendo con ellos. Ni siquiera son capaces de pedir ayuda, sólo saben despotricar y quejarse.
Marta, siempre estamos expuestos a las críticas y los ataques. La mayoría de los padres no sabe disfrutar de sus hijos y así les va. Se pierden una de las cosas más hermosas de la vida, pero todos pagamos las consecuencias. Un niño infeliz en casa arrastra esos problemas al colegio. Lo malo es que los padres nos piden comprensión cuando el niño o la familia pasan una mala racha, pero a ellos nadie les pide cuentas de la violencia que ejercen sobre sus hijos, en forma de separaciones, ausencias, falta de normas... No les piden el carné de padre y así nos va...
Clares, hay que mover muchas cosas para tocar el calendario escolar. Adelantar el comienzo de las clases sin aumentar el número de días lectivos no es ninguna solución, pero lo harán para contentar a unos cuantos. Y es cierto que no todos podemos disfrutar de los mismos placeres, todas las vidas son diferentes, como lo es el nivel de exigencia de cada uno o la capacidad de disfrute, o las distintas etapas y circunstancias.
Mar, vamos hacia una sociedad deshumanizada. Los horarios laborales son incompatibles con la vida familiar, pero son cantidad las madres que no trabajan que desatienden a sus retoños y nos piden una paciencia de la que ellas carecen. No hay más que ver cómo se comportan los niños cuando están con sus padres, es vergonzoso comprobar la falta de educación y de respeto a las normas. Lo malo es que lo pagaremos todos.
Miguel, gracias por visitarme y contestarme. Creo que parte de nuestra obligación como seres humanos es disfrutar de lo que nos es dado (y ganado)y hacer felices a los demás. No hay que tener dotes especiales, basta con proponérselo. Cierto que hay quien lo tiene muy difícil, pero son más los que sólo ven el lado oscuro y van de gris por dentro y por fuera. Hay que huir de ellos porque quitan mucha energía y felicidad.
Gracias a todos.