Ya hemos traspasado la ¿mágica? barrera que separa un año de otro, hemos cumplido los ritos que aseguran salud, amor y prosperidad para los próximos doce meses y sólo nos queda esperar la visita de los Reyes Magos. Madrid sigue siendo un hervidero de gente y de actividades, nunca para. Quería ver la exposición de Renoir y Rubens en El Prado, pero tendré que esperar, así que fui con una amiga muy especial a la Biblioteca Nacional, lugar muy querido que no visitaba hace años y que a sus muchos alicientes para todo amante de la cultura y de los libros añade el de la gratuidad, valor muy en alza en los tiempos obligadamente austeros que vivimos.
Esta vez la estrella es, por un lado, La Cocina en su Tinta, interesante paseo por la gastronomía, curiosidades, objetos, historias, recetas y personajes que han hecho de este ¿arte? un asunto de vital importancia. Hay que comer para vivir, evidentemente, pero de las primeras chuletas crudas en las cavernas prehistóricas al refinamiento de El Bulli, por ejemplo (sitio que no está a mi alcance, obviamente), pasando por los guisos de puchero de toda la vida (mis favoritos), los postres caseros, los pinchos de Donosti y mil delicias más hay un interminable recorrido por las cocinas de todo el mundo que me encanta observar y estudiar. La cocina es un mundo apasionante, rico y variado como pocos. Hay tantos sabores por descubrir, tantas posibles elaboraciones, tantos recuerdos unidos a ellos... Comprendo que los grandes cocineros deben esforzarse por seguir en primera línea, pero de ahí a inventarse cosas como el aire de zanahoria o la tortilla de patata deconstruida va un abismo. Mucho cuento veo en todo eso... No me gustan las recetas innecesariamente complejas, por eso sigo a Arguiñano y me encanta Falsarius Chef, que tiene soluciones de bote para cada situación y además es ingenioso y divertido.
Vimos, cómo no, el Museo de la Biblioteca, un lugar que yo recordaba por haberlo visitado con mis alumnos hace años. Es un recorrido completo por toda la historia de la escritura, desde los primeros restos tallados en piedra hasta el MP3 (faltaba el libro electrónico, la técnica va más deprisa que la propia Historia). Los incunables dormían en sus vitrinas, como los pergaminos, los papiros, los cartularios, las obras de Miguel Hernández, el facsímil del Mio Cid, libros y libros maravillosos, escritos con infinita paciencia por amanuenses escrupulosos y aplicados, guardados siglo tras siglo, conservando casi intactos sus colores vivos de manera casi milagrosa. La Historia late en esas páginas, amorosamente conservadas y cuidadas para alegría de todos. Qué placer pasear por esas salas discretas, con no demasiado público, repasar esas páginas hermosas que contienen todo cuanto ha hecho el hombre, para bien y para mal, a lo largo de miles de años, recordar obras inmortales, apreciar la tremenda importancia de Gütenberg... Una mañana deliciosa, sin duda.
También vi la colección Códices de la Capilla Sixtina, en la que me detuve menos, pero no pude resistir la tentación de copiar algunas frases que adornaban las vitrinas:Leyendo comprenderás lo que no está escrito.
Y, en fin, inquieto y violento,
por donde quiera que voy.
Soy todo y nada, pues soy
el humano pensamiento.
Mira si bien me describe
variedad tan singular,
pues quien vive sin pensar
no puede decir que vive.
Calderón de la Barca
Lo que la fábula ha inventado a veces lo reproduce la Historia. Víctor Hugo
Siente el pensamiento,
piensa el sentimiento.
Unamuno
Sólo hay un bien: el conocimiento. Sólo hay un mal: la ignorancia. Sócrates
Bajo la lluvia helada llegamos hasta la exposición de CajaMadrid sobre los jardines impresionistas, un hermoso paseo ante lienzos luminosos y coloristas, una auténtica premonición primaveral en pleno otoño. Cuadros que desprenden tranquilidad y sosiego, naturaleza cuidada y espontánea a la vez, promesa de siestas en el jardín, de descanso bajo los árboles, de delicados puentes sobre ríos tranquilos. No puedo permitirme el lujo de comprar un original de Klimt, Monet, Ernst o Sorolla, pero sí adquiriré alguna de esas estupendas reproducciones que venden en los museos para adornar las paredes de mi nueva casa, sin marcos, eso sí, que suelen ocultar el valor de lo pintado.

Me gusta ver cosas bonitas siempre que puedo, recrearme en la magia de las pinceladas que imitan milagrosamente la etérea muselina, la transparencia del agua, los matices del verde, la riqueza multicolor de las flores... Los impresionistas siempre son una buena opción. Parecen sencillos, incluso simples, pero son tan expresivos, tan estimulantes y tranquilizadores a la vez... Ante ellos fluyen con naturalidad las confidencias, esas que compartimos las mujeres de una manera muchas veces incomprensible para los hombres. La amistad es un bien impagable que hay que cuidar con esmero. No hay mejor terapia que una conversación sincera con alguien que nos escucha y nos entiende sin escandalizarse y sin pretender adoctrinarnos.
Tuvimos un dulce final: merienda en la Chocolatería Valor, llena a rebosar. Ante una humeante taza de chocolate caliente (¡buenísimo!) recordamos nuestra estancia, años ha, en Villajoyosa, cuyas calles huelen a ese producto traído de América que encierra curiosas historias. El brownie está de muerte, aviso, es una delicia saborearlo acompañado de chocolate derretido...mmm... 
Así que entre libros, pintura, lluvia, dulces y, sobre todo, una buena dosis de amistad voy pasando estas ansiadas vacaciones navideñas. Aún queda una semana para disfrutar de otras experiencias...













