Según el diccionario, la pereza es negligencia, tedio o descuido en las cosas a que estamos obligados. Flojedad, descuido o tardanza en las acciones o movimientos. Es, además, uno de los pecados capitales, como bien explicaron en la escalofriante Seven. ¿Por qué tiene tan mala prensa la pereza? Hace pocas semanas hablaron de ella en el programa Hablar por hablar, de mi admirada y querida Cadena SER (menos mal que aún nos quedan reductos así, qué haríamos sin ellos...) Hay tantas cosas que nos dan pereza: recoger la cocina después de comer, lavar el coche, ordenar los armarios (no digamos nada en los cambios de temporada, buf...), corregir exámenes, colocar la compra tras la visita al híper, clasificar papeles... La lista es interminable. Pero estamos de vacaciones (cortas, pero vacaciones al fin y al cabo) y tenemos todo el derecho a ser perezosos. Yo por lo menos creo que lo tengo. Por unos días me olvido del despertador, de las prisas, de los horarios... Necesito este parón, estoy agotada y muy desanimada, bajo mínimos. Ya voy recuperando algo de fuerzas, menos mal.
Sentirme perezosa no supone no hacer nada ni estar todo el día tirada en el sofá. Sé que estoy de vacaciones cuando puedo despertarme, tomar algo de zumo, volver a la cama, leer durante un rato y dormir otra vez, sin prisa. Ahora veo el sol desde la cama y es una gozada. No tengo prisa por levantarme, desayuno con calma mientras escucho la radio, leo el periódico, me aseo cuando me apetece, realizo las tareas domésticas casi con más ganas, elaboro platos diferentes (ese potaje de vigilia tan suculento, torrijas, salmorejo...) ¿Soy perezosa? No creo, si repaso todo lo que hago durante las vacaciones, con otro ritmo, eso sí. Siempre hay compras pendientes, visitas al médico, encuentros con amigos... A pesar de lo cansada que estaba, invité a mis colegas a merendar el mismo jueves tortitas con nata, muy celebradas por todos. Me gusta reunir a las personas con las que estoy a gusto, aunque conlleva un trabajo nada despreciable. Al fin y al cabo, para qué queremos si no esas preciosas vajillas tan cuidadosamente guardadas, las primorosas mantelerías, las cristalerías de frágil apariencia, los juegos de café casi intactos...
Pues sí, me siento perezosa. ¿Y qué? Convertir las vacaciones en una maratón nunca ha sido mi objetivo. No necesito presumir ante nadie ni batir ningún récord. Admiro a la gente que derrocha vitalidad, yo soy más vaga, mas tranquila.Nunca iré al Everest ni a la Patagonia, pero volveré a Madrid cuantas veces pueda. Hay muchos museos que visitar, obras de teatro interesantes, películas atractivas...
Ahora la cartelera no atraviesa su mejor época, pero últimamente he visto dos pelis recomendables: Los idus de marzo e Intocable. La primera cuenta con la presencia delante y detrás de la cámara de mi querido George Clooney, por dios, qué hombre tan completo, es que lo tiene todo... ¿Llegará a superar a Clint Eastwood? Es posible. De momento, tras Los Descendientes, donde aparecía más fondón, más canoso, más cansado y ojeroso, aquí vuelve a ejercer de guapo oficial, el candidato ideal al que muchos votaríamos. Pero la realidad es muy diferente y ... No puedo contar más. No es un tema nuevo, pero está bien contado y mejor interpretado. Ryan Gosling, Philip Seymour Hoffman y Paul Giamatti están geniales, bordan sus papeles respectivos. Inexplicablemente, se olvidaron de todos ellos en los Óscar, pero el público y la crítica les han dado su respaldo.
Intocable es la película del año en Francia, según dicen. Basada en un hecho real, cuenta la inusual relación entre un aristócrata millonario parapléjico y un negro expresidiario, procedente de un barrio marginal, lleno de vitalidad y buen humor. Ya desde la primera escena ves la declaración de intenciones. Con cierto recuerdo a Aroma de mujer, entre otras, la película es divertida, tierna, optimista. Nada que ver, por supuesto, con Mar Adentro. Son dos formas diametralmente opuestas de vivir una misma situación. Agradecí las risas, la sensibilidad, las ocurrencias. ¿Por qué no ha de ser posible una historia así? Seguro que hay más ocultas o desconocidas. Tiene una banda sonora fantástica, de las que te hacen bailar en la butaca. Salí del cine contenta, relajada, feliz. Es, sin duda, una estupenda opción para estos días de asueto bajo los negros nubarrones no sólo cargados de la necesaria lluvia (lo siento por los que huyen en busca de la playa) sino de las peores noticias económicas. No hay manera de huir del desolador panorama que nos rodea, pero quizá sea posible afrontarlo de otro modo. Ay, ay, ay...
Que descanséis. Y no temáis ser perezosos, es una gran virtud si se disfruta bien. Ah, por si aún no lo habéis hecho, visitad la página de National Geographic, tiene unas fotos fantásticas. Qué hermoso es nuestro planeta...













