domingo, 25 de octubre de 2009

ÁGORA

Tenía muchas ganas de ver Ágora, tan anunciada y promocionada desde meses atrás. Me gusta Amenábar, al menos lo que ha filmado hasta ahora, sobre todo Mar Adentro, que me impresionó profundamente. Los Otros también era muy estimable. Tesis y Abre los ojos eran originales, pero las recuerdo con menor intensidad. No tienen nada en común unas con otras, lo que supone no poco mérito aunque el resultado sea desigual.
La crítica se ha dividido en sus valoraciones sobre Ágora. Todas coinciden en alabar el gran trabajo de Raquel Weisz, bellísima y perfecta en su papel, y el del resto del reparto, así como la ambientación y el vestuario, a los que no hay que poner ningún reparo. Se lo han trabajado de verdad, no es cartón piedra barato ni túnicas de todo a cien. Los peros empiezan en el guion, demasiado discursivo para algunos, con exceso de datos y discusiones sobre astronomía, religión y el saber en general. Sin embargo, yo creo que todo eso es necesario para entender la historia, bastante compleja, centrada en Hypatia, sus enseñanzas, sus inquietudes y sus deseos de independencia. Parece ser que en realidad murió a edad avanzada, no en plena juventud y hermosura, pero no creo que importe demasiado. Según tengo entendido, no dejó nada escrito, pero la importancia de sus estudios ha perdurado a través de los siglos.
La historia se sitúa en el siglo IV, cuando el cristianismo ya era la religión oficial del Imperio Romano, lejos de las persecuciones anteriores. Su nuevo status les volvió intolerantes y crueles con las demás religiones, actitud que se mantiene hoy en día. Con razón la Iglesia católica prohíbe a sus fieles verla, como ya hizo con El Código DaVinci y tantas otras, lo cual supone una propaganda excelente y gratis, además. ¿Por qué la Iglesia teme tanto a las críticas fundadas y a los hechos históricos que no la favorecen? Se puede ser creyente sin ser ciego o sordo, pero las verdades que defienden como fundamentales no soportan el más mínimo análisis racional. Ninguna religión lo hace. Deberían servir para unir a todos los seres humanos, para ser mejor con los demás, para ayudarles, y en lugar de eso son instrumentos del poder, medios para manejar los cuerpos y las almas y excusa para iniciar crueles guerras. Hay tantos episodios espantosos relacionados con la religión a lo largo de toda la Historia que da miedo sólo recordarlos.
Hypatia se pregunta el porqué de las órbitas de los planetas, el misterio de las estrellas, qué lugar representa la Tierra en el universo. Estudia, observa, reflexiona. Siente pasión por los libros de la legendaria Biblioteca de Alejandría, donde ocurre la acción. Intenta inútilmente salvarlos de la destrucción provocada por unos fanáticos. Pobres libros, depositarios del saber, tan perseguidos y destruidos en tantas ocasiones que están en la mente de todos. He leído en algún sitio que aquella fabulosa biblioteca llegó a almacenar tal cantidad de tesoros porque cada vez que llegaba un barco en el que se hallaba algún manuscrito se requisaba, se llevaba a la Biblioteca, donde era copiado, y se devolvía a su portador. Pero todo aquel esfuerzo desapareció, para desgracia nuestra. Entonces, como ahora, el saber suponía una amenaza para el Poder.
Ya en aquella época había divergencias en el seno de la incipiente Iglesia. Carlos Boyero, a quien la película no consiguió emocionar, aunque reconoce su factura impecable, hace notar que los cristianos van de negro absoluto, utilizan la lapidación como pena de muerte y muestran modales muy parecidos a los integristas musulmanes actuales. ¿Casualidad? No lo creo. Son fanáticos de su Dios, creen a pies juntillas en los libros sagrados (no escritos por Jesucristo, como es bien sabido) y no toleran ninguna crítica. Devuelven con creces la crueldad que soportaron tiempo atrás, envalentonados con su nueva situación. Las razones que llevaron al auge del cristianismo son tema para otro post.
El Imperio Romano ya se tambaleaba en aquella época, lejos de su esplendor de antaño. No sabe manejar la nueva situación, con religiones enfrentadas, sin querer tomar ninguna decisión arriesgada, lo que supone un fracaso seguro. La Historia se ha escrito así, a base de errores monumentales, de luchas encarnizadas por una idea, un trozo de tierra, riquezas... Muchos han muerto por defender a otros, su sangre empapa el suelo que pisamos.
Hypatia renuncia voluntariamente al amor carnal para centrarse en sus estudios, aunque no le faltan pretendientes. Como mujer no comparto esta decisión, incluso me cuesta entenderla. En tono de broma dije a mi amiga Blanca: "Si lo que quiere es ver las estrellas, que haga el amor de una vez". Pero no cede a los requerimientos de su esclavo Davo (estupendo Max Minghella) ni a los del prefecto Orestes (Oscar Isaac) . A pesar de lo que algunos han dicho, estas historias frustradas de amor sí me resultaron emocionantes. Entendí la pasión de los enamorados, y quise entender las negativas de ella, absorta en su ciencia, dando mil vueltas a los conocimientos que poseía y buscando respuestas a sus preguntas. El Universo siempre ha fascinado al hombre, incluso hoy que está mucho más explorado. Hypatia observa maravillada el cielo noche tras noche intentando desentrañar sus misterios. Pero, ay, es una mujer sabia y eso ha sido un serio peligro en muchas épocas y culturas. Fue lapidada, descuartizada y vejada tras su muerte (no desvelo nada al decirlo, está en cualquier información sobre la historia). Sin ser cristiana (no quiso someterse a ninguna religión, lo que demuestra su inteligencia) se convirtió en mártir porque suponía una amenaza para la intolerancia que representaba Cirilo. Hay tantas escenas significativas, tantos detalles... Es la magia del cine, decir con una imagen lo que las palabras apenas esbozan.
Ágora está teniendo excelentes resultados de taquilla. Yo la vi en una sala con más de seiscientas butacas y estaba prácticamente llena. Me alegra esta buena acogida de público, se la merece, aunque no sea una obra maestra. La considero interesante, atrayente, bonita. Contiene muchos datos fundamentales para entender incluso situaciones actuales porque las inquietudes humanas son atemporales. Me encantan esas escenas de la Tierra vista desde el cielo para ir acercándose poco a poco al escenario de la película, son toda una metáfora de lo quiere contar: somos apenas una gota en el universo, pero ésta es nuestra casa, la única que tenemos, y poseemos las armas necesarias para vivir felices en ella y llegar a atisbar qué se esconde mucho más allá. Sin embargo, nos empeñamos en destruir este tesoro, inconscientes y fatuos, orgullosos de nuestro mínimo poderío, egoístas y crueles. No creo que aprendamos nunca, por desgracia. Hypatia lo sabía, y la mataron. Si alguna lección se desprende de Ágora es que debemos ser humildes, comprensivos, generosos. Por supuesto, os la recomiendo.
Feliz semana a todos.

sábado, 17 de octubre de 2009

LA INCIERTA NORMALIDAD

Resulta difícil acercarse al tema de las deficiencias, tanto físicas como psíquicas. Desde que estamos inmersos en la llamada "corrección política", llegando a veces a extremos realmente patéticos, no se sabe qué decir ni hacer en ciertas situaciones. Los maestros estamos acostumbrados a tratar con alumnos más o menos dotados intelectualmente, pero hay que tener un tacto exquisito a la hora de tratar con los menos favorecidos y sobre todo con sus padres. Recuerdo que hace muchos años el padre de un alumno muy limitado me dijo tras mis observaciones: "No, si yo no pretendo que sea médico o ingeniero, con que sea maestro me conformo". Sin comentarios.
Los ACNEE reciben ahora una atención especializada, por fortuna, y los que sufren alguna deficiencia más profunda son atendidos en centros de integración o de carácter especial. Las personas que se ocupan de ellos también son especiales, no sólo por su formación, sino por su actitud personal. Tienen una paciencia infinita, unos modales suaves y afectuosos, hablan en voz baja y son comprensivos hasta lo inimaginable.
Hasta hace no muchos años tener un hijo con síndrome de Down o cualquier otra deficiencia suponía una tremenda carga e incluso una vergüenza. Esos niños eran ocultados a la vista pública, sobre todo si tenían hermanos "normales" en edad ya casadera. Una joven no podía decir que tenía un hermano así si quería optar a un matrimonio ventajoso. No recibían más atención que la familiar, quizá cargada de buenas intenciones (no siempre, por desgracia), pero en muchos casos se convertían en el hazmerreír de gente cruel que los convertía en blanco de sus burlas. La imagen del "tonto del pueblo" se repetía dolorosamente una y otra vez.
Hoy se sabe mucho más sobre este síndrome y otros muchos de índole parecida. Se sabe, por ejemplo, que una estimulación temprana y una educación adecuada llega a convertirles en personas autónomas y en trabajadores responsables dependiendo de su grado de discapacidad. Ya no se esconden, al contrario, y el trato que reciben da la medida de lo que hemos conseguido en materia educativa y social. Aún hay quien piensa que se les dedican demasiados recursos, pero la realidad es otra. Hay familias desesperadas porque no saben qué hacer con estas personas tan especiales y las Administraciones miran para otro lado con injusta frecuencia.
El cine ha tratado estos casos con desigual resultado. Grandes actores han encarnado a personajes con alguna deficiencia: Tom Hanks en Forrest Gump, Sean Penn en Yo soy Sam, John Malkovich en De ratones y hombres y muchos más, tanto españoles como extranjeros. Pero eran eso, actores, personas "normales" interpretando a otras diferentes. La novedad de Yo, también, premiada en el último Festival de Cine de San Sebastián, estriba en que un hombre de treinta años con síndrome de Down se interpreta a sí mismo con honestidad y sin más pretensiones que mostrar una faceta sincera y verídica sobre su caso y el de otros como él. Llegó a terminar las carreras de Magisterio y Psicopedagogía y lleva años luchando por la integración de personas discapacitadas. Ha salido frecuentemente en los medios de comunicación, sobre todo a raíz de la Concha de Plata donostiarra, galardón obtenido también por la magnífica Lola Dueñas, su compañera en la película. Yo, también es un acercamiento al mundo de los deficientes verídico y honesto, sin caer en el ternurismo, que habría sido lo más fácil, ni en la caricatura. La línea que separa la sensibilidad de la cursilería es muy sutil. Aquí las situaciones son verídicas, no están maquilladas ni dulcificadas, aunque la realidad es mucho más dura. A los deficientes se les impide no sólo el acceso a ciertas discotecas, entre otros muchos lugares, sino también el derecho a disfrutar de su sexualidad. Son sensibles y buscan amor, como todos los demás, pero lo tienen mucho más difícil. La película muestra con delicadeza éstas y otras situaciones cotidianas a las que se enfrentan. Pablo Pineda tiene una lógica aplastante, Lola Dueñas arrastra un pasado doloroso que intenta olvidar y superar entrgándose en la noche a cualquier hombre que le acerque. Dice en un momento dado: "Me he acostado con muchos hombres, pero nunca he hecho el amor." Quizá este eufemismo sea una de las grandes verdades de la película. Pablo aspira a enamorarla, ella no sabe qué hacer, se siente desconcertada y halagada a la vez. No puedo contaros más. Hay otra pareja que culmina su historia de amor en una escapada de los moldes sociales que les oprimen. Me recordaban a esa preciosa canción de Víctor Manuel titulada Sólo pienso en ti, tan tierna. De modo que las personas "normales" no saben manejar sus sentimientos, los "subnormales" lo tienen mucho más claro.
Porque, ¿qué es ser "normal"? Definición del diccionario: Dícese de lo que se halla en su natural estado. Que sirve de norma o regla. Dícese de lo que por su naturaleza, forma o magnitud se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano. Y "subnormal" es: Inferior a lo normal. Dícese de la persona afectada de una deficiencia mental de carácter patológico. ¿Aclara algo? Creo que más bien poco en este caso.
Recomiendo la película por lo que trata y sobre todo por el modo de hacerlo. Habla de sentimientos, de humanidad, de realidad. Los abundantes primeros planos muestran por sí solos lo que pasa por la mente y el corazón de los personajes. Emociona y hace reflexionar. Todos tenemos cerca algún caso de discapacidad pero les prestamos escasa atención. Tienen mucho que enseñarnos, lo sé por experiencia. Su discapacidad intelectual no les impide tener sentimientos y reclamar de los demás el mismo cariño que ellos ofrecen desinteresadamente. Es una película diferente, bonita y sin pretensiones, pero cargada de ternura.
Feliz semana a todos.

domingo, 11 de octubre de 2009

SI LA COSA FUNCIONA

El viernes, después de la forzosa baja por mi inoportuna afonía, fui a ver la última de Woody Allen, "Si la cosa funciona". Me reí mucho y pasé un rato estupendo. Es el Woody de siempre, no el de "Vicky Cristina Barcelona", por fortuna. No llega a la genialidad de "Match Point", que es una rara avis en su producción, pero es ácida, inteligente, divertida, ocurrente y compleja a pesar de su aparente simplicidad. El cómico Larry David (creador dela exitosa serie Seinfeld) encarna a Boris Yellnikoff, un hombre maduro que dice haber estado a punto de ganar el premio Nobel de Física, divorciado de una mujer bella e inteligente que vive solo en un apartamento descuidado, sobreviviendo a base de dar clases de ajedrez a niños a los que llama "gusanos" y cosas peores y que larga sus discursos irónicos y pesimistas a sus amigos. Sabe que no es una persona con la que guste estar, es desagradable y ha intentado suicidarse, por lo que no espera nada de la vida. Es desaliñado y nada simpático, pero el Destino, ese imprevisible desconocido, se le aparece personificado en Melody, una joven bellísima, encantadoramente ingenua y alegre que cambia por completo su existencia. Ha huido de su casa y espera obtener una vida mejor en Nueva York, escenario favorito de Allen. Le pide asilo y se queda hasta conseguir casarse con él, algo que ni de lejos entraba en sus planes, pero no es una aprovechada ni una timadora, le quiere y le admira de verdad a pesar de sus muchas diferencias. Todo va bien durante un año, hasta que aparece su madre, con la que no se llevaba nada bien. Y empiezan los líos característicos de Woody, los diálogos ingeniosos (siempre ha de haber una referencia a los judíos, faltaría más), las situaciones insólitas, los giros del guión, las situaciones imprevisibles felizmente resueltas hasta llegar a un final redondo. Pocos personajes, diálogos muy trabajados, actores excelentes: ése es nuestro Woody admirado de siempre, el desencantado y sin embargo esperanzado, el que a pesar de su edad, o quizá gracias a ella, sabe que todo es posible, que cualquier cosa puede pasar, que a la vuelta de la esquina te espera el amor y con él (cuando funciona) la felicidad. ¿Y por qué no pensar así? ¿Acaso está todo escrito y decidido? Por supuesto que no. Cualquier detalle puede suponer un giro radical, una cambio vital. La vida es imprevisible, nadie puede predecir el futuro, para bien o para mal. Como suele decirse, espera siempre lo mejor, prepárate para lo peor y acepta lo que te llegue.
Y el amor, ah, el amor, esa poderosa fuerza que nos eleva o nos hunde, nos salva o nos condena, nos engrandece o nos destruye. Resulta imposible describir sus efectos, hay que sentirlo para entenderlo. Sin él no podemos vivir pero es imposible determinar por qué unas veces triunfa y otras no, por qué algunas parejas duran años y años felices y otras se quiebran en medio de reproches y dolor infinito. Ni la afinidad de gustos y caracteres ni una vida cómoda y sin aparentes problemas garantizan una unión viable, cuanto más si en el devenir diario aparecen los roces, la falta de respeto, la incomprensión, la incomunicación, la falta de tiempo, la economía precaria... Y, sin embargo, puede estar ahí, aparecer de la forma más insospechada, como aparece Melody en la vida de Boris, que nada esperaba ya. Hoy ya no extrañan las noticias que hablan de enamoramientos y matrimonios entre jubilados, ancianos felices que han encontrado una nueva e inesperada compañía en el tramo final de su vida. Una tía abuela mía se casó a los 70 años con un viudo algo mayor que ella, y tendríais que haber visto su ilusión el día de su boda. Que su felicidad tuviera corto recorrido no es lo más importante.
Se nota el peso de la edad real de Woody Allen. Siempre ha hecho referencia a ella, pero en esta película creo que es más palpable. Es más realista y más sereno sin perder la ironía y la mordacidad. No le importa decir lo que piensa, aunque sea lo que hemos dado en llamar "políticamente incorrecto". A estas alturas no le queda nada por demostrar ni tenemos por qué exigirle una obra maestra cada año, algo de lo que nadie es capaz. Como alguien dijo una vez, ya le gustaría a más de uno que su mejor obra fuera como una de las "menores" de Allen. Ya sé que no gusta a todo el mundo, pero la recomiendo a todo el que quiera pasar una hora y media larga inteligentemente divertida.
Otro día os hablaré de la obra "La tortuga de Darwin", con una increíble Carmen Machi. Hasta entonces, feliz día de fiesta y buena corta semana laboral.

martes, 6 de octubre de 2009

MARIPOSA JUGUETONA

Estoy afónica desde el viernes, afectada al parecer por un virus en las cuerdas vocales, así que me encuentro de baja hasta el jueves. Me siento mal cuando falto al colegio porque han de sustituirme mis compañeros y los chavales se sienten muy perdidos pasando por tantas manos, pero qué le vamos a hacer, estas cosas pasan y son imprevisibles. Estoy aprovechando para preparar temas y ponerme al día en varios asuntos, entre ellos actualizar el blog, pero, como veis al margen, tengo poco éxito. Tendré que pedir ayuda a algún entendido para deshacer este desaguisado.
Ya veo que somos muchos los preocupados por la enseñanza, leo comentarios de todo tipo y compruebo que abunda el desaliento, no sin motivo, desde luego. Somos blanco de muchas críticas y recibimos poco apoyo. Me temo que cualquier cosa que añada será poco original y no quiero repetir lo ya dicho. Así que para cambiar de tercio (esta semana no he ido al cine, y bien que lo siento) os ofrezco el poemilla que escribí para dar la bienvenida a los chavales con unas mariposas preciosas, diseño de mi colega Mercedes, que es una manitas para estos asuntos. Yo aporto mi intención literaria, aunque la poesía no es precisamente mi fuerte, como podéis comprobar. Espero que perdonéis mi osadía.
MARIPOSA JUGUETONA
Mariposa juguetona,
brillan tus alas al sol,
despiertas por la mañana
y alegras mi corazón.
Te escondes, huyes,
llena de vida y de luz,
viajera, temblorosa,
quiero volar como tú.
Nos adornas los paisajes,
blanca como espuma de nubes,
o violeta, sonrosada,
y ligera subes y subes.
Aspiras del campo el aroma,
sientes la brisa del mar,
danzas entretenida
en el azul primaveral.
Mariposa nacarada,
siempre amiga de las flores,
sencilla, dulce, gentil,
con ellas compartes colores.
Tocando apenas las hojas
bailas siempre de puntillas
y se ríen, tan contentas,
porque les haces cosquillas.
Quiero tocar tus alitas,
si me acerco alzas el vuelo,
y te escapas, fugitiva,
por querer tocar el cielo.
Amiga de ruiseñores,
bailarina silenciosa,
bebes gotas de rocío
siempre inquieta y hermosa.
Eres el broche del bosque,
duermes al atardecer,
simbolizas la alegría,
nunca te dejas coger.
Eres nácar azulado,
llenas de color los sueños,
y como ellos te vas
y te escapas de mis dedos.
Déjame guardar tu aleteo,
conservar esta sonrisa,
jugar por el aire, libre,
y esperar que vuelvas con la brisa.
YOLANDA BELLOD GIMÉNEZ

sábado, 26 de septiembre de 2009

EL SECRETO DE SUS OJOS

He seguido durante estos días las noticias sobre el Festival de Cine de San Sebastián, que además mostraban imágenes de esa preciosa ciudad tan grata para mí, y he leído las crónicas de Carlos Boyero, con quien suelo coincidir. Se habrá disgustado, como yo, al saber que El Secreto de sus Ojos, que ha tenido una magnífica acogida de público y crítica, se va de vacío, y es una gran injusticia, os lo aseguro. Claro que tampoco es la primera vez, ni será la última, en la que metan la pata los componentes de un jurado, por mucho que sepan de cine (o eso se supone al menos). La vi ayer, y qué dos horas largas pasé difrutando de cada imagen, de cada detalle, de los muchos matices que ofrece Campanella. Es una película magistral, cine de verdad, con un guión impecable y unas actuaciones memorables, con un inmenso Ricardo Darín al frente. Interpreta a un empleado de un Juzgado Penal, Benjamín Espósito, en la convulsa Argentina de 1974 que, ya jubilado, decide escribir una novela, y para ello no recurre a la imaginación, sino a su propia experiencia. En aquel año tuvo que investigar el atroz asesinato y violación de una hermosa joven recién casada. La búsqueda del culpable tropezó con el Poder imperante y el caso se cerró en falso. Benjamín ha vivido durante veinticinco años atormentado por ese recuerdo y cree que ya es hora de terminarlo. Al mismo tiempo, su historia personal se ve lastrada por un amor nunca cumplido ni confesado.
Según cuenta Campanella, el director, la imagen de un viejo comiendo solo fue lo que le hizo volver a la novela de Eduardo Sacheri que le sirvió de base. ¿Cómo se llega a esa situación? Uno puede negarlo, tratar de olvidarlo, pero el pasado siempre vuelve. Y eso es el tema de la película: la memoria, acompañada de violencia, intriga, dolor, venganza, amor, lealtad, amistad... Hay que ser un verdadero maestro para hilvanar todos esos hilos sin fisuras, sin tropiezos, consiguiendo que todas las piezas encajen sin aristas y logrando que la historia fluya del pasado al presente con total naturalidad, sin sobresaltos ni trampas. El ritmo es pausado pero firme, intenso y subyugante. Una mirada es la clave de la historia, pero hay otras, expresivas y poderosas, la del propio Ricardo Darín y la de Soledad Villamil, unos ojos que llenan la pantalla. Los sentimientos contenidos se reflejan en los rostros y marcan sus vidas. Qué hermoso guión, cómo me gustaría leerlo, tan pleno de humor y amargura a la vez. La inquietud no decrece con el tiempo, la necesidad de cerrar capítulos que quedaron atrás es más fuerte que el tiempo. La historia va in crescendo, lenta pero inexorablemente. Detalles en apariencia nimios son claves en la historia y es que, al fin y al cabo, la vida es una sucesión de detalles y un suceso sin aparente importancia puede decidir el rumbo de toda una existencia.
Según Campanella, "hay que cerrar las heridas, porque el pasado tiende a volver. No es bueno no mirar atrás." La mezcla de comedia y drama con tintes policiacos y de suspense le ha salido redonda. El poder lleva con frecuencia a la corrupción y a la injusticia. No faltan las críticas al sistema judicial (será que es un mal endémico en todos los países), pero al parecer la gente que trabaja en los tribunales argentinos está contenta con la película.
Me encanta quedarme en la sala hasta que se queda vacía y se encienden las luces. Leo los títulos de crédito y si me voy con la sensación de felicidad de ayer creo que no hay mejor manera de olvidar los problemas y afanes de la semana. El secreto de sus ojos es sobria y lírica, verosímil y dura, emotiva y poderosa. Conmueve e inquieta por lo que cuenta y por cómo lo cuenta. Resucitan los horrores, los viejos enigmas siguen produciendo desasosiego. Tras largos años, ¿qué queda? ¿Cómo los ha vivido ese hombre tan prematura y trágicamente viudo? ¿Cómo se llena el vacío y se atenúa el dolor? ¿Cómo se olvida la injusticia? ¿Cómo se afrontan el miedo, el deseo, la duda, la rabia de la impotencia?
No importa que no haya recibido un merecido premio esta vez, estoy segura de que va a tener el éxito que merece. Ya lo está teniendo en Argentina y espero que aquí sea igual. El buen cine reina en las personas sensibles que saben apreciar una bella obra.
Feliz semana a todos.

sábado, 19 de septiembre de 2009

MALDITOS BASTARDOS

Cuando decido ver una película muy promocionada siempre voy con cierta cautela. Fama no quiere decir calidad, ni siquiera buenos actores y grandes directores garantizan un resultado apreciable. Llevaba meses leyendo y oyendo noticias sobre Malditos Bastardos y tenía ganas de verla, pero con cierta prevención. Quentin Tarantino tiene un público incondicional que aplaude cuanto hace y es todo un icono del cine actual sin haber rodado muchas películas. Yo no soy seguidora suya especialmente, pero aprecio su talento. Me gustó Pulp Fiction pese a sus excesos pero no las dos de Kill Bill. Malditos Bastardos me ha encantado. No es una película bonita, desde luego, pero es una gran película. Es irónica, cruel, intrigante, magnética. Sus imágenes tienen una gran fuerza y los diálogos, muy trabajados, son magistrales. Algunos críticos han destripado elementos fundamentales que deben sorprender sin estar sobre aviso, así que cuidado con lo que leéis. Lo básico sí se puede contar: ocho judíos americanos al mando del teniente Aldo Raine (estupendo Brad Pitt, aquí incluso afeado pero siempre buen actor) tienen como misión en la Francia ocupada matar a cuantos nazis encuentren y arrancar sus cabelleras, arranque que recuerda a la mítica Doce del patíbulo. La escena inicial, sin embargo, es de antología. En ella se presenta al coronel Landa, un nazi inteligente, políglota y cruel magistralmente interpretado por Christoph Waltz, que recibió con total merecimiento el premio al mejor actor en Cannes, si mal no recuerdo. Cuando aparece en pantalla la llena por completo, es el auténtico protagonista. Resulta irresistiblemente atractivo con sus suaves modales, aunque sabes que es un implacable cazador de judíos.
Hay otros rostros conocidos: Diane Kruger (Troya), Daniel Brühl (Good Bye, Lenin), entre otros que resultan familiares sin saber sus nombres. Todos son estupendos y cumplen perfectamente con su papel.
Tarantino sabe crear tensión con aparente naturalidad. Sabes que va a pasar algo grande, pero no sabes qué ni cuándo. La violencia estalla de repente, es el sello de la casa. Hay largas escenas de final imprevisible llenas de emoción. Evidentemente, en una película de guerra ha de haber violencia, sangre y muerte, pero Malditos Bastardos no es una película de guerra al uso ni una película histórica, todo lo contrario, aunque sí contiene escenas desagradables (inevitables en Tarantino ). Tiene elementos reales, por supuesto, pero es la visión y la fantasía de Tarantino sobre la Segunda Guerra Mundial, no un libro de historia. Ojalá hubiera sido así, y no os cuento más.
Tarantino hace un homenaje al cine en toda regla. Ignoro si ésta es la versión que quería fuera definitiva, pues al parecer las prisas por llegar a Cannes influyeron negativamente en el resultado. No quise perderme detalle de la película, me sigue maravillando el arte de convertir en imágenes una historia, el poder de expresar en un primer plano todo un caudal de emociones. Los giros inesperados son lo mejor de la historia. Me gustó de principio a fin y por lo que oí a mi alrededor (el cine estaba prácticamente lleno, salvo las primeras filas) era la opinión general. Creo que no va a dejar indiferente a nadie, es una película intensa y dramática llena de detalles memorables. Tiene momentos paródicos y otros francamente excesivos, pero todo invita a la reflexión. Ya se ha escrito mucho sobre Hitler, el nazismo, la guerra, la persecución de los judíos y sus consecuencias y, sin embargo, quizá no sea suficiente. Ciertos episodios de la Historia no deben ser olvidados, aunque sea tergiversando la verdad en una manifestación artística.
Tarantino sabe elegir a los actores y, según cuentan, sus rodajes son todo lo contrario al aburrimiento. No sé si alguno le llama "genio", pero creo que no le importa en absoluto. Todavía recuerdo el último episodio de una temporada de CSI Las Vegas dirigido por él, sencillamente fantástico. Es un creador con un estilo muy personal, algo nada frecuente en una época en la que manda el mercado y se supone que hay que dar al público lo que le gusta o lo que demanda, aunque a veces los resultados en taquilla demuestran lo contrario. Creo que Malditos Bastardos tendrá bastante éxito. Se lo merece.
Si os gusta, os recomiendo el número de este mes de Cinemanía. Contiene un largo reportaje sobre la película lleno de jugosos detalles.
Supongo que no por casualidad emitieron anoche en Telemadrid Banderas de nuestros padres, la visión de Clint Eastwood sobre el famoso episodio de la bandera izada en Iwo Jima, desmitificadora y dura, nada complaciente con el patrioterismo al que nos tienen acostumbrados los americanos. Me gustó más aún Cartas desde Iwo Jima, que mostraba el lado humano de los japoneses y era todo un alegato contra la guerra. Clint Eastwood no tiene nada que ver con Tarantino : éste es rompedor, aquél más clásico, pero ambos saben demostrar su amor al cine. Respeto a cuantos saben poner en pie una buena historia y agradezco que me hagan pensar y disfrutar no sólo durante la proyección, sino también transcurrido el tiempo, señal de que su obra es perdurable y merece la pena.
Feliz semana a todos.

domingo, 13 de septiembre de 2009

GORDOS

Me gusta ver cine español, a pesar de las malas críticas que suele cosechar. Siempre está en crisis, muchos arremeten contra sus actores, directores o productores por ser unos pedigüeños y, salvo excepciones, parece un cine de segunda o tercera, siempre a la sombra de las grandes producciones (no necesariamente mejores) que acaparan las salas gracias a unos grandes presupuestos y unas promociones que ya quisiéramos por estos pagos. Es cierto que no todas las películas españolas son buenas, ni siquiera estimables. De las rodadas en un año, apenas se estrenan una pequeña parte. ¿Qué pasa con el resto? ¿Por qué no se concentran en unas cuantas todos los recursos? Es una utopía, lo sé. Alguien dirá que los creadores tienen derecho a llevar a cabo sus proyectos, es cierto, pero los resultados son con frecuencia lamentables. En España hay muy buenos actores y grandes directores. ¿Por qué no hay más buenas películas? No sé si es problema de guionistas, de egos desmesurados o de productores miedosos y rácanos. Hablo como espectadora, ignorante de lo que supone rodar una película. Y como espectadora puedo juzgar si es buena o no, o, al menos, si me interesa, me conmueve o me divierte. Soy un tanto exigente, por supuesto. El cine no es barato y no me gusta que me tomen el pelo. Sin embargo, quizá por mi predisposición inicial, suelo salir satisfecha de la sala. Sé de antemano más o menos lo que voy a ver y lo que puedo esperar, por eso no me llevo grandes desilusiones. Agradezco un producto bien hecho en cuanto a la factura técnica al menos, digno, medianamente creíble, entretenido y capaz de provocarme ideas y pensamientos.
Gordos es una película estimable, aunque no redonda. Cuenta la historia de unas personas que acuden a un grupo de terapia para afrontar su gordura, no necesariamente para adelgazar. Cada uno tiene una motivación y una vida muy particulares. Al ser una historia coral toca varios temas sin profundizar demasiado en ninguno, pero me gustó bastante. Cuenta lo bastante de cada uno para interesar y deja libre al espectador para sacar sus conclusiones. Este tipo de películas son testimoniales, un mosaico multicolor y polimorfo para mostrar matices muy diferentes de un msimo tema. La obesidad esconde frustraciones, miedos, inseguridades, pero al mismo tiempo esas personas tienen sueños, ideales, valores, capacidades y deseos oscurecidos o tapados por su gordura. Unos adelgazan y otros no, pero eso es lo de menos. Hay sexo, religión, inteligencia, dudas, certezas, incomprensión, ternura, engaños, sinceridad... Quizá demasiado para algunos, según he leído. A mí me gusta esa variedad, pasar de una historia a otra con naturalidad. Cada uno es un mundo. Hay quien no soporta el exceso de kilos en sí mismo ni en los demás, o quien lo utiliza para fines casi inconfesables, o quien lo soporta con dolor porque supone rechazo social. Se ha hablado tanto de la importancia de la imagen en el mundo actual que no merece la pena ahondar en el tema. Es un problema para muchos, real o imaginario. Los kilos importan según nuestra apreciación particular, independientemente de su relación con la salud. No me gusta la gente obsesionada por su aspecto exterior, por evitar a toda costa ganar unos kilos o perder su aspecto juvenil, los adictos al ejercicio físico hasta extremos casi enfermizos. Suelen arrastrar grandes conflictos internos, complejos, inseguridades, tiranías más o menos ocultas y una gran superficialidad.
En la película hay una adolescente que debe soportar las bromas de sus compañeros por su obesidad. Es un problema muy frecuente, como bien sabemos los docentes, como lo es el alarmante crecimiento de la obesidad entre los jóvenes. La chica es muy inteligente, pero gorda, y su propio hermano la zahiere constantemente por ello.
Una pareja está metida en un grupo religioso cuya doctrina mediatiza su relación, especialmente la sexual. Otro es un homosexual quizá demasiado exagerado, interpretado por Antonio de la Torre, que debió engordar más de treinta kilos para adelgazarlos después por exigencias de guión (esta vez es cierto). El propio terapeuta tiene una vida de pareja conflictiva, no sabe aplicarse sus popias teorías (caso frecuente, como bien sabemos). En fin, historias variadas, tragicómicas, realistas. Algunos habrían preferido no mezclar el drama y la comedia (el director dice que es una "dramedia"), pero yo creo que así resulta más natural. Según él, "lo que les engorda de verdad son todas las cosas que les pasan y que no saben cómo digerir. La obesidad sólo es una metáfora para hablar de esas cosas que nos tragamos día tras día, que van creciendo en nuestro interior y que tanto nos cuesta expresar, atender o incluso asumir." "Creamos un carácter que nos ayuda a sobrevivir y que en la mayoría de los casos va en contra de nuestra propia libertad". "Estamos acostumbrados a actuar todo el día". Dice que quiere contar las historias a su modo, historias que perduren en el espectador más allá de lo que dura la película. En mi caso lo ha conseguido. Yo también tengo problemas con los kilos de más, es un asunto más estético que de salud sin llegar a ser preocupante. En fin, no merece la pena dedicarles mucho espacio aquí.
Me gustó Gordos, me hizo reír, pensar, disfrutar. Los actores son estupendos (seña de identidad de nuestro cine, menos mal). Es una buena historia mezcla de otras, original y bien rodada. Os la recomiendo, a sabiendas de que no a todo el mundo le va a gustar.
Feliz semana a todos (para muchos, la primera del nuevo curso). Valor, y al toro.