Él no es malo, entiéndelo. Sólo necesita mucho cariño. Sí, ya sé que tiene un modo muy raro de demostrarlo, pero, qué quieres, yo soy así. ¿Es que tú nunca has estado enamorada, Inés? ¿Y has puesto condiciones alguna vez? Entonces eso no es amor. No pongas esa cara, tú eres tan racional que no comprendo cómo puedes llevar tantos años con Alberto, que se desvive por ti, y tú sólo piensas en que su sueldo y el tuyo juntos os dan para pagar la hipoteca, tener dos coches y marcharos de vacaciones un par de veces al año. Vale, eso es importante, sí, pero no lo es todo. Ay, Inés, si tú supieras... ¿Que te lo cuente? ¿Y qué más quieres saber? Cada vez que te hablo de Juan pones mala cara y empiezas a reñirme. ¿Que no me riñes? Bueno, quizá no sea ésa tu intención, pero lo haces, por eso no te cuento más cosas. Me dices que tengo ojos de cordero degollado. ¿De dónde sacas esas comparaciones? Yo no estoy degollada, quizá un poco triste, pero el amor no es un camino de rosas. Qué le voy a hacer, cuando me llama y me dice "Ven" no puedo hacer otra cosa. ¿Que no vaya? ¿Y quedarme pensando qué hará y qué no hará, con quién andará, qué comerá, si es que come? ¿Que ya es mayorcito para comer solo? Tú no lo entiendes. No te rías o me iré. Ya sé que no te estás burlando, que eres mi amiga y que sólo a ti puedo contarte todo esto. No puedo decírselo a nadie más. Una vez leí que las relaciones extremas y difíciles son las que más enganchan, pero yo no me siento enganchada por eso. Tú crees que me gusta sufrir, y que por eso estoy tan colgada de Juan, pero no es eso. Uno no elige el amor, es el amor quien nos elige, y a mí me ha tocado éste, que no es tan malo como tú piensas. ¿Que te lo demuestre? ¿Y cómo se demuestra el amor si no eres tú quien lo siente? Tú no puedes entender lo que siento cuando se abraza a mí llorando a veces cuando llego, parece un crío, con lo alto y fuerte que es. Luego se le pasa y empieza a contarme mil cosas, todo lo que ha hecho, con quién ha estado, cuántos temas lleva ya estudiados... Es que tú no sabes lo duras que son esas oposiciones, si no se desahoga conmigo, ¿con quién va a hacerlo? ¿Quién va a ayudarle mejor que yo? No, no me estoy engañando, yo sé que me necesita tanto como yo a él, aunque seamos una pareja tan poco convencional. ¿Que no somos una pareja? ¿Y qué somos entonces? No, no estoy loca. ¿Por qué me dices eso? Qué sabrás tú... Perdona, sé que lo sabes, no quería decir eso. Es que somos muy distintas. Yo soy capaz de estar horas enteras viendo cómo estudia Juan, casi sin hacer nada, ni limpiar, por no hacer ruido que le moleste. Muchas mujeres han sacrificado su carrera y su vida por ayudar a sus maridos si eran importantes y necesitaban todo su apoyo. ¿Que son machistas? Qué cosas tienes. Y yo no lo soy tampoco, ni Juan, sólo es... especial. Mira, anoche preparó él la cena. No seas tan sarcástica, lo hace más veces. ¿Pero por qué te empeñas en ver sólo lo negativo? ¿Acaso tú estás siempre como unas castañuelas? Pues yo tampoco. ¿Que qué pasó hace tres días? Ah, eso... Bueno, fue una noche especial. No me hagas repetírtelo. Cuando llegué él estaba fatal. Sin decirme nada me arrastró hasta la cama. Hacía mucho que no le veía tan... eufórico. ¿Que si fue violento? No, qué va. Bueno, tampoco fue muy mimoso que digamos, pero yo ya estoy acostumbrada a sus desahogos. Hicimos el amor (a él no le gusta que lo diga así, es mucho más claro, no sabes qué cosas dice cuando está excitado, pero yo todavía me pongo colorada, no te rías) y luego... Luego me dijo que necesitaba estar solo y me fui a dormir al sofá. Me eché a llorar, claro, pero no insistí. Me levanté un par de veces para ver cómo estaba y allí seguía, durmiendo como un bebé. ¿Que por qué no le desperté a bofetadas? Pero qué bruta eres. Cuando conseguí dormirme ya era casi de día. A eso de las ocho se levantó, me dio un beso, me acarició la mejilla y me dijo que tenía que irse, que yo hiciera lo que quisiera y que ya me llamaría. Sí, como siempre, aunque te enfade tanto saberlo. ¿Que hasta cuándo voy a aguantar así? ¿Sabes tú cuánto tiempo vas a querer a Alberto? El amor no e suna inversión a plazo fijo, o te lo trabajas día a día o lo pierdes, y yo lucho por él cada hora, cada minuto. Porque yo le quiero, ¿sabes? Yo le quiero.jueves, 25 de noviembre de 2010
ÉL NO ES MALO
Él no es malo, entiéndelo. Sólo necesita mucho cariño. Sí, ya sé que tiene un modo muy raro de demostrarlo, pero, qué quieres, yo soy así. ¿Es que tú nunca has estado enamorada, Inés? ¿Y has puesto condiciones alguna vez? Entonces eso no es amor. No pongas esa cara, tú eres tan racional que no comprendo cómo puedes llevar tantos años con Alberto, que se desvive por ti, y tú sólo piensas en que su sueldo y el tuyo juntos os dan para pagar la hipoteca, tener dos coches y marcharos de vacaciones un par de veces al año. Vale, eso es importante, sí, pero no lo es todo. Ay, Inés, si tú supieras... ¿Que te lo cuente? ¿Y qué más quieres saber? Cada vez que te hablo de Juan pones mala cara y empiezas a reñirme. ¿Que no me riñes? Bueno, quizá no sea ésa tu intención, pero lo haces, por eso no te cuento más cosas. Me dices que tengo ojos de cordero degollado. ¿De dónde sacas esas comparaciones? Yo no estoy degollada, quizá un poco triste, pero el amor no es un camino de rosas. Qué le voy a hacer, cuando me llama y me dice "Ven" no puedo hacer otra cosa. ¿Que no vaya? ¿Y quedarme pensando qué hará y qué no hará, con quién andará, qué comerá, si es que come? ¿Que ya es mayorcito para comer solo? Tú no lo entiendes. No te rías o me iré. Ya sé que no te estás burlando, que eres mi amiga y que sólo a ti puedo contarte todo esto. No puedo decírselo a nadie más. Una vez leí que las relaciones extremas y difíciles son las que más enganchan, pero yo no me siento enganchada por eso. Tú crees que me gusta sufrir, y que por eso estoy tan colgada de Juan, pero no es eso. Uno no elige el amor, es el amor quien nos elige, y a mí me ha tocado éste, que no es tan malo como tú piensas. ¿Que te lo demuestre? ¿Y cómo se demuestra el amor si no eres tú quien lo siente? Tú no puedes entender lo que siento cuando se abraza a mí llorando a veces cuando llego, parece un crío, con lo alto y fuerte que es. Luego se le pasa y empieza a contarme mil cosas, todo lo que ha hecho, con quién ha estado, cuántos temas lleva ya estudiados... Es que tú no sabes lo duras que son esas oposiciones, si no se desahoga conmigo, ¿con quién va a hacerlo? ¿Quién va a ayudarle mejor que yo? No, no me estoy engañando, yo sé que me necesita tanto como yo a él, aunque seamos una pareja tan poco convencional. ¿Que no somos una pareja? ¿Y qué somos entonces? No, no estoy loca. ¿Por qué me dices eso? Qué sabrás tú... Perdona, sé que lo sabes, no quería decir eso. Es que somos muy distintas. Yo soy capaz de estar horas enteras viendo cómo estudia Juan, casi sin hacer nada, ni limpiar, por no hacer ruido que le moleste. Muchas mujeres han sacrificado su carrera y su vida por ayudar a sus maridos si eran importantes y necesitaban todo su apoyo. ¿Que son machistas? Qué cosas tienes. Y yo no lo soy tampoco, ni Juan, sólo es... especial. Mira, anoche preparó él la cena. No seas tan sarcástica, lo hace más veces. ¿Pero por qué te empeñas en ver sólo lo negativo? ¿Acaso tú estás siempre como unas castañuelas? Pues yo tampoco. ¿Que qué pasó hace tres días? Ah, eso... Bueno, fue una noche especial. No me hagas repetírtelo. Cuando llegué él estaba fatal. Sin decirme nada me arrastró hasta la cama. Hacía mucho que no le veía tan... eufórico. ¿Que si fue violento? No, qué va. Bueno, tampoco fue muy mimoso que digamos, pero yo ya estoy acostumbrada a sus desahogos. Hicimos el amor (a él no le gusta que lo diga así, es mucho más claro, no sabes qué cosas dice cuando está excitado, pero yo todavía me pongo colorada, no te rías) y luego... Luego me dijo que necesitaba estar solo y me fui a dormir al sofá. Me eché a llorar, claro, pero no insistí. Me levanté un par de veces para ver cómo estaba y allí seguía, durmiendo como un bebé. ¿Que por qué no le desperté a bofetadas? Pero qué bruta eres. Cuando conseguí dormirme ya era casi de día. A eso de las ocho se levantó, me dio un beso, me acarició la mejilla y me dijo que tenía que irse, que yo hiciera lo que quisiera y que ya me llamaría. Sí, como siempre, aunque te enfade tanto saberlo. ¿Que hasta cuándo voy a aguantar así? ¿Sabes tú cuánto tiempo vas a querer a Alberto? El amor no e suna inversión a plazo fijo, o te lo trabajas día a día o lo pierdes, y yo lucho por él cada hora, cada minuto. Porque yo le quiero, ¿sabes? Yo le quiero.lunes, 8 de noviembre de 2010
UN LUNES CUALQUIERA

Lunes, ocho menos cuarto de la mañana. Suena el despertador. Sé que si no me levanto enseguida llegaré tarde, pero me vence la pereza. Me preparo el desayuno, recojo el periódico y el pan. Echo un vistazo a las noticias, que también suenan en la radio. Ecos y repercusiones de la visita del Papa (siempre la misma cantinela, con la Iglesia no puede ni Dios) y las mismas cansinas tertulias, la corrupción que no cesa, la crisis interminable, los ataques de unos contra otros repetidos, monótonos, vergonzosos, la gente normal y corriente harta de tanta ineptitud, de tanta mentira. Me ducho deprisa, me arreglo y salgo pitando, como siempre. Hoy hace frío, más de lo previsto. Nos habíamos acostumbrado a la primavera en otoño y el cielo gris nos recuerda que ya estamos en noviembre.

La tarde es aún más fría y ventosa. Llego a casa casi a las seis, con ganas de descansar un poco, pero apenas me siento suena el teléfono. Maldita publicidad no solicitada, qué manía de soltar como una ametralladora ofertas ininteligibles. A veces cuelgo sin más, lo siento, sé que es una grosería pero no tengo tiempo ni ganas de discutir con alguien que sólo sabe recitar a piñón fijo unas consignas absurdas.
Luego me toca ir a comprar, horror, y recoger la cocina, hacer la cena... Mientras escribo veo a medias Syriana, que ya vi en cine, muy compleja y desmoralizadora, terriblemente realista. Qué mundo tan enrevesado, movido por la avaricia, los intereses cruzados, el ansia de poder. Menos mal que anuncian para el miércoles Irma la Dulce, una deliciosa comedia del genial Billy Wilder con una maravillosa Shirley McLaine en todo su esplendor y un magnífico Jack Lemmon. Es una de esas películas que siempre agrada volver a ver.
Así empieza mi semana, que preveo atareada, como todas. Martes y jueves, Pilates; sesión con el fisio también el jueves; el miércoles, presentación en Majadahonda del libro Querida Maestra, de mi entrañable colega Julia Resina. No pienso faltar. El viernes, por fin empieza un poco de respiro. Iré al cine, supongo. Últimamente he visto The Town y Caza a la espía, bastante recomendables ambas, más entretenida la primera. Ben Affleck ya va siendo un buen actor y mejor director además de seguir siendo guapo y Naomi Watts y Sean Penn son grandes figuras reconocidas por todos. domingo, 24 de octubre de 2010
LA VIDA SIGUE... PERO NO IGUAL
Después de más de un mes alejada casi por completo de la blogosfera (perdón por haberos hecho tan poco caso) al fin puedo sentarme a escribir. No tengo muy claro qué voy a decir. Tiendo al exceso, quiero contar mucho sin pararme demasiado en casi nada, y ha sido un mes tan intenso que resulta difícil seleccionar algo reseñable que se pueda contar, porque lo íntimo, lo particular, es demasiado doloroso y no es cuestión de pregonarlo en plan plañidero. La vida sigue, sí, pero no igual. El duelo es inevitable y hay que pasarlo, de un modo u otro. A la muerte de mi hermano siguieron unos días intensos y muy emotivos. Acudieron familiares y amigos, muchos, sinceramente apenados, para apoyarnos a todos, sobre todo a mi cuñada y a mis sobrinos. Decidieron llevar sus cenizas algún día a El Aaiún, donde pasamos buena parte de nuestra infancia y adolescencia. Descansa en paz, querido hermano Emilio.
Judy Garland tenía una voz sensacional, pero su vida no fue precisamente un cuento de hadas. Siempre me emociona escuchar Over the rainbow y suelo llorar viendo la película. He leído el libro, pero no es lo mismo. Por una vez he de decir que la película es fantástica y supera al original escrito. Claro que Victor Fleming, el director (aunque hubo cuatro, creo) era un genio y sabía muy bien cómo manejar una cámara y cómo dirigir a los actores, aunque se tratara de un cuento infantil de aparente intrascedencia.
Por cierto, Cantando bajo la lluvia contiene varias anécdotas curiosas: Gene Kelly era bastante déspota, al parecer, y consideraba a Donald O´Connor un simple secundario hasta que le vio bailar en la escena Make them laugh y tuvo que rectificar. No quería a Debbie Reynolds porque la veía inexperta y no le gustaba cómo bailaba, pero Fred Astaire le dio unas lecciones y ya se ve que era un gran maestro. La famosa escena bajo la lluvia no es tal, sino una mezcla de agua salada y leche para hacer visibles las gotas en la pantalla. Gene Kelly la rodó con bastante fiebre y de un tirón, ahí es nada.
Y West Side Story, ah, qué bonita, con ese vigoroso baile juvenil en plena calle, qué gran comienzo para una película intensa y bellísima. Pocas veces estuvo tan guapa Natalie Wood, otra gran actriz marcada por la tragedia. El cine es, en realidad, una gran mentira, pero tan hermosa, tan bien hecha que la trastienda de los rodajes y las historias de sus protagonistas se cuentan como curiosidad y no como explicación. 
Todo lo anterior no tiene nada que ver, al menos directamente, con Carancho, el último trabajo del gran Ricardo Darín. Es una historia oscura (transcurre casi totalmente de noche), amarga, intensa. El mundo sórdido que rodea a los accidentes de tráfico, las víctimas y las aseguradoras está perfectamente descrito en unas imágenes poderosas a través de unos personajes al límite de la vida y de la ejemplaridad, honestos a su estilo y abocados a un destino trágico. El amor parece una tabla de salvación momentánea, pero no hay romanticismo ni dulzura. Ricardo Darín, de apariencia tan corriente (quizá por eso resulta tan creíble, tan cercano) borda un papel difícil con unos registros que recuerdan a Bogart incluso, o a Robert Mitchum en esas historias de cine negro con antihéroes capaces de levantarse, orgullosos, tras sufrir una paliza a manos de mafiosos sin escrúpulos. El final es impactante. No os cuento más, pero id a verla, es buenísima.
Buried (Enterrado) está cosechando un merecido éxito. Hay que ser un genio para rodar una historia de hora y media con un solo actor (magnífico Ryan Reynolds, tiene unos registros increíbles) encerrado en un ataúd con la única posibilidad de salvación de un móvil y un mechero. Os aseguro que la tensión no decae ni un momento, al contrario, va in crescendo y sin ningún esfuerzo te metes en la piel del sufrido raptado, intentando con desesperación contactar con alguien que pueda sacarle de allí. Ha sido secuestrado por unos iraquíes que piden un rescate por él, por lo que hay críticas a la guerra y a la actuación de EEUU, pero, sobre todo, hay impotencia y rabia ante una situación injusta. Él es un "daño colateral", alguien que pasaba por allí y se ve envuelto en la peor situación de su vida. Casi nadie de los que consigue encontrar al otro lado del teléfono le cree realmente, responden con incredulidad unos y frialdad otros a su llamada angustiosa. Sus peticiones de auxilio parecen flotar en el vacío, lo que yo interpreto, más allá de la situación descrita, como una seña de identidad de nuestro tiempo: estamos a la vez conectados e incomunicados, aislados con nuestro móvil o similar, con cientos de amigos ficticios pero solos en realidad, pendientes de una pantalla iluminada pero pocas veces amistosa realmente. Paul Conroy, el enterrado en vida (una de las peores pesadillas), sólo dispone de 90 minutos para conseguir salir de allí. Resulta absurdo que en esas condiciones alguien le pida su número de le Seguridad Social, por ejemplo, o que le despidan por un motivo estúpido. Es una metáfora de la vida actual, como lo fue la genial La cabina en su tiempo. El director, un increíblemente joven Rodrigo Cortés, se acerca al Hitchcock de Naúfragos, por ejemplo. De él dijo alguien que era el único director capaz de filmar una película en un ascensor. Cortés lo ha hecho en un espacio aún más limitado y claustrofóbico, lleno de connotaciones macabras. Dice que su intención es que el espectador salga con el cuerpo dolorido por la tensión, y en mi caso lo consiguió en parte. Claro, todo depende de hasta qué punto te impliques en la historia, será que yo soy muy impresionable... Como curiosidad, en YouTube hay un corto español de hace unos años con el mismo tema, pero de resultados mucho más discretos. Se titula El columbario, por si queréis buscarlo.martes, 14 de septiembre de 2010
QUERIDA MAESTRA
Hoy ha salido a la venta el libro Querida maestra (La Esfera de los Libros) de mi entrañable colega Julia Resina, jubilada hace un año. A raíz de su jubilación una antigua alumna envió una preciosa carta de agradecimiento a El País. Yo la leí y me puse en contacto con ella. Por una feliz coincidencia, los últimos años en el "Antonio Machado" de Majadahonda compartió docencia con Silvia y Arancha, que habían estado conmigo en mi actual destino. Así me enteré de los actos de su despedida y de la "encerrona" que le prepararon una calurosa tarde de junio en una plaza: con la complicidad de unos cuantos (su marido entre ellos) se dieron cita antiguos alumnos y padres que la llenaron de besos y abrazos en una auténtica ducha de cariño. Días más tarde Gemma Nierga la entrevistó en La Ventana y poco después llegó la oferta de la editorial para escribir sus recuerdos tras cuarenta años de magisterio ejemplar, entusiasta y entregado. Hoy el libro es una realidad y Julia está feliz. Anteayer el suplemento Magazine de El Mundo publicó un emotivo artículo sobre ella, su obra, sus alumnos, sus recuerdos, su "secreto" para ser una auténtica maestra feliz y maravillosa, su vida... Si tenéis ocasión de leerlo, no os lo perdáis.domingo, 5 de septiembre de 2010
LA MARGARITA Y LA ABEJA
Cada año pensamos en un motivo artístico para recibir a los alumnos. Hemos hecho globos, cometas, mariposas... Esta vez mi estupenda colega Mercedes ha ideado una margarita en cuyo centro escribiremos los nombres de los alumnos de cada clase. Yo me encargo de la parte literaria, dentro de mis modestas posibilidades. Ésta es la composición de este curso. Espero que os guste.
LA MARGARITA Y LA ABEJA
Una abeja despistada
en la tarde calurosa
volaba sin rumbo fijo
buscando una buena sombra.
"¡Esto no hay quien lo aguante!
¿Dónde quedará la playa?
Voy a ver si me doy prisa
y cojo bañador y toalla.
Todo arde, todo quema.
Como todos los bañistas
quiero poder refrescarme
y mojarme las alitas".
Nada rompía el silencio,
el campo se adormecía
y la abeja juguetona
contenta sonreía.
Vio prados verdes,
juncos en las riberas,
la jara y el tomillo,
los pinos y las choperas.
Entre las flores dormidas
una llamó su atención:
redonda, discreta,
limpia, con blanco color.
"¡Hola!"- le dijo la flor.
¿Me haces compañía?
Quédate conmigo,
estoy tan solita..."
La abeja paró en seco,
atraída por su candor,
y la margarita, coqueta,
sus pétalos agitó.
"¿A que soy bonita?
Sin a nadie molestar
adorno cualquier rincón
y muchos me deshojan
buscando un sí o un no."
La abejita, fascinada,
sobre ella se posó.
"Pronto vendrán muchos niños
porque el curso comenzó.
Escucha, tengo una idea:
escribe todos sus nombres
aquí en mi corazón.
Tú puedes hacerlo,
tienes afilado aguijón,
y se pondrán tan contentos
viéndose en mi botón."
Y en el gran centro amarillo
aparecieron las letras:
Adela, Alberto, Lorenzo,
Álvaro, Irene, Cristina,
Carlos, Víctor, Natalia,
Edgar, Rodrigo, Marina...
Cuando llegaron los niños
se acabó toda la calma,
empezaron las tareas,
cobraron vida las aulas.
Abrieron libros y cuadernos,
los ojos bien despiertos,
la curiosidad muy viva,
escucharon a los maestros.
Lleno de gran actividad
un nuevo curso empezó,
con alegría, con fuerza,
con una abejita y una flor.
martes, 31 de agosto de 2010
EL MAR, SIEMPRE EL MAR, Y MUCHO MÁS
Acabó el verano, snif... Adiós a la ausencia de horarios, de prisas, de obligaciones... En vacaciones puedes levantarte cuando se te antoje, desayunar con deleite, vestir con ligereza y despreocupación... Yo suelo pasar el mes de agosto en San Sebastián, como he comentado en alguna ocasión. Voy con mi marido a un piso estupendo cerca de Ondarreta y disfrutamos de largos paseos, baños en la playa si el tiempo lo permite, degustación de los mil placeres culinarios que ofrece esa tierra, contemplamos los fuegos artificiales en la Semana Grande, asistimos a espectáculos (muchos gratuitos y de calidad), a veces quedamos con amigos o familiares... Es un mes relajado y tranquilo. Yo me levanto tarde, desayuno con calma y si hace bueno voy a la playa; si no, doy un paseo de todos modos, compro algo (todo allí es una tentación: qué fruterías, qué mercados, qué panaderías...) y cuando vuelvo mi marido me espera con la comida hecha y la mesa puesta. Cocina de fábula, es muy imaginativo y dice que le relaja hacerlo. Luego me echo la siesta, leo algo, hago crucigramas... Una delicia, vamos.
San Sebastián (Donostia para ellos) es una ciudad preciosa, limpia, cuidada, llena de espacios amplios, abierta al mar, con cantidad de bellos rincones para pasear y descubrir: el palacio de Miramar, el de Aiete, los montes Igueldo, Urgull y Ulía, los paseos (el más famoso es el de La Concha, pero no el único), el Casco Viejo, todo un clásico, con unas barras a rebosar de deliciosos pinchos, el Peine del Viento, el Kursaal, un espacio maravilloso y muy bien aprovechado, cantidad de miradores para quedarte horas viendo las olas, inacabables... Vayas donde vayas encontrarás motivos para alegrarte de haber ido. La gente de allá ama su tierra y sus tradiciones, y, digan lo que digan algunos, son amables, educados y atentos con el visitante. La tradición manda tomar un delicioso helado antes o después de los fuegos y tomar parte en la verbenas, conciertos o espectáculos que se ofrecen en numerosas plazas y calles, animadísimas durante las fiestas. Todo tiene un aire diferente, señorial, nada chabacano. La gente viste muy bien y disfruta con lo que ve. Abundan los komunak, los servicios públicos, algo muy de agradecer, y, salvo excepciones, están limpios y muy presentables. Me pareció curioso que en una gasolinera lo dijeran tan claro: "Entre, está limpio". ¡Y lo estaba!
Las carreras de traineras, todo un espectáculo, gozan de gran tradición y numeroso público las admira y aplaude. Nacieron de la competitividad entre los pescadores por ver quién llegaba antes a la playa para obtener el mejor precio por las capturas y, según cuentan, una vez, hace años, el pueblo de Orio se arruinó casi en su totalidad porque apostó muchísimo por su trainera (su color es el amarillo) y perdieron. La bandera más codiciada es la de La Concha, que se disputa en los primeros días de septiembre, pero la competición se gana tras varias carreras muy disputadas.
Se pueden hacer cantidad de excursiones por los numerosos parque naturales que salpican todo el País Vasco, como el de Pagoeta, pero nosotros hemos ido un par de veces a La Rhune, en territorio francés, que dispone de un tren de cremallera coqueto y curioso que te lleva a unos 9oo metros para disfrutar de una vista única, sensacional. Allá arriba te sientes en la cima del mundo, si el día está despejado ves desde San Sebastián hasta Las Landas o más y se aprecia perfectamente la curvatura de la Tierra. Muchos suben o bajan andando, tanto por el lado francés como por el navarro, ya que parte de la cumbre pertenece a Vera de Bidasoa. Una línea amarilla marca la frontera entre España y Francia. Lo normal es subir y bajar en el tren, un paseo lento (el tren va a unos 8 km/h), pero los más osados hacen unos de los dos trayectos andando. Nosotros bajamos andando el año pasado, y todavía me parece increíble haberlo hecho. No es excesivamente largo, pero sí algo peligroso porque es una continua bajada con tramos bastante complicados. Se puede hacer por el lado navarro (mi marido lo ha hecho este año) pero es incluso más difícil, pues el sendero es de gravilla suelta y se resbala mucho. En cualquier caso, si hace buen día hay mucha gente y hay que echarle paciencia para sacar los billetes, pero el paseo por la cumbre y las vistas merecen sobradamente la pena. Eso sí, mejor llevarse los bocadillos de casa porque los establecimientos de allá no son nada baratos. Nosotros este año fuimos con unos amigos y entre los bocadillos que había preparado mi marido, queso, lomo, chorizo y ensalada comimos como en el mejor de los restaurantes, sentados en las rocas y viendo el inmenso Cantábrico a lo lejos. Un día inolvidable, sin duda.
Qué más puedo deciros... En Zarautz degustamos un delicioso bonito a la parrilla, muy típico de allí, antes de iniciar el paseo hasta Guetaria junto al mar. Es una buena caminata, pero fácil y preciosa.
Pude incluso ir al teatro un par de veces. Por fin vi "Monólogos de la vagina", que me encantó. Aparte de momentos divertidos, gracias a tres actrices fantásticas, hace pensar. Os la recomiendo si se os pone a tiro. Otro día pude ver al gran Paco Valladares en "Trampa mortal", que me decepcionó un poco al final, pero sólo por escuchar la voz de este enorme actor y contemplar su dominio del escenario ya merecía la pena.domingo, 25 de julio de 2010
DE LONDRES A AFGANISTÁN (COSAS DEL CINE)
En verano no es fácil encontrar películas atrayentes. Fui a ver la última de Shrek y me gustó, aunque no llega a la altura de las dos primeras. Sucumbí a la publicidad que rodea a Knight and day, la de Tom Cruise y Cameron Diaz, que como cine palomitero está bien si no eres muy exigente. Estupenda para los cines de verano. Entretenida, con pocas sorpresas pero eficaz. Eso sí, los puristas se tirarán de los pelos al ver unos sanfermines ambientados en Sevilla. Todo sea por el espectáculo, a Hollywood la verosimilitud nunca le ha quitado el sueño.
Totalmente distinta, por fortuna, es London River, un drama sentido pero no sensiblero que toca varios temas entrelazados. Una viuda de guerra inglesa, Elizabeth Sommers, (maravillosa Brenda Blethyn, que ya lo bordó en El jardín de la alegría, muy divertida) que cuida una granja en una isla del Canal de la Mancha debe ir a Londres cuando no puede ponerse en contacto con su hija, estudiante en Londres, tras los terribles atentados del 7 de julio de 2005. No sabe por dónde empezar porque desconoce qué hace su hija en realidad. Sólo sabe su dirección, y le asombra saber que el dueño del piso es un comerciante musulmán. Pasan los días y su hija sigue sin contestar a sus llamadas. Alguien le sugiere que ponga carteles con su foto, pues aún hay víctimas sin identificar tras los atentados. No quería pensarlo, pero debe empezar a hacerlo. Se encuentra perdida y sola en una ciudad convulsa con millones de desconocidos.
Por casualidad entra en contacto con Ousmane, musulmán africano que lleva quince años trabajando como guarda forestal en Francia. También está buscando a su hijo, a quien dejó cuando tenía seis años. Ni siquiera sabe qué aspecto tiene, si le viera no le reconocería. Es su mujer, que sigue en África, quien le ha pedido que le busque. Elizabeth al principio le mira con recelo, le parece un hombre extraño, de otra religión, de otra raza, pero las circunstancias les obligan a encontrarse una y otra vez y a compartir incluso piso porque sus hijos no sólo se conocían sino que, además, estaban enamorados, eran compañeros de clase de árabe en la mezquita, vivían juntos y tenían pasajes para ir en tren a Francia. Así, Elizabeth y Ousmane entienden que tienen mucho en común, sin saberlo. Les une la relación de sus hijos y la incertidumbre sobre lo que les pueda haber ocurrido. Buscan juntos hasta que llegan a conocer la terrible verdad.
En televisión vi Buda explotó por vergüenza, que no pude ver en cine hace dos años. Es una historia terrible sobre una niña afgana, Bakhtay, que a sus seis años desea ir a la escuela para conocer cuentos maravillosos que la ayuden a olvidar su dura realidad cotidiana. Para ello necesita un cuaderno y un lápiz, y conseguirlos es toda una odisea para ella. El cuaderno cuesta diez rupias y debe conseguirlas vendiendo huevos. Tozuda, se enfrenta a problemas inesperados para lograr su objetivo.
En la escuela no la aceptan por ser una niña, un problema añadido en Afganistán. Se encuentra con unos niños que le ponen una bolsa en la cabeza a modo de burka y simulan una lapidación porque juegan a ser talibanes, es lo que han visto y aprendido de sus mayores. Tienen a otras niñas en una cueva, retenidas por haber comido un chicle en cuyo envoltorio figuraba la foto de un futbolista o, simplemente, por tener bonitos ojos. La belleza es pecado y debe ser castigada, es la forma de pensar de los talibanes.
Los mismos niños juegan más tarde a ser americanos y ahora persiguen a Bakhtay con palos imitando armas porque la consideran terrorista. Es la historia de Afganistán en los últimos años: rusos, talibanes y americanos lo han convertido en un escenario de guerra donde todo está destruido. Quién y cómo va a ser capaz de imponer orden y cordura aún está por ver. La pequeña Bakhtay, una niña que enamora a la cámara con su mirada limpia y su aspecto frágil pero decidido, encarna la lucha de ese pueblo y especialmente de sus mujeres, condenadas por el mero hecho de serlo a la ignorancia, la invisibilidad e incluso la muerte, por no hablar de las terribles mutilaciones a manos de sus parientes (hombres, por supuesto) si han violado alguna ley, o sin llegar a hacerlo, pues basta la sospecha para lavar el honor de la familia con sangre.
Un pastor le dice: "¿Buscas la escuela? Pues sigue la luz del sol y la encontrarás. No puedes perderte". Hermosa metáfora entre tanta sinrazón. La película es dura pero poética, cargada de símbolos tras su aparente sencillez. Se muestra el machismo, el fundamentalismo, la intransigencia, lo absurdo de una situación que parece no tener salida tras tantos muertos, mutilados y refugiados. 

