domingo, 25 de julio de 2010

DE LONDRES A AFGANISTÁN (COSAS DEL CINE)

En verano no es fácil encontrar películas atrayentes. Fui a ver la última de Shrek y me gustó, aunque no llega a la altura de las dos primeras. Sucumbí a la publicidad que rodea a Knight and day, la de Tom Cruise y Cameron Diaz, que como cine palomitero está bien si no eres muy exigente. Estupenda para los cines de verano. Entretenida, con pocas sorpresas pero eficaz. Eso sí, los puristas se tirarán de los pelos al ver unos sanfermines ambientados en Sevilla. Todo sea por el espectáculo, a Hollywood la verosimilitud nunca le ha quitado el sueño.
Totalmente distinta, por fortuna, es London River, un drama sentido pero no sensiblero que toca varios temas entrelazados. Una viuda de guerra inglesa, Elizabeth Sommers, (maravillosa Brenda Blethyn, que ya lo bordó en El jardín de la alegría, muy divertida) que cuida una granja en una isla del Canal de la Mancha debe ir a Londres cuando no puede ponerse en contacto con su hija, estudiante en Londres, tras los terribles atentados del 7 de julio de 2005. No sabe por dónde empezar porque desconoce qué hace su hija en realidad. Sólo sabe su dirección, y le asombra saber que el dueño del piso es un comerciante musulmán. Pasan los días y su hija sigue sin contestar a sus llamadas. Alguien le sugiere que ponga carteles con su foto, pues aún hay víctimas sin identificar tras los atentados. No quería pensarlo, pero debe empezar a hacerlo. Se encuentra perdida y sola en una ciudad convulsa con millones de desconocidos.


Por casualidad entra en contacto con Ousmane, musulmán africano que lleva quince años trabajando como guarda forestal en Francia. También está buscando a su hijo, a quien dejó cuando tenía seis años. Ni siquiera sabe qué aspecto tiene, si le viera no le reconocería. Es su mujer, que sigue en África, quien le ha pedido que le busque. Elizabeth al principio le mira con recelo, le parece un hombre extraño, de otra religión, de otra raza, pero las circunstancias les obligan a encontrarse una y otra vez y a compartir incluso piso porque sus hijos no sólo se conocían sino que, además, estaban enamorados, eran compañeros de clase de árabe en la mezquita, vivían juntos y tenían pasajes para ir en tren a Francia. Así, Elizabeth y Ousmane entienden que tienen mucho en común, sin saberlo. Les une la relación de sus hijos y la incertidumbre sobre lo que les pueda haber ocurrido. Buscan juntos hasta que llegan a conocer la terrible verdad.
Es una hermosa película sobre las relaciones inesperadas, cómo vencer la desconfianza hacia el diferente, el dolor de las víctimas de un atentado terrorista y, lo que más me llamó la atención, lo poco que los padres sabemos sobre nuestros hijos. Ni Elizabeth ni Ousmane saben cómo viven, qué hacen ni con quién se relacionan sus hijos. ¿Lo sabemos los demás? A duras penas y sin mucho detalle, me temo.
La película no indaga en los atentados en sí, ya bastante conocidos y difundidos. Muestra algunos aspectos de la investigación para identificar a las víctimas sin ser morbosa. Es delicada y profunda, sobria y emotiva. Cuenta mucho sin recurrir a grandes aspavientos, el tipo de cine verdadero que no necesita más que un buen guión y unos intérpretes excelentes para transmitir emociones y hacer pensar. Dos desconocidos, hombre y mujer, dos personas muy diferentes, acaban descubriendo todo lo que les une. El dolor es universal, no distingue razas ni religiones, no importa dónde se haya nacido, siempre es lacerante y terrible. Las alegrías y los temores son parecidos en todas las latitudes. La película puede resumirse en la frase: "Nuestras vidas no son tan diferentes".
Brenda Blethyn podría ser el ama de casa que guarda su turno en la frutería a nuestro lado, no tiene nada destacable salvo una gran expresividad y, sobre todo, unos ojos que lo dicen todo. Sotigui Kouyaté es muy alto, muy delgado, camina muy despacio apoyado en un bastón, parece no tener nunca prisa, está resignado a vivir tan lejos de África. Obtuvo el Oso de Plata en Berlín en 2009 y falleció unos meses después.

En televisión vi Buda explotó por vergüenza, que no pude ver en cine hace dos años. Es una historia terrible sobre una niña afgana, Bakhtay, que a sus seis años desea ir a la escuela para conocer cuentos maravillosos que la ayuden a olvidar su dura realidad cotidiana. Para ello necesita un cuaderno y un lápiz, y conseguirlos es toda una odisea para ella. El cuaderno cuesta diez rupias y debe conseguirlas vendiendo huevos. Tozuda, se enfrenta a problemas inesperados para lograr su objetivo.



En la escuela no la aceptan por ser una niña, un problema añadido en Afganistán. Se encuentra con unos niños que le ponen una bolsa en la cabeza a modo de burka y simulan una lapidación porque juegan a ser talibanes, es lo que han visto y aprendido de sus mayores. Tienen a otras niñas en una cueva, retenidas por haber comido un chicle en cuyo envoltorio figuraba la foto de un futbolista o, simplemente, por tener bonitos ojos. La belleza es pecado y debe ser castigada, es la forma de pensar de los talibanes.








Los mismos niños juegan más tarde a ser americanos y ahora persiguen a Bakhtay con palos imitando armas porque la consideran terrorista. Es la historia de Afganistán en los últimos años: rusos, talibanes y americanos lo han convertido en un escenario de guerra donde todo está destruido. Quién y cómo va a ser capaz de imponer orden y cordura aún está por ver. La pequeña Bakhtay, una niña que enamora a la cámara con su mirada limpia y su aspecto frágil pero decidido, encarna la lucha de ese pueblo y especialmente de sus mujeres, condenadas por el mero hecho de serlo a la ignorancia, la invisibilidad e incluso la muerte, por no hablar de las terribles mutilaciones a manos de sus parientes (hombres, por supuesto) si han violado alguna ley, o sin llegar a hacerlo, pues basta la sospecha para lavar el honor de la familia con sangre.

Un pastor le dice: "¿Buscas la escuela? Pues sigue la luz del sol y la encontrarás. No puedes perderte". Hermosa metáfora entre tanta sinrazón. La película es dura pero poética, cargada de símbolos tras su aparente sencillez. Se muestra el machismo, el fundamentalismo, la intransigencia, lo absurdo de una situación que parece no tener salida tras tantos muertos, mutilados y refugiados.
En la escena final, los niños acosan a Bakhtay simulando disparos, pero ella no se da por vencida hasta que su amigo le dice: "¡Tírate al suelo! Si no mueres no te dejarán en paz, no serás libre." Terrible verdad: ha de morir para lograr la libertad.
La escena inicial muestra la voladura de dos enormes estatuas de Buda talladas en la roca, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, destruidas por los talibanes en 2001 en su ciego afán por eliminar todo cuanto fuera en contra del Corán. Una prueba más de la ceguera fundamentalista, de su locura.
El título hace referencia a una frase del padre de la directora: "Hasta las estatuas se avergüenzan al ver tanto horror." Es un día en la vida de una niña, una entre millones, reprimida por ser mujer y por vivir en un país asolado por las sucesivas ocupaciones. Es Afganistán pero podría ser la India, Indonesia, cualquier país africano. Por desgracia, sobran escenarios para situar una historia tan impactante. Qué injusto contraste con nuestro mundo, que sigue nadando en la abundancia. Bakhtay lucha lo indecible para conseguir un cuaderno, que al final resulta deshojado por unos niños crueles, mientras aquí tiramos material escolar sin ningún miramiento. Cómo me duele ver tanta despreocupación en mis alumnos... Todos los días abandonan sin ningún miramiento cuadernos, folios, rotuladores, lápices, gomas, reglas... No les importa, no lo valoran. Les da lo mismo perderlo. En el mejor de los casos, comprarán más. Es nuestra lucha diaria, con escaso éxito. Ni siquiera en vacaciones me siento alejada de estos temas. Descanso, pero de vez en cuando mi conciencia despierta. Así que, a pesar de todo, os deseo unas felices vacaciones. Si son con buen cine, mejor.













jueves, 8 de julio de 2010

MADRES E HIJAS

Llevo días intentando escribir en el blog, pero no hay manera, la conexión va lentísima, como si se contagiara del tremendo calor que nos acosa, y no me deja insertar las imágenes que deseo. Al final he conseguido poner ésta, que no tiene nada que ver con la película que deseo comentar, Madres e hijas. El panorama cinematográfico veraniego es penoso, como sabéis, y este año más, con la enorme competencia del fútbol. El pasado fin de semana fue para llorar, según los distribuidores. Cuando por fin acabe el Mundial quizá mejoren las cosas.
Fiel a mi costumbre, venciendo la pereza que me da el calor, fui a ver esta maravilla de Rodrigo García, hijo de Gabriel García Márquez. Cuenta la historia de tres mujeres cuyas vidas acaban cruzándose teniendo en común la maternidad vista de modos diferentes. Los actores son sensacionales. Annette Bening está increíble dando vida a Karen, que se vio obligada por su madre a dar en adopción a su hija porque la tuvo con catorce años. Es una mujer difícil, amargada por ese recuerdo. Nunca olvidó a su hija, a la que no conoció. Le escribe cartas, imagina cómo es, cómo se llamará, le guarda regalos de cumpleaños... La relación con su madre, ya mayor y casi impedida, no es fácil. Llega a conocerla mejor cuando muere gracias a la asistenta, a quien contó cosas que ella ignora. Encuentra el amor inesperadamente en Paco (Jimmy Smits), un nuevo compañero de trabajo que le ofrece comprensión, estabilidad y cariño.
Su hija se llama Elizabeth (magnífica Naomi Watts), es una abogada de éxito de 36 años que perdió a su padre adoptivo y apenas tiene contacto con su madre de adopción. No sabe o no puede establecer relaciones personales sólidas y duraderas. Aguanta poco tiempo en cada trabajo, no quiere echar raíces. Inicia una aventura con Paul (sobrio y expresivo Samuel L. Jackson, sensacional), su jefe, viudo y con hijos mayores, pero deciden acabarla por miedo al exceso de compromiso, aunque él está dispuesto a hacerse cargo del hijo que ella espera si es suyo, algo que ella no le aclara porque también ha tenido relaciones con un vecino casado por el simple afán de aventura y placer sexual.
Lucy quiere ser madre a toda costa, pero al no poder serlo por vía natural decide embarcarse en el proceso de adopción con su marido. Van a adoptar al hijo de una muchacha de veinte años, hija de una madre soltera. El marido tiene muchas dudas y finalmente se separan porque él desea un hijo propio, no adoptado, pero ella sigue adelante con su idea. Cuando tiene finalmente al bebé no es el esperado (no cuento más por si la veis) pero aprende que ser madre es difícil, que la criatura absorbe todo su tiempo y no deja espacio para casi nada más, es exigente y acaparador. Cualquier madre sabe lo que es eso.
La película está llena de detalles bonitos y otros duros, no es edulcorada pero es realista y tierna. Se entrecruzan varias vidas de hombres y mujeres, sobre todo mujeres, con el tema común de la maternidad vista desde diferentes ángulos. La sensibilidad del director, también autor del guión, es exquisita. Mima las historias, las entrelaza sin forzarlas, las resuelve con naturalidad. Es un excelente tratado sobre la mujer y sobre la maternidad que interesará también a los hombres.
Se ha escrito y dicho tanto sobre la figura de la madre... La relación materno-filial no suele ser fácil. Todos conocemos casos de madres absorbentes, acaparadoras, dominantes, causantes de no pocos problemas en sus hijos, pero también de lo contrario, madres entregadas, cariñosas, abiertas, que enseñan a los hijos a volar y a crecer en libertad. Las consultas de psicólogos y psiquiatras están llenas de hijos que arrastran serios problemas con sus progenitores. Yo fui (o soy) una de ellas y doy fe de lo difícil que es aclarar esa maraña de sentimientos contradictorios y solucionar la relación amor-odio que se establece entre padres e hijos. Hablar de ello me llevaría muchas páginas. Me costó asistir a varios grupos de terapia, en los que aprendí muchísimo, pero finalmente llegué a la raíz del asunto y pude entender muchas cosas. Y es que la familia, esa institución tan sacralizada por algunos, se convierte en demasiadas ocasiones en un nido de víboras, en una lucha de intereses y de poder, incluso en una tumba porque los sucesos más terribles a veces se desarrollan en el hogar. Ese nudo primigenio no siempre es idílico ni acogedor. Los maestros conocemos cantidad de casos de padres ineptos, desentendidos, malos educadores por exceso o por defecto, y también de lo contrario, claro.
Supongo que siempre se ha dicho que la familia está en crisis, no es nada nuevo. Los partidarios a ultranza de la familia tradicional ven el aborto, el divorcio, el matrimonio entre homosexuales, la reproducción asistida, la píldora, el preservativo, la maternidad o paternidad en soledad y otros hechos "modernos" como enemigos peligrosos que van a acabar con ella. Yo no lo veo así. Conozco casos de familias tradicionales desastrosas y de familias "diferentes" felices y estupendas. Hasta hace no muchos años ser madre soltera, por ejemplo, era un terrible deshonor, aparte de un pecado mortal, y hoy es una opción tan válida como otra cualquiera. Ser buena madre no está garantizado por un papel, un sacramento o un apellido. Requiere cariño y paciencia, sobre todo, buenas dosis de entrega y de sentido común, de generosidad y de alegría. Yo sólo tengo un hijo, estupendo, eso sí; me habría encantado tener más, pero la Naturaleza no estaba por la labor, qué le vamos a hacer. Ya tiene 23 años, que se me han pasado en un vuelo. Disfruté muchísimo de él cuando era bebé, cuando le llevaba al parque, cuando montábamos juntos en bici, en las cabalgatas de Reyes, viendo las películas de Disney, asistiendo a sus progresos en los estudios... No me he perdido nada. Odio a esas madres que tienen dos hijos y dicen que les sobra uno y medio, o las que se lamentan continuamente del tiempo que, según ellas, les roban sus hijos porque no pueden ir al cine, salir por la noche o gastar lo que les apetece. ¿Para qué tienen hijos entonces? Un hijo te cambia la vida, debe cambiártela, pero no es un castigo ni una cruz. Es una obligación, sí, pero no una castración. Compaginar hoy trabajo y maternidad es una heroicidad, pero no significa desentenderse ni abandonar a las criaturas.
El tema, como veis, da para mucho. Cada uno tiene su experiencia y su visión. Yo os recomiendo ver la película porque es cine del bueno y porque hace sentir y pensar. Está llena de detalles que no deben pasar desapercibidos. Al fin y al cabo, todos somos hijos y seguramente padres, así que nada de lo que en ella se refleja nos es ajeno.
Id al cine, siempre hay buenas opciones y las salas están fresquitas (a veces demasiado). Felices vacaciones a todos.

viernes, 25 de junio de 2010

A VOSOTROS

A VOSOTROS
Decir colegio es decir amigos, cartera, libros, juegos, recreo... Es un timbre que llama unas veces y otras suena a liberación, a vacaciones. Es un alboroto, un fondo de risas, de voces infantiles. Es un trajín continuo, excursiones, actividades mil. Es un despertar a la vida, un aprender excitante, un descubrimiento tras otro. Es la amistad inolvidable, las primeras lecturas, los primeros amores. Es el disfrute junto al Mediterráneo, volar sobre las olas en un catamarán, remar en piragua, sudar sobre una bici, manejar un kart, patinar, aprender las normas del deporte, avanzar en el conocimiento. Es conocer manos amigas que te guían y te aconsejan, te reprenden y te alaban. Es perder un jersey, ganar una medalla, participar en un cross. Es nadar, saltar, manejar un ordenador. Es leer en silencio, escribir con cuidado, aprender a respetar. Es multiplicar, conjugar, descubrir.
Vosotros habéis pasado aquí muchos días de vuestras jóvenes vidas. Estas paredes y estos patios guardan el recuerdo de vuestras voces y de vuestros juegos. Aquí habéis crecido y madurado, habéis jugado en la arena y bajo la encina, habéis encestado y metido muchos goles. Ahora os toca iniciar una nueva etapa. La vida os espera. Id a por ella. Llevad vuestra fuerza y vuestra ilusión a otras aulas. seguid con los ojos bien abiertos y el corazón dispuesto para conocer nuevas personas y nuevos horizontes, pero mantened en vuestro recuerdo el tiempo pasado en el "Santiago Apóstol" porque para muchos de vosotros fue el lugar de vuestros primeros pasos escolares y eso nunca se olvida. Aquí habéis sentado las bases de vuestra formación. En estas aulas aprendisteis la mayoría de vosotros las primeras letras de la mano de unos profesores entusiastas y entregados a su labor, la de educaros y enseñaros. Los cimientos de vuestra vida estudiantil y buena parte de vuestra personalidad están aquí. Y hoy recibís el premio a vuestro esfuerzo.
Recordad en este día no sólo a vuestros más recientes profesores, sino a todos los que os han ido guiando durante todos estos años con paciencia, dedicación y cariño. Todos hemos puesto en vosotros nuestra buena voluntad y nuestro deseo de ayudaros a ser mejores cada día, no sólo mejores estudiantes sino, sobre todo, mejores personas: tolerantes, buenos compañeros, sinceros y leales. Hemos querido despertar en vosotros esa curiosidad que nunca debéis saciar. Sois muy jóvenes y muy fuertes, una mina cuya riqueza debéis aprovechar. No os canséis nunca de aprender, de ver, de viajar, de leer, de conocer gente, de querer a los demás. Dad cariño y recibiréis cariño. Dad comprensión y seréis comprendidos.
Todos tenéis una energía inagotable y todos lleváis la vida en vuestra mirada. Os merecéis triunfar y ser felices. Un beso muy fuerte.
El martes celebramos la Graduación de los alumnos de Infantil y de 6º de Primaria. Suponen un trabajo considerable para preparar las actuaciones, las palabras de despedida, el escenario... Todo salió bien gracias a la labor de no pocas manos entusiastas. Un baile de pocos minutos lleva consigo horas de ensayo robadas a otras clases. Yo leí la carta que abre este post, aunque me temo que no todos me escucharon como era deseable. Algunos alumnos también leyeron sus palabras de recuerdo y agradecimiento. Los padres alaban el resultado final y todos se van con buen sabor de boca.
Yo hice con los míos un último trabajo de tutoría consistente en sentarnos en círculo y decir cosas agradables de los demás, de forma voluntaria. Todos se dedicaron palabras cariñosas y acabaron llorando. Nadie quería irse. Les dije que es mucho mejor irse así, con pena por la despedida, que marcharse sin emoción ninguna, como quien sale del Metro. Fue bonito y emotivo.Nos regalaron centros de plantas, pañuelos, una pluma, bombones... obsequios varios que guardaremos con cariño. Otra promoción que se va. Ya estamos preparándonos para recibir a la siguiente. Hay que recoger las clases (una pesadez insoportable, qué cantidad de libros y papeles...) Ayer fuimos de excursión a La Pedriza (os adjunto una foto de la Charca Verde, en cuyas heladas aguas se bañaron algunos valientes) y después comimos un cordero exquisito en Los Molinos entre risas y buen ambiente. Hoy hemos tenido el último claustro y la comida final, con actuaciones de los más nuevos tras los postres. Todo estupendo y entrañable. Nos merecemos las vacaciones, sin duda, pero, lo que son las cosas, a mí me da un bajón al llegar estas fechas. Supongo que descargar de repente toda la tensión acumulada precisa un tiempo de acomodación. Pasados unos días, cuando empiezo a relajarme y descansar, comienzo por fin a disfrutar del verano, que se anuncia muy caluroso, pero a saber, cualquiera se fía de los pronósticos.
Quiero leer, dormir, pasear, cuidarme, hacer visitas culturales (Madrid no descansa, por suerte)... La semana pasada fui a ver con unos colegas La venganza de Don Mendo, en una estupenda adaptación de Tricicle que cuida al máximo los detalles jocosos sin desvirtuar la obra original, que mantiene la frescura y el ingenio de cuando se estrenó hace casi un siglo, que se dice pronto. Cuánto me gusta el teatro... Lástima que este año haya bajado tanto la producción en los teatros pequeños por la dichosa crisis. Cuando llegan las vacas flacas se empieza por recortar lo que se considera innecesario y superfluo, y la cultura lo es para muchos que manejan las arcas. Lo sabemos y lo sufrimos, pero no podemos hacer nada por evitarlo.
Descansad todo lo que podáis. Feliz fin de semana.


lunes, 14 de junio de 2010

FIN DE CURSO

Fin de curso. Los pajaritos cantan y las nubes se levantan. Los niños también se irán. Pronto dejarán de oírse sus voces, pero nosotros también gritamos. Estamos acalorados. Seguimos rodeados de papeles y yendo de una reunión a otra, ultimando notas, informes, ordenando las clases.
Miles de palabras escritas y otras tantas pronunciadas. Miles de páginas leídas. Miles de pasos dados. Miles de escalones subidos y bajados. Cientos de cafés. Cientos de bollos, pasteles, rosquillas. Cualquier celebración es bienvenida. Muchas comidas, algunas cañas. Muchos días de patio. Muchas rodillas curadas. Cientos de problemas solucionados. Incontables días de viento y de lluvia. Largo invierno. Renovación y continuidad con la primavera. Somos los mismos, somos diferentes. Hemos ido hilvanando día a día un curso más, un año más de nuestras vidas. Llega el momento de la recogida. Cuántas cosas hemos hecho... La Memoria está encuadernada, pero sólo son datos fríos, estadísticas, enumeraciones. No dice nada de los sentimientos, de las vivencias. Todo nuestro trabajo se reduce a unas escuetas notas elaboradas con la desgana propia de la obligación. Palabras y más palabras. ¿Dónde está el corazón? Hemos dejado en algún rincón las alegrías y los no pocos disgustos de un largo curso. Detalles y gestos. Tanto esfuerzo tiene una compensación inefable e intangible. Melancolía. Ansia de merecido descanso.
Cambiará el paisaje. Se irán unos alumnos, llegarán otros. Adiós. Hasta siempre. Bienvenidos. Seremos quizá más, trabajaremos con entusiasmo, pese a las malas lenguas y las zancadillas. Las caras conocidas son una garantía de estabilidad y de bienestar. Buen hacer. Volveremos a recorrer juntos un camino nunca antes transitado. Pasito a pasito llegamos a nuestra meta, que no es sino una etapa más, un capítulo más de un libro que vamos escribiendo día a día. Algunas líneas tienen protagonistas comunes, otras son personales e intransferibles.
Creemos en el "efecto mariposa". Si conseguimos inculcar en estos niños hábitos de estudio, trabajo y respeto contribuiremos a mejorar el entorno en el que más tarde se moverán. Satisfacción. Agradecimiento. Nuevas metas logradas. Otras aún se resisten. Lucha continua. Afán de superación. La vida.

lunes, 7 de junio de 2010

LA FERIA DE LA LECTURA Y UN MITO RENOVADO

Hacía años que no iba a la Feria del Libro, instalada, como siempre, en el parque del Retiro, una de nuestras joyas. Hacía mucho calor, lógico, con el verano anticipado que ya sufrimos. Y había mucha gente, pero menos quizá que durante el fin de semana. Era una gozada ver casetas y casetas con miles de libros, curiosos preguntando y libreros y autores charlando amigablemente con los lectores, porque todo el que va allí es lector ya veterano, seguro, y va buscando consejo y ayuda, o, las más de las veces, una persona que también ama los libros y domina su trabajo, algo cada vez más inusual, por desgracia. Es una gran oportunidad para conseguir firmas de autores o ver caras conocidas. Por allí estaban Juan Cruz, voz amiga de la radio, José Mª Carrascal (con un aspecto estupendo, nada avejentado), Matilde Asensi, cuya firma al final no logré, y otros que no conozco o no recuerdo. Compré, sin tenerlo previsto, dos libros de Domingo Villar, de corte policiaco, porque empecé a hablar con él y me gustó su acento gallego. Me escribió dos bonitas dedicatorias: Para Yolanda, que encuentres playas tranquilas si la vida te ahoga (el libro se titula La playa de los ahogados) y Para Yolanda, que abre la ventana a las cabeciñas locas de los más jóvenes, este viaje a poniente, a la costa meiga en el libro titulado Ojos de agua. Éste ya lo he empezado y me está gustando. Este año la feria tiene como invitados a los autores nórdicos, aprovechando el enorme tirón del fallecido Larsson. Aún no he leído nada de Mankell, aunque lo compré hace meses, y Aurora boreal, de Asa Larsson, me decepcionó.
Me gusta todo lo relacionado con los libros, me encanta leer y suelo comprar todo lo que leo, así que tengo mi casa repleta y mi economía... qué más da. No pirateo nada de internet, pero presto muchos libros. Lo siento por el bolsillo de los autores, pero que un libro vaya de mano en mano me parece el mejor de los homenajes .
Ayer estaba, tras años de ausencia, Arturo Pérez-Reverte. Supongo que se hartaría de firmar ejemplares de El Asedio, que es altamente recomendable. Me habría encantado conocerle y charlar con él. Estuve hojeando su libro para niños El pequeño hoplita, muy bien ilustrado, es cierto, pero a un precio abusivo, a mi parecer: más de trece euros por poco más de cuarenta páginas. Porque ésa es otra, el precio de los libros. Dicen que han bajado las ventas, y lo lamento pero no me extraña. ¿Cuántos pueden permitirse la compra de cuantos libros consideran interesantes? Si algo he conseguido con mis actuales alumnos es que disfruten de la lectura, les encanta leer en voz alta y han leído muchos textos diferentes conmigo, no sólo libros. A veces les presto libros míos, o les compro alguno si me parecen interesante. El último ha sido Alicia en el país de las maravillas, para que noten la diferencia con la película de Tim Burton, que no me apetece ver, me parece una revisión innecesaria.
Si los libros fueran más baratos se venderían más, seguro. Cierto es que hay buenas ediciones a precios muy asequibles, pero las novedades tardan mucho en pasar al formato más económico. Y si hablamos de libros de texto ya ni os cuento, menudo abuso... Vaya negocio el de las editoriales... Algunas ya han cambiado las ediciones de los libros recién estrenados el curso pasado con la excusa de la "mochila ligera", repartir en tres partes el contenido de uno normal. Si es que no saben qué hacer para vender... Luego nos echan la culpa a los maestros del elevado gasto escolar...
Es raro encontrar un librero de verdad, alguien que entiende de libros sin necesidad de consultar en el ordenador. Las librerías de toda la vida están en retroceso, por desgracia. Ahora venden libros en los lugares más insospechados, en las gasolineras, en Media Markt, en Carrefour o similares, pero aviado vas si buscas un título fuera de las lista de los más vendidos o consejo para encontrar algo más complejo. Una pena...
En cualquier caso, disfruté mucho de la tarde bajo el calor de junio con mis colegas entre libros. Podría haber estado varias horas más. Es una actividad muy gratificante. No sé si llegaré a comprar esos artilugios electrónicos que almacenan en poco espacio toda una biblioteca, de momento no estoy por la labor. Necesito tocar el libro, olerlo, sentirlo, pasar las páginas... No aguanto largas lecturas en la pantalla. ¿Otro paso adelante? No sé, no sé...


Ayer decidí ir a ver Robin Hood, la última colaboración de Ridley Scott y Russell Crowe que ha tenido criticas muy dispares. La taquilla de momento es bastante favorable. A mí me gustó bastante, será porque a veces soy poco exigente o porque iba predispuesta para ello. Sigue el corte de Gladiator, que me gustó mucho. Es lo que ahora se llama "precuela", narra cómo Robin Hood se convirtió en la leyenda que todos conocemos y que tantas veces ha sido llevada a la pantalla. La más alabada es la versión protagonizada por Errol Flynn (esas mallas verdes tan ajustadas...), pero no es mi favorita.

Esta nueva versión es desmitificadora y alejada de las anteriores, quizá por eso me gustó. Ridley Scott conoce bien su oficio, de eso no hay duda. Las escenas de lucha y batallas son espectaculares, al margen de la credibilidad de la historia, como es habitual. Al fin y al cabo, Robin Hood es una leyenda, así que, ¿por qué no dar otra vuelta de tuerca a la figura del héroe? Robin es un arquero que lucha a las órdenes de Ricardo Corazón de León y que por caprichos del destino acaba convertido en noble. Es honesto y valiente, pero no aspira a ser líder ni nada parecido. El azar le coloca junto a un moribundo noble que le encomienda llevar su espada (el bien más preciado para un caballero) a su padre, a quien se la cogió sin permiso. Esa misma casualidad le lleva a hacerse con la corona del fallecido rey, que debe ser llevada a Inglaterra para que su madre, Leonor de Aquitania, se la entregue a su único hijo superviviente, Juan Sin Tierra, que no sale bien parado en ninguna versión.



Robin Hood ya cuenta con los amigos conocidos, como Little John, para hacer frente a su nueva situación. El padre del noble al que vio morir, Robin de Loxley, el anciano Walter, le pide que se haga pasar por su hijo para salvar la hacienda familiar, incluso como esposo de Marion, que apenas estuvo una semana con su marido antes de que partiera a las Cruzadas.
Los grandes impuestos pagados para sufragar las ruinosas Cruzadas han dejado a los ingleses arruinados y hartos. Se niegan a pagar más, no hay jóvenes para trabajar porque casi todos se fueron en busca de la gloria y los nobles están a punto de sublevarse contra el rey Juan, despótico y caprichoso. Qué pocas veces los reyes están a la altura de su cargo... Aprovechando la debilidad inglesa, el rey francés Felipe (no sé dónde leí que él y Ricardo eran enemigos en el campo de batalla y amantes en el lecho) quiere invadir Inglaterra con la ayuda de un traidor. A río revuelto...




Pero ahí está el leal William Hurt , consejero destituido por ser razonable y nada crtesano, para impedir tal desatino con la ayuda de Robin y otros como él. El Rey se compromete al principio a acatar la Carta Magna, pero después cambia de opinión y condena a Robin y los suyos a vivir en la clandestinidad: empieza la leyenda.
La siempre estupenda Cate Blanchett es una aguerrida Lady Marion que lo mismo maneja el arado que la espada, nada que ver con esas damiselas lánguidas que sólo servían de adorno para el triunfo del héroe. No es una jovencita sino una mujer madura que sabe lo que es luchar y trabajar junto a un hombre que merezca la pena. Creo que es un gran personaje, aunque la han tachado de fría y distante. Audrey Hepburn desempeñó ese papel en Robin y Marian, quizá la película más bonita sobre este tema, con sus dos protagonistas ya maduros y separados por los años y sus diferentes vidas. Son dos grandes actrices que dan carácter a la protagonista.



Esta nueva visión del mito quizá no sea la mejor, pero no es en absoluto desdeñable, a pesar de la opinión de ciertos críticos. Hay que saber entender los giros y los guiños, aunque es algo lenta en algunos pasajes. El cine actual suele pecar de grandilocuencia y de efectos fáciles. Abusa de tramposos movimientos de cámara, pero el resultado esta vez es bastante notable a mi modo de ver, nada especializado, como sabéis. Me suelo guiar por mis emociones, y ayer lo pasé francamente bien en las casi dos horas y media de proyección. Comprendo que no todos compartan mi opinión, para eso está la múltiple oferta cinematográfica, para dar gusto a una gran diversidad de público.
Feliz semana a todos.














































domingo, 30 de mayo de 2010

DE MONET A BENICÁSSIM

Tengo tantas cosas que contar hoy... A ver cómo cuento lo justo para no cansar a mis lectores, aunque resumir no es precisamente mi fuerte.

El viernes 21 fi con dos amigas a ver la exposición sobre Monet y la abstracción que ha terminado hoy en el Museo Thyssen. Era bonita, pero me decepcionó un poco, como a mis amigas. Aprovechando el gancho de Monet estaban otras obras de pintores abstractos, como Rothko, por ejemplo, y he de reconocer que ese tipo de pintura me dice más bien poco porque mi información sobre ella es bastante escasa. Me gustan algunos cuadros por el colorido, más que nada, pero no suelo ver por ningún sitio las figuras que supuestamente dan nombre a los lienzos. Paleta que es una, qué le vamos a hacer.

Había muchos cuadros muy parecidos, los famosos de nenúfares o de los tulipanes del jardín de Giverny, pero ni rastro de las catedrales u otros motivos. Una pena. Colorido no faltaba, eso sí. Nos pareció una muestra más bien escasa, aunque bonita en su diversidad. Siempre es agradable ver cosas bellas. Me habría encantado comprar el catálogo, que era estupendo, como su precio, pero me pareció un abuso. Es lo malo de las tiendas de los museos, el que sea: los artículos a la venta son muy tentadores y de buena calidad, pero muy caros. Lástima...


Curiosamente, hace unos días me enviaron un power point precioso con imágenes de Monet y su jardín. Eso sí merece la pena verlo.
Tras la visita cultural, una cañita en una terraza (hacía una tarde primaveral de lujo) hasta que nos encontramos con el resto de los colegas que habíamos quedado para despedir a nuestra entrañable Dana, una maravillosa americana, dulce, inteligente, competente y guapa que tras tres años entre nosotros vuelve por un tiempo a su USA natal, aunque regresará dentro de un tiempo. Bocata de calamares, cañas, croquetas, sidra, pulpo... de todo un poco entre risas y muy buen ambiente. Cuando nos sentamos en un bar precioso entregamos varios obsequios a nuestra querida Dana y leímos entre todos un Brindis que llevaba yo preparado, cogido de aquí y de allá con algunas aportaciones mías. Yo tomé una caipirinha, qué rica... Total, que acabamos a las tantas. Lo pasamos genial.



Y el lunes 24, ¡a Benicássim! Salimos a las ocho con treinta y cuatro chavales impacientes y nerviosos y cuatro monitores que nos iban a acompañar a todas horas hasta la vuelta. Ya he hecho no sé cuántos viajes de este tipo, creo que ocho, y éste ha sido el más redondo en cuanto a organización y resultados. Mi colega Mar y yo (aquí nos veis preparadas para las actividades náuticas, yo soy la que está de pie, madre mía qué pintas...) no tuvimos que hacer nada. El viaje no fue nada cansado, hicimos una parada reglamentaria y los chavales aguantaron muy bien, porque lo normal es que se pongan muy pesados, ya sabéis: ¿Falta mucho? ¡Tengo sed! ¿Cuándo llegamos? ¿Dónde está el hotel?




El hotel era estupendo. Estaba lleno de jubilados, qué cantidad de gente, pero no hubo ningún problema porque había espacio para todos. El buffet, variado y de calidad. Hemos comido de lujo. Los niños se han portado muy bien, nos felicitaron por ello los responsables del hotel. Cierto que son buenos chicos, no más inquietos de lo normal, pero el verdadero mérito era de los monitores, que los organizaron desde el principio en tres grupos, cada uno con un monitor, más la coordinadora, una eficacísima Patricia joven y animosa. Tenían un repertorio inagotable de canciones, juegos, actividades... Los chavales no han estado ni un momento ociosos. Los tiempos muertos en estos viajes son los que dan problemas. Controlaban los móviles, las habitaciones, la comida, con una dedicación absoluta y una manera de dirigirse a los niños que les hizo ganarse su respeto y su cariño desde el primer momento. Estaban encantados, aunque alguno se quejó de "demasiado control" y "falta de intimidad". Participaron en todo de buena gana y saciaron sus deseos de disfrute con creces.

El martes fuimos a hacer las actividades náuticas: piragüismo, windsurf y catamarán. No hacía apenas viento y los catamaranes (yo subí en uno por primera vez en mi vida) navegaban muy despacio. Qué tendrá el mar que gusta tanto... A los niños les encanta la playa, jugar con la arena, bañarse, y eso que el agua estaba bastante fría, lógico en estas fechas.



El miércoles fuimos a Valencia, a ver el Museo de las Artes y las Ciencias. Para mí era la tercera visita, y he de reconocer que me encanta. Dicen que es el mayor acuario de Europa. Es fabuloso, desde luego.
La exhibición de los delfines siempre resulta atractiva, es una apuesta segura. Eligieron, oh casualidad, a dos de nuestros alumnos para colaborar en la función, algo que nunca olvidarán. Para ellos fue todo un premio.
Luego vimos las distintas zonas, desde los polos hasta los trópicos, todo muy bien explicado. El mar y sus moradores siempre resulta fascinante, como ya os conté en mi entrada sobre Océanos. Me gustaría poder leer algún día con detenimiento todos los paneles informativos, pero yendo con críos es imposible. Si alguien no lo ha visto todavía se lo recomiendo muy de veras.

Tras la comida al aire libre fuimos a ver el museo. Se necesitan varias horas para aprovecharlo como es debido. Tiene actividades y contenidos francamente interesantes.
Después fuimos al Hemisféric, para la proyección de la película Viaje mágico a África, que resultó decepcionante, la verdad. La ponen también en cines, pero no creo que tenga mucho éxito. Una pena. Muchos se durmieron...

El jueves repetimos las actividades náuticas, esta vez con un viento considerable que parecía presagiar tormenta. Volví a montar en catamarán, y me lo pasé en grande. ¡Aquello volaba sobre el mar! Íbamos a toda vela, empapados por las olas, gritando de júbilo y emoción. Parecíamos intrépidos navegantes, novatos asombrados en medio de unas aguas cada vez más bravas. ¡Fue estupendo! Los niños temblaban de frío, pero yo no, para mi propio asombro. Podíamos haber seguido más tiempo, pero ya no aguantaban más, lástima.
Una niña sufrió el único percance de todo el viaje: al llegar a la playa, un golpe de viento hizo golpear un palo sobre su cabeza y le causó una brecha que hubo de ser cosida con ocho grapas en el cercano Centro de Salud. Nada importante. Avisamos a la madre y mi colega se fue con ella al hotel para que descansara.

Por la noche tuvimos discoteca con baile y juegos. Cómo se arreglaron los niños, qué graciosos y qué guapos estaban... Algunas niñas incluso se pintaron los ojos con una maestría que ya quisiera yo... El caso era tenerles siempre en danza y entretenidos, y para eso los monitores se las pintaban como nadie.
Leyeron una vez más las notas introducidas en el Buzón de la Amistad, actividad que ya conoceréis, aquí rebautizada como Señales de Humo en una vistosa caja verde con plumas y todo porque cada grupo tenía el nombre de una tribu india: arapahoes, kawalasakis y cherokees. Algunos tenían muchas cartas, otros ninguna. Yo escribí unas cuantas y también recibí varias. La más curiosa decía: " Que sepáis que Yolanda también sabe divertirse (por lo del catamarán)". Todo con buen humor y pena por ser la última noche.


Habían preparado unas divertidas actuaciones muy imaginativas para demostrar sus dotes artísticas, algo que ya había quedado patente en la Semana Cultural, como os conté. A estas edades les encanta participar en todo lo que suponga novedad. A veces hay que empujarles un poco, pero normalmente están deseando disfrazarse, bailar y actuar.


Y el último día tocaba evaluacion del viaje, entrega de diplomas y baño en la piscina como despedida. Yo me di un último paseo por la playa, hacía un día fantástico.
Y emprendimos la vuelta tras la comida. Iban entretenidos con las películas que les ponían. No hubo problemas. Llovió varias veces, eso sí, incluso granizó de lo lindo.Esta vez no tenían muchas ganas de llegar. Se lo habían pasado en grande y la vuelta el colegio no les apetecía nada. A la llegada hablamos con algunos padres, no con todos. Ya debería estar acostumbrada, pero me parece una falta de cortesía no dar siquiera las gracias a las personas que han atendido a los niños durante cinco días con sus noches. Hay muchos padres que cogen la maleta y al niño y se van sin decir ni adiós. Qué le vamos a hacer... Dicen que de bien nacido es ser agradecido, pero hay muchos que ni saludan. De pena.



Aunque todo ha salido de fábula esta vez, he de reconocer que tienen razón los que se niegan a hacer este tipo de viajes, especialmente con adolescentes, mucho más problemáticos. Dicen "que vayan con sus padres", pero no es lo mismo, ni mucho menos. Entre los niños se establecen unas relaciones diferentes, especiales, que no tienen cabida en el colegio. A los profes nos ven también en otro ambiente, en otras situaciones, remando con ellos, mojándonos lo mismo, riéndonos, sin la tensión de las clases. Yo he entrado con ellos en cuevas, he hecho largas marchas, me he tirado por tirolinas, he atravesado puentes tibetanos... Esta vez ha sido diferente, más descansada por la gran labor de los monitores, que dejaron bien claras las normas el primer día y las hiceron cumplr a rajatabla. Quien crea que estos viajes son una anarquía están muy equivocados. Claro que depende mucho de la organización, y para eso no vale cualquier agencia, las hay pésimas, desde luego. Son una experiencia inolvidable y suponen otra forma de aprender. ¿Repetiré? Quién sabe... Depende de las fuerzas que tenga dentro de un par de años, cuando vuelva a ser tutora de 6º.


A pesar de haber ido a visitar a mi hermana (se recupera muy despacio, tiene anemia y la tensión baja y se encuentra muy cansada y desanimada a ratos) y corregido no pocos controles he tenido tiempo de ir al cine. He visto Two lovers, con un magnífico Joaquin Phoenix y una no menos estupenda Gwyneth Paltrow (mira que tiene un nombre difícil esta chica...) Isabella Rossellini hace de madre preocupada pero comprensiva con tal de que su hijo sea feliz. Es una historia de amor a tres bandas, nada romántica si ello es sinónimo de blandura y yupi-yupi, al contrario, son seres que sufren y se agarran al amor como tabla de salvación. Me gustaría poder comentarla con alguien que la haya visto. Os la recomiendo.

Buf, ya está bien... Feliz semana a todos.


















domingo, 16 de mayo de 2010

DONDE VIVEN LAS SIRENAS

Los de CINESA han tenido la amabilidad de invitarme al cine por mi cumpleaños y aproveché la ocasión para ver una película maravillosa, con millones de protagonistas vivos, bellísimos, ingrávidos gracias al medio en el que viven, los océanos, los inmensos y azules océanos que ocupan la mayor parte de nuestra casa, la maltrecha Tierra.

La vida surgió del agua. La Tierra es el único planeta, que sepamos hasta la fecha, en el que hay vida. Gran parte de ella se desarrolla en las variadas aguas que nos rodean, desde la Antártida hasta el Ecuador, del Polo Norte en vías de desaparición hasta el inmenso Pacífico. Qué especies tan diversas, qué prodigio de color, de variedad, de paz... La gran pantalla se llena de seres polimorfos, extraños unos y familiares otros, de color, de actividad casi siempre silenciosa. Por ella desfilan las gigantescas ballenas, majestuosas, juguetonas, íncreíblemente gráciles por vivir en el agua, su único medio posible. Otras especies pueden verse en los acuarios, ellas no, su tamaño lo hace imposible. Sólo el hombre es su enemigo, su depredador.

La película tiene algo de voz en off, pero no es un documental televisivo al uso. Sería la envidia del mismísimo Cousteau. Una música suave, envolvente, subraya la belleza de unas imágenes idílicas, paradisiacas. Te sientes convertido en sirena, deseas formar parte de esa inmensidad húmeda plagada de vida, fundirte con su pródiga naturaleza.
Los océanos son grandes desconocidos. Sirvieron de escenario de grandes viajes en busca de nuevos horizontes y hoy son fuente de riqueza, pero su sobreexplotación y el mal uso que hacemos de ellos les están causando daños quizá irreparables. Veamos, por ejemplo, la tragedia que vive el Golfo de Méjico por la avaricia de una gran petrolera. A estas alturas, pese a las voces que nos avisan del peligro, seguimos utilizando el petróleo de manera exhaustiva. ¿Cuánto más vamos a destrozar para mantener nuestro estilo de vida actual? Los océanos se mueren lentamente porque los usamos como vertedero de nuestros desechos. Contaminamos sus aguas, las que nos proporcionan una parte importante de nuestro sustento, con lo que, tarde o temprano, nos comemos nuestra propia basura. Hacemos desaparecer especies cada día. Nos alegramos de que con el deshielo del Polo Norte se abrirá una nueva vía comercial, menuda inconsciencia...


Hace años que sabemos que la vida está amenazada por la mala acción del hombre. Hasta que él apareció, la Naturaleza estaba en equilibrio. Incluso tras los grandes desastres naturales (glaciaciones, caída de meteoritos, maremotos, erupciones volcánicas...) la vida se abría paso, de otra manera, pero no se detenía. Sólo el hombre destruye indiscriminadamente a su antojo y conveniencia allá por donde pasa. Deforesta grandes bosques y selvas, desertiza vergeles, cambia el curso de los ríos, inunda fértiles valles, mata por placer y maltrata cuanto se pone a su alcance si cree que a cambio obtiene algún beneficio económico. Es el depredador por excelencia, mucho más temible que todos los tiburones blancos juntos, mucho más mortífero que el peor de los virus.



Los animales de esta admirable película viven conforme a su naturaleza. Hay rapidísimos cazadores que sólo matan para sobrevivir, pero todo es armónico, nadie se salta las normas que rigen en los océanos desde hace miles de años. Todos desempeñan su papel a la perfección. Son gregarios o solitarios, grandes o pequeños, anfibios o decididamente acuáticos, pero cada uno tiene su misión y su lugar en el agua. Flotan libremente en la inmensidad azul. Qué envidia de esas aletas, de esas branquias que les hacen extraños a nuestros ojos, de su agilidad. Hay miles de especies distintas, muchas aún sin catalogar, pero otras han desaparecido para siempre. Nos las hemos cargado, y sabemos que otras están en serio peligro. ¿Qué hacemos? Nada. Pensamos que los de Greenpeace, científicos y naturalistas son unos catastrofistas agoreros que exageran la gravedad de la situación. Los responsables de poner un poco de orden miran hacia otro lado porque tomar medidas sería impopular, y bastante tienen con la que está cayendo ya. Cuando sea demasiado tarde, ¿qué harán? ¿Qué haremos?


El hombre alardea de los terrenos que ha conquistado al mar, pero, ¿y lo que le ha quitado? En las desembocaduras de muchos ríos ya no hay vida, sólo suciedad. En esas corrientes dulces ya no corre la misma agua, ha disminuido o desaparecido. Hace un rato he visto en la televisión imágenes del Manzanares lleno de bañistas hace no tantos años, o el Tajo. ¿Qué ha pasado para que hayan "domesticado" el río madrileño hasta permitir, oh milagro, que nos podamos mojar los pies (sólo los pies) en algunas zonas ? ¿Por qué hemos inundado grandes zonas llenas de vida desplazando a millones de personas sin contemplaciones?

Ocho años han estado filmando estas maravillosas escenas en todos los mares del mundo. Qué paciencia hasta conseguir esa escena precisa, esa imagen de la supervivencia o del amor entre madre y cría, tan bonitas... Los creadores de efectos especiales deben de estar verdes de envidia por no poder siquiera imaginar tanta diversidad, tanta riqueza y tan bonita sin necesidad de efectos en 3D ni trampas. Los océanos son profundos, misteriosos, insondables. Guardan aún muchos secretos. Apenas conocemos parte de ellos. El fondo marino presenta montañas, valles, simas, lo mismo que la tierra emergida. Cuando el mar se enfada debemos echarnos a temblar, baste recordar el tsunami de hace pocos años o los miles de naves desaparecidas bajo sus aguas. El más grande y potente de los barcos es apenas un frágil esquife comparado con su fuerza. Nos atrae, nos gusta bañarnos en él, jugar en sus aguas, desafiarle. Pero le tenemos poco respeto, no sabemos cuidarlo ni apreciarlo en lo que vale.


A pesar del desdeñoso comentario del chico de la taquilla ("No hay casi nadie") comprobé con agradable sorpresa que había bastantes espectadores, entre ellos no pocos niños acompañados de sus sensatos padres. Me dieron ganas de felicitarles, no es normal esta actitud, por desgracia. Muchos aplaudimos al final. Dura unos cien minutos, pero se me hizo corta. Me quedé con ganas de seguir a los delfines en sus saltos, a las ballenas en sus piruetas, a los pingüinos en su baño helado incluso. Qué delicia de tarde en una sala a oscuras convertida en inmenso acuario... Casi se sentían las salpicaduras del agua, parecía que de un momento a otro podías zambullirte en la inmensidad turquesa, nadar junto a esas criaturas que parecen sacadas de un cuento. ¿Os habéis fijado en que casi todos los peces parecen sonreír?

Id a ver Océanos si queréis pasar una tarde diferente y ver una película de altísima calidad plástica y conceptual. Tiene una web interesantísima: www.oceans-lefilm.com La versión española es incluso más completa, con un apartado para educadores: www.verticecine.com Debería ser de visión obligada en todos los colegios e institutos.

Me estoy planteando invitar a algún alumno a verla como premio, además de recomendársela a todos, por supuesto. Pero queda poco tiempo, pues el lunes 24 nos vamos a Benicássim de Viaje de Fin de Curso. Para ellos es una ocasión para disfrutar con sus amigos lejos de los padres, para los responsables es una semana que no tiene nada de viaje de placer, aunque tiene buenos momentos, indudablemente. Ya he hecho unos cuantos de este tipo. Este año vamos con monitores a todas horas, espero que sea más descansado que en otras ocasiones, especialmente las noches, recuerdo algunas terribles. Y a ver si acompaña el tiempo, que ya va siendo hora de disfrutar del sol después de un larguísimo y crudo invierno. Ya os contaré.
Ésta es mi entrada número cien, qué barbaridad, quién me lo iba a decir cuando empecé... ¿Tanto he escrito ya? Parece que sí. Espero seguir contando con vuestras visitas y vuestros comentarios. Siempre abrís ventanas nuevas e interesantes a mis propuestas. Gracias a todos. Sois unos lectores y escritores impagables.
Feliz semana.