Celda 211 es una película durísima, sobrecogedora, impactante. Iba avisada, pero ya la primera escena me dejó clavada en la butaca. Poco después aparece la nuca rapada de Luis Tosar y sabes que se va a apoderar de las dos horas restantes. Se oyeron comentarios, exclamaciones, más tarde algún insulto dirigido a un personaje especialmente repulsivo, y eso que hay varios acreedores al título. Es una gran película y además es española, que no es poco. Ha triunfado en cuantos festivales se ha proyectado, aunque no sé si ha recibido algún premio o se presentaba fuera de concurso. Es cine carcelario, género que tiene muchos adeptos. Recuerdo especialmente Cadena Perpetua, con Tim Robbins y Morgan Freeman en papeles inolvidables. Anteriores son El hombre de Alcatraz, Fuga de Alcatraz o La leyenda del indomable, entre otras muchas. Quizá tengan tanto interés porque muestran un mundo duro y despiadado en el que nadie desea entrar más que de visita, si acaso. Jesús Quintero presentó con su peculiar estilo una serie de entrevistas con reclusos en Cuerda de presos, y decía que si algo había aprendido era que cualquiera puede encontrarse en esa situación en el momento menos pensado. Entrevistó, por ejemplo, a un hombre ya mayor que, harto de la ludopatía de su mujer, que se gastaba todo cuanto estaba a su alcance y lo que podía sacar malvendiendo las pertenencias familiares, cogió la escopeta, entró en el bingo donde sabía que acudía día tras día y la mató. Una tragedia anunciada que él pagó con largos años de cárcel. La televisión se encarga de airear casos espeluznantes, pero suele tratarlos de manera repulsiva y morbosa, lo que les quita toda credibilidad. En lugar de hacernos odiar el delito se recrea en los detalles más sórdidos, muchas veces sin contrastarlos. Busca testigos no siempre fiables y recurre a cualquier método con tal de hacerse con un trozo del pastel de la audiencia. Miserables.Celda 211 no hace concesiones a nadie, no es complaciente ni políticamente correcta y es especialmente crítica con el poder, que sale muy mal parado. Juan, un joven funcionario de prisiones, acude un día antes de su incorporación oficial a la cárcel para familiarizarse con ella. Un desdichado incidente desencadena la tragedia. Debe hacerse pasar por un preso más, lo que le obliga a mentir y hacer cosas impensables cuando todo se complica. Un motín encabezado por Malamadre (magistral Luis Tosar) coge rehenes y pide una serie de mejoras en sus condiciones. Me cuesta no contar nada más porque todo ocurre con rapidez y los acontecimientos trágicos se suceden de manera inexorable. El espectador quisiera otro desarrollo, pero no es posible. La tensión no decae ni un momento. Hay personajes rudos, duros, crueles, desengañados, curtidos por la vida que les ha llevado allí y por la estancia entre barrotes. Algunos actores son presos reales y los que no te hacen dudar de su condición. Antonio Resines no es aquí el cómico bonachón al que nos tiene acostumbrados, y es una de las grandes bazas de la película. Dice Carlos Boyero, que le dedica grandes elogios a pesar de su proverbial reparo, cuando no directa antipatía al cine español, que sobran los flashbacks que muestran la vida de Juan con su mujer embarazada, y yo creo justamente lo contrario, que marcan el dramático contraste entre la feliz normalidad y la tragedia en la que se ve envuelto.
Sentí rabia e impotencia en más de una escena. ¿Por qué han de ser así las cosas, la vida en la cárcel, las soluciones políticas? Ignoro cómo es vivir encerrado. Sé que muchos creen que los presos viven estupendamente, que disfrutan de muchas comodidades y que nunca cumplen sus condena por completo, por atroz que haya sido su delito. Un funcionario relativamente reciente me dijo hace poco que los reclusos viven como Dios porque el Estado español es cien por cien garantista. No sé si creerle. La Justicia es desesperadamente lenta y no siempre hace honor a su nombre. ¿Cómo puede demorarse un juicio con su correspondiente sentencia durante años? ¿Qué siente en todo ese tiempo el que se juega quizá el resto de su vida? Da escalofríos sólo pensar en la posibilidad de pasar por un trance así.
Luis Tosar, que ya ha demostrado sobradamente lo buen actor que es (recordemos, por ejemplo, Los lunes al sol o Te doy mis ojos, entre otras) se marca aquí un personaje digno de un Goya, por lo menos, aunque puede aspirar de sobra a metas más altas. No parpadea, es el amo de la función con sólo un gesto. Siempre me ha asombrado cómo los buenos actores controlan su mirada. Da más respeto que miedo. En un mundo en el que las lealtades y las traiciones son a muerte hay que saber bien con quién te juntas. Sabemos que la droga circula con holgura en las cárceles, que los funcionarios hacen la vista gorda para recibir soplos convenientes, que algunos presos pasan información a cambio de ciertos privilegios, que la política está por encima de la ética en ocasiones... Es un mundo oscuro y cruel en el que se desdibujan más que nunca los límites entre el bien y el mal, lo justo y lo injusto, lo humano y lo irracional. Id a verla si os gusta el buen cine y soportáis las emociones fuertes. Coincidí con un matrimonio amigo y él me comentó que le había resultado casi inaguantable. No es una película para cualquiera, desde luego, y merece realmente la pena.
Buena semana a todos.





