domingo 19 de febrero de 2012

TEATRO, TEATRO...


Según parece, el teatro, pese a la que está cayendo, se mantiene en niveles óptimos de afluencia de público. Es una estupenda noticia para todos, pero sobre todo para quienes acudimos a él con la esperanza de ver algo diferente a la mediocridad televisiva y cinematográfica, salvo excepciones. 
No comenté en su momento la estupenda Burundanga, una apuesta arriesgada. ¿De qué va? Es una comedia con el trasfondo de la disoución de ETA. Tema delicado. Teatro casi lleno, escenario pequeño, cinco personajes. Enredo, engaño, trampa, falsas apariencias. ¿Nos fiamos de quienes amamos? ¿Sabemos todo sobre ellos? ¿Nos dicen siempre la verdad? La fidelidad y la sinceridad puestas a prueba han dado mucho juego en la literatura y en el cine. A veces hay que recurrir al artificio para saber la verdad. Con frecuencia resulta tan dura que nos arrepentimos de haber dado el paso. ¿Es preferible la ignorancia? Quizá, según los casos. En esta ocasión el desenlace es positivo: chico de doble vida decide arriesgarse y quedarse con su novia embarazada aun a costa de pasar un tiempo en la cárcel por su pertenencia a la terrible banda armada. Una amiga hace de Pepito Grillo y obliga a la indecisa enamorada a dar el paso que la saque de dudas: unas gotas de una misteriosa sustancia y el susodicho cantará hasta La Traviata , como decían en las pelis de policías y ladrones. Dicho y hecho: se descubre el pastel y todo se complica. Gorka, el misterioso compañero de Manel, es un patoso activista que arrastra el complejo de ser despreciado por su padre e infravalorado en la banda, que le encomendaba tareas tan arriesgadas como ir a comprar pizzas. Si no fuera tan divertido resultaría patético, o, más propiamente, terrorífico. Quizá la realidad se parezca más de lo que creemos a la ficción teatral. Envuelta en un halo de vodevil, con escenas inverosímiles, diálogos disparatados, situaciones muy cómicas, los actores, todos estupendos, bien enrenados y dotados para la comedia, género difícil donde los haya, ponen en pie una ficción quizáno muy lejos de la realidad que todos llevábamos años esperando. Cuando un hecho tan serio aguanta la broma es buena señal. Las risas y los aplausos certificaron la gran acogida del público.


Ayer la opción fue bien distinta: Antes te gustaba la lluvia, en un recinto modesto y cercano. Ya conté la emoción que me produjo Por el placer de volver a verla, con los inefables Blanca Oteyza y su marido Miguel Ángel Solá. En esta ocasión él se ha pasado a la dirección y ocupa su lugar en el escenario Sergio Otegui, hijo de otro estupendo actor de los llamados secundarios de lujo. Una pareja se reencuentra tras doce años sin saber el uno del otro. Es un encuentro difícil, tenso. Qué decir, qué hacer tras tantos años... Deben decidir qué hacer con la  tumba del hijo muerto en trágicas circunstancias. Ella no olvida, no ha superado el drama a pesar del tiempo transcurrido, de los psicólogos y psiquiatras, de las pastillas, de los cambios de trabajo y de amigos. Él se marchó la tarde de Nochevieja con dos maletas, incapaz de soportar el hundimiento de su mujer en el dolor. Quiere seguir  adelante, ella revive una y otra vez todo lo relacionado con el hijo muerto. El dolor tiene un tremendo poder adictivo, no es fácil escapar de sus garras, te atrapa y no te suelta a menos que realices un esfuerzo titánico. Todos hemos experimentado el dolor alguna vez, aunque me parece inimaginable el que supone perder a un hijo, pero lo que sí sé es que es fundamental la voluntad, el deseo de superarlo, para salir de él. No olvidar, que es distinto, sino seguir viviendo con esa carga. 
Él y ella, sin nombres, se sinceran, se enojan, incluso se gritan, pero también se abrazan, se miran, recuerdan hechos pasados agradables y tristes, aún se quieren, pero no pueden superar lo que les separa. Me acordé de la maravillosa Tal como éramos, en la que un espléndido Robert Redford se mostraba rendido ante el ímpetu y el valor de Barbra Streisand. Su amor no puede superar las barreras ideológicas y deben separarse. Me gustan las historias con final feliz, pero he de reconocer que algunas de las mejores no lo tienen, no pueden tenerlo. La tragedia va unida al amor en demasiadas ocasiones.
Blanca Oteyza es una maravillosa actriz capaz de hacer contener la respiración a todo un auditorio  con la única ayuda de su expresivo rostro. En él se refleja el dolor, la soledad, la impotencia. Sola en un sobrio escenario, sostiene la función cuando es necesario. Hace falta una madera especial para aguantar ese peso bajo los focos. Es la magia del teatro, del arte sin trampas.
Me emocioné con el intenso diálogo entre estos personajes sufrientes, frágiles, tan humanos. En un momento dado se dan cuenta de lo que les pasó: perdieron al hijo, después a sí mismos y luego el uno al otro. Él se ve abrumado por emociones que escapan a su manejo, ella bucea en el dolor hasta profundidades de las que ya es casi imposible emerger. Alguien huirá hacia el futuro, alguien hacia el pasado. El sufrimiento de ayer nos quita el hoy, la posibilidad de ser felices otra vez. Él y ella son incapaces de vivir juntos tras la tragedia. Es la lucha entre el miedo y el amor, el instinto de conservación y la imposibilidad de hallar una alternativa cuando el proyecto común inicial se desmorona. Aunque no estemos programados para ser todo lo felices que pretendemos, esta vida, la nuestra, es todo lo que tenemos para intentarlo. El equilibrio entre la luz y la oscuridad es  necesario para seguir viviendo, sin instalarnos en ninguna de ellas porque son las dos caras de la misma moneda.

sábado 31 de diciembre de 2011

AQUELLAS NAVIDADES...

Dentro de apenas cuatro horas estaremos oficialmente en 2012, que se prevé duro y difícil a tenor de la primeras medidas adoptadas por Rajoy y sus muchachos, y sólo es el principio, según Sor Aya... Pero esta noche correrá el champán, nos atragantearemos con las uvas, más de uno pillará una cogorza de garrafón, haremos el ganso, felicitaremos a todo el que se nos acerque... en fin, quién dijo crisis, al menos por unas horas. Ya llegará la realidad el día 2, y no digamos los días sucesivos...


Llevo un montón de tiempo intentando escribir aquí, pero la mudanza, la gripe, el cansancio y mil inconvenientes más han impuesto su ley. Deseaba hablar sobre las Navidades de antaño, para seguir con la idea que propuse a mis alumnos. Tenían que hablar con los mayores de su familia, especialmente los abuelos, para que les contaran cómo eran estos días hace años. Han cambiado tanto las costumbres en poco tiempo... Yo recuerdo aquellos envoltorios de chocolates Elgorriaga en los que escribíamos la carta a los Reyes Magos. Todavía no había hecho su aparición Papá Noel, las Navidades empezaban  unos días antes de la lotería, con el final del trimestre escolar, y las calles estaban iluminadas apenas veinte días, no como ahora, que pasados los Santos, o antes, ya sacan los polvorones y mazapanes del año pasado (verídico, he visto las fechas de caducidad) y empiezan  a darnos   el turre con los villancicos (cada vez con mayor presencia de los americanos, qué horror...).
Navidad significaba, en mi infancia, sacar las cajas donde estaba guardadas las figuritas del belén y las bolas del árbol, tan frágiles entonces que pocas sobrevivían de un año para otro. El espumillón perdía sus hilos dorados y plateados y fabricábamos adornos con las ideas de la revista El Mueble. Poníamos por toda la casa los christmas recibidos clavados con alfileres en tiras de colores. Mi padre montaba con nosotros un belén enorme en el vestíbulo, con corcho de verdad, el castillo de Herodes siempre en lo alto, los Reyes cada día un poco más cerca del portal...
Mi madre nos sentaba alrededor de la mesa del comedor para escribir una y otra vez los mismos buenos deseos a familiares y amigos. Compraba un montón de felicitaciones del entrañable Ferrándiz, sobre todo, de todos los tamaños: los más grandes, para los abuelos y grandes amigos, y el resto en consonancia con su importancia. Anotaba en una lista los enviados y los respondidos. Yo también lo hice durante años, aunque en lugar de mensajes comunes envío poemas (por suerte es un fondo inagotable), hasta que este invento de Internet ha hecho disminuir los sobres escritos a mano, toda una rareza en los buzones actualmente.


Cuando estábamos en el Sáhara, la casa de mis padres era el centro de reunión de muchos amigos. Todos estábamos lejos de la familia y nos juntábamos para llenar un poco aquel hueco. Éramos veintitantos en cada celebración. Mi madre ponía unas mesas enormes y una cantidad de comida inimaginable. Asaba patas de cerdo enteras, preparaba ensaladilla rusa, sopas, entremeses... Días después de acabadas las fiestas aún quedaban sobras para dos o tres familias. Supongo que de ella heredé mi tendencia a la exageración en la despensa, siempre tengo comida suficiente para soportar un asedio.
Por aquella época mi padre nos dijo que había llegado a un acuerdo con los Reyes Magos merced al cual recibiríamos nuestros regalos el día de Navidad. Siempre le pareció más razonable y lógica la tradición anglosajona para poder disfrutar más tiempo de los juguetes. Sin embargo, mantuvimos la costumbre de ir a misa el día 6 con nuestros recién estrenados muñecos o camiones.
Mi madre nos hacía ir a misa el día 25 sí o sí, sin posibilidad de discusión. Durante años me gustó ir a la Misa del Gallo, me parecía especial, diferente. Cuánto he cambiado...
Pasábamos las Navidades, ya en Madrid otra vez, yendo un día sí y otro también al centro, a comprar regalos. Con tantos de familia no acabábamos nunca, qué cruz, qué de vueltas dábamos para encontrar lo que creíamos más adecuado para cada uno. 
En aquellos días podía ir al mercado con mi madre, me encantan desde entonces esos lugares, muchos hoy desaparecidos o reconvertidos en sitios pijos y carísimos. No compro apenas productos frescos en las grandes superficies, adoro a mis tenderos de hace años, siempre atentos y pacientes conmigo. Soportan mis prisas y mi parloteo a útima hora, me ayudan con la compra, me ofrecen fruta o embutido, me regalan algo... Son un encanto.
Mantengo la costumbre de preparar cardo como hacía mi madre, rehogado con ajitos, almendras, harina y caldo. Limpiarlo es una cruz, pero el resultado merece la pena. Muchos recurren al de bote o congelado, pero no hay color. Lo mismo pasa con la borraja (se me notan las raíces navarras, ¿verdad?) y con la lombarda, bien acompañada por un buen puñado de piñones. No soy especialmente aficionada al cordero ni mucho menos al besugo, me niego a pagar los precios abusivos de estas fechas habiendo otras alternativas. Tampoco me gusta el turrón (aquellas bandejas con trocitos grasientos que duraban meses, el turrón duro que partía mi padre con el martillo, los polvorones envueltos en papel de seda...)  
He mencionado varias veces a mis padres, sobre todo a mi madre, y es que creo que las Navidades infantiles van indisolublemente unidas a su figura, a su mano asiendo firmemente la nuestra para no perdernos en el barullo de la Plaza Mayor o la cabalgata, a las tradiciones que nos transmitieron y que nosotros no debemos dejar perder, a los olores de los pucheros navideños, más hogareños que nunca, a ese niño que fuimos y que duerme dentro de nosotros junto a su recuerdo, en su regazo. Estén donde estén, están con nosotros.
Feliz Año Nuevo, a pesar de todo.

 

lunes 28 de noviembre de 2011

BATIBURRILLO MAESTRIL

Leído al alimón con mi entrañable colega Sergio el viernes en la comida del Día del Maestro, fecha desaparecida de nuestro calendario laboral

¡Deprisa! ¡Deprisa!
¡Qué tarde! ¡No llego!
¡Me llaman! ¿Quién es?
¡Vete a tercero!
¡Con ésta son cuatro!
¡Tengo que corregir!
¿Y cuándo lo hago?
¡Otra noche sin dormir!
¡Malditos controles!
¡Y aún no saben dividir!
¡Me toca patio, y llueve!
¡Esto es un sinvivir!
¡Necesito un café!
¡Pues sólo queda agua!
¡Ni las migas del bizcocho!
¡Hala, otra tila!
¡Mejor, que calma los nervios!
¡Ay, Señor, qué cruz!
"¡Me vais a matar!"- se queja Miguel.
Sergio siempre corriendo,
María cámara en mano, 
todos bienhumorados,
siempre atareados.
Y subimos, bajamos,
y vuelta a subir.
La sopa está fría,
pero hay buen humor.
Comer, no comemos,
pero cómo nos reímos...
¡Un descanso, por favor!
¡Qué dices, si tenemos reunión!
¡Y faltan las notas!
¡No llego, no llego!
¡Viene el inspector!
¡Saca las competencias!
¡Y las programaciones!
Todo muy apañado,
que vea que nos lo curramos.
Oye, que esto no rima...
¡Para rimas estoy yo!
A ver, ¿con qué rima colegio?
¡Con arpegio!
¿Y eso qué es?
"Sucesión más o menos acelerada
de los sonidos de un acorde"
¡Eso nos cuadra!
¡Estamos acelerados!
Excursiones, Carnaval,
Semana Cultural,
Navidad, Educación Vial,
Xanadú, Port Ainé,
Aldovea, Graduación...
¡Reserva algún día
para alguna lección!
¡Si es que no hay tiempo!
Pues tú verás,
a la ESO han de pasar.
¿Sin saber por dos dividir?
¿Sin saber multiplicar?
¿Sin saber dónde queda España?
¿Sin saber siquiera escribir?
Pues es lo que hay, corazón,
so pena de aguantar
de las autoridades gran sermón.
¡Ah, eso sí que no!
¡Más papeles no, por favor!
Que ya estoy hasta el moño
de tanta justificación.
Sssh, sssh, baja el tono,
que se note que somos maestros
bien provistos de buena educación.
Un año más, brindemos por nosotros,
celebrando nuestro Santo Patrón,
aunque luego regresemos
a nuestra obligación.
¡Ea!, que diría el Sevi,
ya vale de tanta lección,
nos hemos ganado a pulso
en un SPA na sesión.
O en Lanzarote, ¿eh, Miguel?
Anda, tunante,
que no vas de procesión,
y haces bien, qué demonios,
que con Vueling vas barato
hasta la mismísima New York.
¡Salud, queridos colegas!
¡Y dinero, vive Dios,
que quizá no nos llegue apenas
para la jubilación!
 

domingo 20 de noviembre de 2011

YESTERDAY


A punto de conocer los resultados de las elecciones de hoy (mucho me temo que no habrá sorpresas y se cumplirán los peores pronósticos) quiero volver la vista atrás, a ese 1977 en el que se celebraron las primeras Elecciones Generales tras una larga etapa de oscurantismo y represión. Ese año aprobé las oposiciones de Magisterio, cielo santo, cuánto ha llovido desde entonces (y sigue lloviendo, en gran parte de España, al parecer). Tantos años, tantos cambios... Ahí están las hemerotecas, las fonotecas y sobre todo la televisión para recordarnos aquellos años: cómo éramos, cómo vestíamos, qué votamos... Tardé en engancharme a la serie Cuéntame, pero ahora la sigo con fidelidad y admiración. En esa familia Alcántara se reflejan otros millones de familias gracias a la estupenda labor de guionistas, actores y cuantos consiguen trasladarnos de manera fiel a los tresillos de escay (creo que ya se escribe así), los primeros televisores, los barrios ahora tan diferentes, los problemas, incluida la droga, las dudas, el miedo, las tradiciones... Yo nací en 1955, así que he vivido todo eso en primera persona . Estudié según el plan de Bachillerato que exigía aprobar el examen de Ingreso a los diez años con un máximo de tres faltas de ortografía, qué tiempos aquéllos, a ver quién es el guapo que pretende recuperar hoy esa ley... 
No es mi intención detenerme más de lo necesario en esto. El caso es que ayer asistí a un estupendo concierto en el Auditorio Teresa Berganza de Villaviciosa de Odón interpretado por la Orquesta de Cámara del Ampurdán con un título de lo más sugerente: De Mozart a Los Beatles. Efectivamente, sonaron claras y rotundas las notas de la Pequeña Serenata Nocturna KV 525, la Danza Húngara nº 5 de Brahms, la famosa Tritsch Tratsch Polca de Strauss, el Intermezzo de Goyescas de Enric Granados, Libertango de Astor Piazzola... hasta llegar a una pequeña muestra del genio de Los Beatles, terminando con esa fabulosa Yesterday, una de las más bellas canciones de todos los tiempos.
La nota curiosa y diferente la puso el director, Carles Coll, catalán de pura cepa que tomó el micrófono en varias ocasiones para dirigirse al público con humor e ingenio. Antes de empezar La máquina de escribir, una maravillosa rareza de Leroy Anderson, hizo subir al escenario a un niño de ocho años y durante un rato entabló con él un diálogo inteligente y curioso. Le mostró una máquina de escribir, "sin cables ni enchufes. Tampoco tiene pantalla, no la busques. ¿Y la impresora? Fíjate, el papel se pone así, ¿ves qué fácil? Y puedes escribir con mayúsculas dándole a esta tecla, incluso en rojo, sin necesidad de cartucho. Escribe tu nombre: Ernesto. Pero dale fuerte, dale una hostia a las teclas... " Fueron unos momentos deliciosos, por el desparpajo del crío y por la ocurrencia del director. Hay que ver qué bien traído el recuerdo, qué buena lección de cómo pasa el tiempo... Muchos de los allí presentes éramos usuarios de ordenadores, móviles y otros cacharros modernos, pero antes, no hace tanto tiempo, manejamos esas máquinas de escribir hoy obsoletas y arrinconadas. Por eso tenía tanto sentido el Yesterday que cerró el concierto antes de la usual propina.
Yesterday, ayer, yo, nosotros... Iguales o diferentes, pero evolucionados, sin duda. El poder evocador de la música me llevó a épocas pasadas, no necesariamente mejores todas, pero definitivamente idas. Idas, pero no muertas. El pasado vive en nosotros, queramos o no. Somos el resultado de todo lo vivido. Podemos considerarnos afortunados si nuestra situación actual no es peor que la pasada, achaques normales aparte. Nos damos por satisfechos si hemos aprendido de todo lo anterior, si hemos llegado hasta aquí con la mente lúcida sin dejar de hacenos preguntas, si somos capaces de transmitir esa experiencia a nuestros herederos. 
Quiero recomendaros una obra de teatro muy divertida si queréis pasar dos horas de carcajadas: La cena de los idiotas, con unos magistrales Josema Yuste (todavía me río con el inovidable número de la empanadilla de aquella lejana Nochevieja) y Agustín Jiménez, artista del monólogo, que hace toda una creación de su personaje, el idiota de turno. Ingenio, humor, enredo... Supongo que tiene algo que ver con la película francesa del mismo título, aunque no la he visto, pero está llena de referencias locales y actuales. En cualquier caso, no os la perdáis si tenéis ocasión.
Fui a ver en el cine El niño de la bicicleta. Me la recomendó una colega y me decepcionó un tanto. Está bien, pero esperaba más.
Ya no hay lugar para la esperanza: una nueva marea azul invade España otra vez. Debemos prepararnos para lo peor. Quien crea que estos señoritos van a ser el bálsamo de Fierabrás contra la crisis  y el paro va listo. Vivirán mientras puedan de la queja por la mala herencia recibida (¿y por qué tanto interés en recoger ese desastre, entonces?) y adoptarán medidas drásticas e impopulares que no han querido explicar durante la campaña. Retrocederemos en prestaciones y conquistas sociales, que se preparen los homosexuales, los periodistas, los desprotegidos, los partidarios y defensores de la sanidad y la enseñanza públicas, los liberales... Era de esperar, pero no es justo este resultado. Es desalentador. ¿Acaso no conocen ya millones de españoles la forma de gobernar de estos herederos de quien ha sido un año más honrado y recordado en el Valle de los Caídos? Qué mala memoria tenemos... Se engaña quien piense que "eran otros tiempos". No soy nada optimista, lo siento. En fin, la alternancia será buena, no lo dudo, pero no así,no así, no con éstos...

domingo 16 de octubre de 2011

SOMOS FRÁGILES


Casi un mes sin escribir, qué poco me duraron los buenos propósitos... El tiempo pasa volando y se me acumulan las tareas y los compromisos. La casa nueva consume gran parte de mis energías y no doy abasto. Ni atiendo ésta ni me centro en la nueva, no me luce apenas todo lo que hago. Fregar una y otra vez es como la maldición de Sísifo, nunca se acaba. Y no puedo desentenderme de la compra, la comida, la ropa... Así no hay quien tenga bien la tensión... Y este calor impensable a estas alturas, insoportable por lo inusual, que impide la llegada de la necesaria lluvia. El campo está reseco y sediento, agostado. No habrá otoño, me temo, pasaremos directamente a los rigores invernales.
Vaya rosario de lamentaciones, cómo empiezo... El caso es que pensaba escribir sobre nuestra humana fragilidad, nuestra naturaleza propensa a las enfermedades y nuestro empeño, inútil muchas veces, por alargar la vida en buenas condiciones. Os ahorraré la retahíla de penurias propias y ajenas. El caso es que aunque no escriba pienso mucho en lo que quisiera decir. El cine sigue siendo un estupendo recurso para reflexionar sobre asuntos varios. Tenía muchas ganas de ver No habrá paz para los malvados y no me defraudó. Es un relato tenso, oscuro, nada complaciente. Conviene no contar mucho sobre el argumento, aunque a estas alturas ya se ha dicho casi todo sobre la magnífica actuación de José Coronado, que no fue premiado, incomprensiblemente, en el Festival de San Sebastián. Ya deberíamos estar acostumbrados a las decisiones de los jurados supuestamente cinéfilos, como a las de los literarios. Qué pocas veces coincide calidad con premio... Menos mal que la taquilla está dando en las narices a los sesudos cineastas y el público llena las salas una semana tras otra. No es para menos. Me admira que un hombre tan guapo sea capaz de encarnar a un tipo renegrido, áspero, desaliñado y desencantado por dentro y por fuera, un policía de pasado brillante que inesperadamente acaba enredado en un turbio asunto de final imprevisible. Solitario, huraño, bronco, cruel, cínico, de vuelta de todo, enfrentado a una juez justa y tenaz y cuestionado por sus propios compañeros. No hay medias tintas ni concesiones a la galería. La película es violenta, pero no al estilo de Tarantino, ni sangrienta sin más. La vida en la calle, entre prostitutas, drogadictos, mafiosos, chulos, estafadores, terroristas... no es nada idílica. Supongo que quien trata con ellos un día y otro, año tras año, acaba irremediablemente manchado y tocado por esa podredumbre que a muchos nos pasa casi desapercibida. Sabemos que existe, pero hacemos como que no la vemos. Intentamos que no nos contamine, que no invada nuestra existencia con apariencia de anuncio publicitario, pero en el momento menos pensado nos alcanza e incluso puede cambiarnos para siempre. Santos Trinidad , nombre elegido con toda intención, es un policía marginal, curtido en las peores batallas, un cabrón borracho y prepotente que, sin embargo, te obliga a ponerte de su parte.Y hasta aquí puedo leer. Si os gusta el cine negro, la emoción, la intriga, la resolución de una buena trama con personajes creíbles y actuales, id a ver No habrá paz para los malvados. Os gustará, seguro.
El viernes pasado no tenía ganas de ver películas de aliens, malvados o personajes atormentados. Mi ánimo no necesitaba dramones ni películas oscuras o difíciles, así que elegí Larry Crowne , la última de Tom Hanks y Julia Roberts. No es una gran película, no pasará a los anales de la historia ni se llevará ningún premio, pero me hizo pasar un buen rato y relajarme, algo que siempre agradezco. Tiene su poquito de crítica social (cincuentón repentinamente despedido tras muchos años de eficaz desempeño de sus funciones, elegido muchas veces como el empleado del mes, por no tener estudios superiores, una excusa como otra cualquiera para justificar eso que eufemísticamente llaman ERE), que en otras manos habría sido utilizada de muy distinta manera. Aquí el propio Hanks opta por la esperanza y el optimismo para superar una dura prueba a una edad en la que parece difícil buscar un nuevo rumbo capaz de encauzar una vida abocada al desastre: aún queda mucho por pagar de la hipoteca, está divorciado y veinte años en la Marina le impidieron acceder a una carrera universitaria. ¿Qué hacer? Primera cruel realidad: no hay trabajo para él, no da el perfil adecuado. Aconsejado por un   espabilado vecino, se matricula por primera vez en una universidad, en un curso aparentemente poco complicado para aprender a hablar en público. La profesora es nada menos que Julia Roberts, ya no joven pero aún buena actriz y poseedora de una sonrisa atractiva como pocas. Desencantada de su trabajo, hastiada de su vida personal, con un marido parásito enganchado al ciberporno y supuesto escritor, empieza el curso con el explícito deseo de no tener que continuar por falta de alumnos. Pero no, ahí están, un grupo variopinto que debe aprender a hablar ante los demás utilizando recursos curiosos. El meollo de la cuestión no es cómo una profesora saca adelante a un grupo de alumnos difíciles, sino cómo unas personas se relacionan entre sí de manera insospechada, surgida de modo natural y espontáneo. Larry abandona su coche para montar en scooter, mucho más económico, con lo que entra a formar parte de un particular y simpático club. Debe deshacerse de muchas de sus pertenencias anteriores y renunciar incluso a su casa, pero al fin encuentra la felicidad. No muy bien tratada por la crítica, tachada de ingenua y simple, Larry Crowne, Nunca es tarde ofrece lo que promete: optimismo, ausencia de complicaciones y, sobre todo, esperanza. Hace bueno el refrán que afirma que cuando una puerta se cierra se abre una ventana. ¿Por qué no?, te preguntas al salir. ¿Por qué no puede suceder esto? Y se agradece este soplo de frescura en esta crispada época, la verdad.
En el polo opuesto, Luis Tosar , en otra memorable actuación, encarna a César, un encantador portero, en Mientras duermes, un thriller psicológico nada sutil que sigue la estela de Polanski o Hitchcock y que en algún momento me recordó a la mítica Luz de gas. César es un hombre profundamente infeliz que no soporta que los demás gocen de ese don que  a él se le niega y se dedica con terrible frialdad a hurgar en sus vidas y manipularlas con una crueldad estudiada y meticulosa. Disfruta haciendo daño, borrando la sonrisa de sus rostros, especialmente la de Clara, una joven que se convierte en su mayor reto. No debo contar nada. Hay escenas escalofriantes por lo que sugieren: nos creemos a salvo en nuestros hogares, nos sentimos seguros en un piso céntrico y casi lujoso, confiamos en ese afable portero que lo mismo nos lleva el periódico que desatasca el fregadero o cuida de los perros en nuestra ausencia. Todo parece maravilloso, pero nada lo es. Una niña de corta edad es capaz de acorralar a un adulto vistiendo su uniforme de estricto colegio religioso. La vida de los vecinos del inmueble está en manos de ese portero de oscuro pasado y mente maquiavélica que nos plantea la vieja pregunta: ¿la maldad es consecuencia de una enfermedad? ¿Justifica ésta los terribles actos que el loco llega a cometer? Somos frágiles, como os decía al principio. El más pintado puede ser blanco de un desalmado que pone su inteligencia al servicio del mal de manera sutil y refinada, con una crueldad fría y calculada de resultados imprevisibles.  Nuestro destino puede variar drásticamente de rumbo si se cruza en nuestro camino alguien así, alguien de apariencia seráfica que nos manipula a su antojo, nos daña, nos altera o nos utiliza para sus infames propósitos. Todos conocemos personas así o similares, nadie se libra de ellas. Sabemos que debemos huir de quienes nos roban energía, de las personas que irradian negatividad y negrura, pero no sabemos identificar a tiempo a esas serpientes reencarnadas que pueden destruirnos sin perder la sonrisa. Otra vez el sabio refranero nos avisa: Del agua mansa líbreme Dios, que de la brava me guardo yo.
Feliz semana a todos.  

martes 20 de septiembre de 2011

¿HE VUELTO?

Bueno, ¿por dónde empiezo? Tres meses sin escribir en el blog, eso sí es un largo paréntesis. Acabó el curso, llegó el calor infernal, comencé la primera limpieza de mi nueva casa, pasé cuatro estupendas semanas en San Sebastián con mi marido, como siempre, me subió la tensión a los dos días, volví a ver a mis colegas, hemos dejado listas las clases a base de mover muebles, limpiar, fregar, ordenar, tirar... y he empezado mi curso trigésimo cuarto, que se dice pronto. ¿Ya está? ¿En cuatro líneas se condensan tantos días de afanes, descanso, paseos, ilusiones...? Vayamos por partes. 
Empecé a escribir en este blog con gran ilusión. Me fascinaba la novedad, la posiblidad de dar a conocer mis escritos a un gran número de personas en cualquier lugar del mundo y recibir sus comentarios. Leía muchos otros blogs estupendos, variados y muy bien documentados y presentados. Me gustaba hablar de las películas y obras de teatro que veía, de la vida cotidiana, de libros... Cada entrada me suponía horas de trabajo, búsqueda de información e imágenes, elección de temas... Solía escribir de noche y terminaba a las tantas. No me importaba, sentía la necesidad de escribir, de sincerarme, de dar a conocer mis pequeñas experiencias por si a alguien podía serles de ayuda. Casi de repente esa urgencia desapareció. Me desanimaba recibir pocos comentarios, aunque sé que muchos leen pero no contestan. Es una muestra de vanidad, lo sé. Cuantas veces he intentado escribir en este tiempo en blanco he creído que los temas no eran atrayentes. Me he sumergido de lleno, además, en los preparativos para estrenar una casa nueva, tarea nada fácil, como todos sabéis. En fin, un cúmulo de circunstancias me han hecho aparcar este rinconcito amable en el que encontraba refugio y diálogo. 
¿He vuelto? Hoy sí, desde luego. Quién sabe si podré mantener la regularidad de antaño, el tiempo (y mis obligaciones) lo dirán.
Mientras tanto, para no perder las buenas costumbres, os recomendaré algunas buenas películas. No sé si podréis ver ya El hombre de al lado, una seria reflexión envuelta en comedia sobre la convivencia entre vecinos. Está rodada en la única casa diseñada por Le Corbusier en Sudamérica, de modo que el escenario se convierte en importante protagonista.
Tras el verano corrí a ver El origen del planeta de los simios, un estupendo intento de explicar cómo se llegó a la autodestrucción tan tremendamente reflejada en la legendaria película protagonizada por Charlton Heston. ¿Quién puede olvidar esa escena final en la playa con la Estatua de la Libertad semienterrada en la arena? Tuvo varias secuelas a cuál peor, pero esta nueva revisión me parece lúcida y bastante digna. Es otra vuelta de tuerca al tema de la rebelión de los oprimidos, de los límites de la ciencia y la experimentación, de la maldad e irracionalidad que puede alcanzar el ser humano. No es optimista, pero me gustó mucho. Está llena de detalles en los que merece la pena detenerse.
No podía faltar a la cita con Spielberg, aunque no haya dirigido Súper 8, pero se nota su mano en la producción, que supongo carísima. J.J. Abrams y él se lo han debido de pasar bomba con esta historia de adolescentes en la década de los 80 llena de referencias a sus temas preferidos: la pandilla (ese paraíso perdido, ay...), el primer amor, la fantasía, la familia y sus problemas, un pueblo alterado por un suceso inexplicable, la intriga, la sorpresa, la defensa de la inocencia de los chavales frente a la brutalidad militar y sus secretos... La escena del accidente del tren, apenas iniciada la película, es impactante. Si vais a verla no se os ocurra salir sin ver el corto que acompaña a los títulos de crédito, es casi una obra maestra en sí misma, plagada de referencias a mitos como Casablanca. Me encantó.
Helen Mirren es una de las mejores actrices maduras actuales, quizá a la altura de Meryl Streep. Se llevó el Óscar por su magistral encarnación de Isabel II en The Queen y encarnó a una espía jubilada en la divertida RED, con Bruce Willis y otras viejas glorias pasándoselo en grande en plan espías en forma a pesar de su retiro. En La Deuda también interpreta a una espía del MOSAD jubilada, pero no es nada divertida, tiene un fondo amargo muy serio del que no puedo contar nada. Me gustan mucho las historias policiacas y ésta es totalmente creíble, muy bien realizada y con tema para reflexionar.
Quizá no dure mucho en cartel, pero La cara oculta es una digna intriga con sorpresa que mantiene el interés hasta el final. Es difícil encontrar historias sorprendentes. Ésta está filmada con pocos actores y no demasiados medios, pero el resultado es más que digno. El protagonista masculino, encarnado por Quim Gutiérrez, sale bastante mal parado, pero se lo merece. Clara Lago está estupenda. Es muy joven (21 añitos) pero ya desde El viaje de Carol ha demostrado que enamora a la cámara, como suelen decir algunos. Recomendable.
El verano me permitió ver en televisión clásicos apenas recordados gracias a La Sexta 3 y La 2. Me encantó disfrutar otra vez de Los puentes de Madison, y mira que la he visto veces, El puente sobre el río Kwai ( qué maravilloso Alec Guinness mucho antes de La guerra de las galaxias), la maravillosa música de Bernstein acompañando a Natalie Wood y George Chakiris en la inolvidable West Side Story, el sensacional Gene Kelly en Cantando bajo la lluvia, la amargura épica de Dos cabalgan juntos (y qué dos: James Stewart y Richard Widmark), la maestría de Billy Wilder en El Apartamento, Perdición o Uno, dos, tres... En fin, películas y más películas grandiosas de las que ya no se hacen. 
No puedo terminar sin recomendaros La caída de los gigantes, más de novecientas páginas muy bien documentadas escritas con gran amenidad por Ken Follett. Es la Historia  del primer tercio del siglo XX contada a través de varias familias en distintos países y circunstancias. Ellos, la gente "normal", son quienes escriben la Historia. Son quienes riegan los campos de batalla con su sangre, los que sacrifican sus pulmones en las minas, los que emigran buscando una vida mejor, los que luchan en la sombra para defender su dignidad... Es la primera parte de una trilogía que a buen seguro no defraudará a los numerosos seguidores de este escritor británico.
Otro día, más.

martes 7 de junio de 2011

TIEMPO, TIEMPO...

Todos nos quejamos de la falta de tiempo. Vamos corriendo a todas partes, nos tomamos deprisa el desayuno, nos impacientamos en el coche, acumulamos compromisos, mandamos mensajes por el móvil en lugar de hablar tranquila y reposadamente, posponemos lo que no nos parece realmente urgente... Nos sentimos aturullados y sin embargo no nos concedemos unos momentos de descanso porque nos aterra el vacío, no queremos tiempo para pensar. La expresión latina horror vacui supongo que se refiere a eso, al miedo que nos da el silencio, la quietud, no hacer nada. Si no estamos ocupados continuamente nos parece que no estamos completos, que lo estamos haciendo mal. Hay muchos que identifican la actividad con el bienestar, no se conceden reposo  porque lo peor que les puede pasar es perder el tiempo. Sentimos ida la juventud con su lozanía, nos quejamos de la falta de fuerzas, de las arrugas, de las canas, y sin embargo es en la madurez cuando saboreamos más intensamente los placeres que la vida nos ofrece. Aprender a paladear un vino o un manjar lleva su tiempo. Tiempo, tiempo... Todo nos lleva a él.
Estos días cercanos al final de curso son terribles para los docentes. Se nos acumulan exámenes, recuperaciones, juntas de evaluación, reuniones con padres, comidas, cenas, compromisos... "No tengo tiempo" en la frase más repetida. Cuesta encontrar un hueco para hablar con un compañero, para fijar una cita. Yo tengo cinco citas entre hoy y mañana para hablar de otros tantos alumnos, y las que me quedan... Todos requieren atención y tiempo incluso a la entrada, en la fila. Yo suelo recibir a quien me reclama sin reserva previa, aunque hay quien abusa y cree que debemos estar disponibles a todas horas.
Últimamente me siento más pasiva cuando no estoy trabajando. Cumplo con mis obligaciones, faltaría más, pero con calma. Necesito pensar, no sé muy bien por qué ni en qué, pero lo necesito. Paso horas con escasas ocupaciones, como aletargada. Debería hacer más, pero no me sale ahora mismo. Ya lo haré. Cuando estoy eufórica me cunde muchísimo el tiempo, ordeno y limpio como una máquina. Otras veces miro los montones de papeles y carpetas con indiferencia. Ahí están, acumulando polvo año tras año. Tareas de antaño, afanes antiguos, recuerdos de una vida. Hay algo de mí en todo ello, algo que quizá no quiero limpiar ni remover. Y me sobran tantas cosas... ¿Qué es necesario? ¿Qué es accesorio? Vivimos en la abundancia material y nos falta la espiritual. Somos personas, no números (aunque Hacienda nos lo recuerde especialmente estos días), necesitamos calor humano más que calefacción y aire acondicionado.  
Cuando tenga tiempo volveré sobre todo esto...