sábado, 31 de diciembre de 2011

AQUELLAS NAVIDADES...

Dentro de apenas cuatro horas estaremos oficialmente en 2012, que se prevé duro y difícil a tenor de la primeras medidas adoptadas por Rajoy y sus muchachos, y sólo es el principio, según Sor Aya... Pero esta noche correrá el champán, nos atragantearemos con las uvas, más de uno pillará una cogorza de garrafón, haremos el ganso, felicitaremos a todo el que se nos acerque... en fin, quién dijo crisis, al menos por unas horas. Ya llegará la realidad el día 2, y no digamos los días sucesivos...


Llevo un montón de tiempo intentando escribir aquí, pero la mudanza, la gripe, el cansancio y mil inconvenientes más han impuesto su ley. Deseaba hablar sobre las Navidades de antaño, para seguir con la idea que propuse a mis alumnos. Tenían que hablar con los mayores de su familia, especialmente los abuelos, para que les contaran cómo eran estos días hace años. Han cambiado tanto las costumbres en poco tiempo... Yo recuerdo aquellos envoltorios de chocolates Elgorriaga en los que escribíamos la carta a los Reyes Magos. Todavía no había hecho su aparición Papá Noel, las Navidades empezaban  unos días antes de la lotería, con el final del trimestre escolar, y las calles estaban iluminadas apenas veinte días, no como ahora, que pasados los Santos, o antes, ya sacan los polvorones y mazapanes del año pasado (verídico, he visto las fechas de caducidad) y empiezan  a darnos   el turre con los villancicos (cada vez con mayor presencia de los americanos, qué horror...).
Navidad significaba, en mi infancia, sacar las cajas donde estaba guardadas las figuritas del belén y las bolas del árbol, tan frágiles entonces que pocas sobrevivían de un año para otro. El espumillón perdía sus hilos dorados y plateados y fabricábamos adornos con las ideas de la revista El Mueble. Poníamos por toda la casa los christmas recibidos clavados con alfileres en tiras de colores. Mi padre montaba con nosotros un belén enorme en el vestíbulo, con corcho de verdad, el castillo de Herodes siempre en lo alto, los Reyes cada día un poco más cerca del portal...
Mi madre nos sentaba alrededor de la mesa del comedor para escribir una y otra vez los mismos buenos deseos a familiares y amigos. Compraba un montón de felicitaciones del entrañable Ferrándiz, sobre todo, de todos los tamaños: los más grandes, para los abuelos y grandes amigos, y el resto en consonancia con su importancia. Anotaba en una lista los enviados y los respondidos. Yo también lo hice durante años, aunque en lugar de mensajes comunes envío poemas (por suerte es un fondo inagotable), hasta que este invento de Internet ha hecho disminuir los sobres escritos a mano, toda una rareza en los buzones actualmente.


Cuando estábamos en el Sáhara, la casa de mis padres era el centro de reunión de muchos amigos. Todos estábamos lejos de la familia y nos juntábamos para llenar un poco aquel hueco. Éramos veintitantos en cada celebración. Mi madre ponía unas mesas enormes y una cantidad de comida inimaginable. Asaba patas de cerdo enteras, preparaba ensaladilla rusa, sopas, entremeses... Días después de acabadas las fiestas aún quedaban sobras para dos o tres familias. Supongo que de ella heredé mi tendencia a la exageración en la despensa, siempre tengo comida suficiente para soportar un asedio.
Por aquella época mi padre nos dijo que había llegado a un acuerdo con los Reyes Magos merced al cual recibiríamos nuestros regalos el día de Navidad. Siempre le pareció más razonable y lógica la tradición anglosajona para poder disfrutar más tiempo de los juguetes. Sin embargo, mantuvimos la costumbre de ir a misa el día 6 con nuestros recién estrenados muñecos o camiones.
Mi madre nos hacía ir a misa el día 25 sí o sí, sin posibilidad de discusión. Durante años me gustó ir a la Misa del Gallo, me parecía especial, diferente. Cuánto he cambiado...
Pasábamos las Navidades, ya en Madrid otra vez, yendo un día sí y otro también al centro, a comprar regalos. Con tantos de familia no acabábamos nunca, qué cruz, qué de vueltas dábamos para encontrar lo que creíamos más adecuado para cada uno. 
En aquellos días podía ir al mercado con mi madre, me encantan desde entonces esos lugares, muchos hoy desaparecidos o reconvertidos en sitios pijos y carísimos. No compro apenas productos frescos en las grandes superficies, adoro a mis tenderos de hace años, siempre atentos y pacientes conmigo. Soportan mis prisas y mi parloteo a útima hora, me ayudan con la compra, me ofrecen fruta o embutido, me regalan algo... Son un encanto.
Mantengo la costumbre de preparar cardo como hacía mi madre, rehogado con ajitos, almendras, harina y caldo. Limpiarlo es una cruz, pero el resultado merece la pena. Muchos recurren al de bote o congelado, pero no hay color. Lo mismo pasa con la borraja (se me notan las raíces navarras, ¿verdad?) y con la lombarda, bien acompañada por un buen puñado de piñones. No soy especialmente aficionada al cordero ni mucho menos al besugo, me niego a pagar los precios abusivos de estas fechas habiendo otras alternativas. Tampoco me gusta el turrón (aquellas bandejas con trocitos grasientos que duraban meses, el turrón duro que partía mi padre con el martillo, los polvorones envueltos en papel de seda...)  
He mencionado varias veces a mis padres, sobre todo a mi madre, y es que creo que las Navidades infantiles van indisolublemente unidas a su figura, a su mano asiendo firmemente la nuestra para no perdernos en el barullo de la Plaza Mayor o la cabalgata, a las tradiciones que nos transmitieron y que nosotros no debemos dejar perder, a los olores de los pucheros navideños, más hogareños que nunca, a ese niño que fuimos y que duerme dentro de nosotros junto a su recuerdo, en su regazo. Estén donde estén, están con nosotros.
Feliz Año Nuevo, a pesar de todo.

 

lunes, 28 de noviembre de 2011

BATIBURRILLO MAESTRIL

Leído al alimón con mi entrañable colega Sergio el viernes en la comida del Día del Maestro, fecha desaparecida de nuestro calendario laboral

¡Deprisa! ¡Deprisa!
¡Qué tarde! ¡No llego!
¡Me llaman! ¿Quién es?
¡Vete a tercero!
¡Con ésta son cuatro!
¡Tengo que corregir!
¿Y cuándo lo hago?
¡Otra noche sin dormir!
¡Malditos controles!
¡Y aún no saben dividir!
¡Me toca patio, y llueve!
¡Esto es un sinvivir!
¡Necesito un café!
¡Pues sólo queda agua!
¡Ni las migas del bizcocho!
¡Hala, otra tila!
¡Mejor, que calma los nervios!
¡Ay, Señor, qué cruz!
"¡Me vais a matar!"- se queja Miguel.
Sergio siempre corriendo,
María cámara en mano, 
todos bienhumorados,
siempre atareados.
Y subimos, bajamos,
y vuelta a subir.
La sopa está fría,
pero hay buen humor.
Comer, no comemos,
pero cómo nos reímos...
¡Un descanso, por favor!
¡Qué dices, si tenemos reunión!
¡Y faltan las notas!
¡No llego, no llego!
¡Viene el inspector!
¡Saca las competencias!
¡Y las programaciones!
Todo muy apañado,
que vea que nos lo curramos.
Oye, que esto no rima...
¡Para rimas estoy yo!
A ver, ¿con qué rima colegio?
¡Con arpegio!
¿Y eso qué es?
"Sucesión más o menos acelerada
de los sonidos de un acorde"
¡Eso nos cuadra!
¡Estamos acelerados!
Excursiones, Carnaval,
Semana Cultural,
Navidad, Educación Vial,
Xanadú, Port Ainé,
Aldovea, Graduación...
¡Reserva algún día
para alguna lección!
¡Si es que no hay tiempo!
Pues tú verás,
a la ESO han de pasar.
¿Sin saber por dos dividir?
¿Sin saber multiplicar?
¿Sin saber dónde queda España?
¿Sin saber siquiera escribir?
Pues es lo que hay, corazón,
so pena de aguantar
de las autoridades gran sermón.
¡Ah, eso sí que no!
¡Más papeles no, por favor!
Que ya estoy hasta el moño
de tanta justificación.
Sssh, sssh, baja el tono,
que se note que somos maestros
bien provistos de buena educación.
Un año más, brindemos por nosotros,
celebrando nuestro Santo Patrón,
aunque luego regresemos
a nuestra obligación.
¡Ea!, que diría el Sevi,
ya vale de tanta lección,
nos hemos ganado a pulso
en un SPA na sesión.
O en Lanzarote, ¿eh, Miguel?
Anda, tunante,
que no vas de procesión,
y haces bien, qué demonios,
que con Vueling vas barato
hasta la mismísima New York.
¡Salud, queridos colegas!
¡Y dinero, vive Dios,
que quizá no nos llegue apenas
para la jubilación!
 

domingo, 20 de noviembre de 2011

YESTERDAY


A punto de conocer los resultados de las elecciones de hoy (mucho me temo que no habrá sorpresas y se cumplirán los peores pronósticos) quiero volver la vista atrás, a ese 1977 en el que se celebraron las primeras Elecciones Generales tras una larga etapa de oscurantismo y represión. Ese año aprobé las oposiciones de Magisterio, cielo santo, cuánto ha llovido desde entonces (y sigue lloviendo, en gran parte de España, al parecer). Tantos años, tantos cambios... Ahí están las hemerotecas, las fonotecas y sobre todo la televisión para recordarnos aquellos años: cómo éramos, cómo vestíamos, qué votamos... Tardé en engancharme a la serie Cuéntame, pero ahora la sigo con fidelidad y admiración. En esa familia Alcántara se reflejan otros millones de familias gracias a la estupenda labor de guionistas, actores y cuantos consiguen trasladarnos de manera fiel a los tresillos de escay (creo que ya se escribe así), los primeros televisores, los barrios ahora tan diferentes, los problemas, incluida la droga, las dudas, el miedo, las tradiciones... Yo nací en 1955, así que he vivido todo eso en primera persona . Estudié según el plan de Bachillerato que exigía aprobar el examen de Ingreso a los diez años con un máximo de tres faltas de ortografía, qué tiempos aquéllos, a ver quién es el guapo que pretende recuperar hoy esa ley... 
No es mi intención detenerme más de lo necesario en esto. El caso es que ayer asistí a un estupendo concierto en el Auditorio Teresa Berganza de Villaviciosa de Odón interpretado por la Orquesta de Cámara del Ampurdán con un título de lo más sugerente: De Mozart a Los Beatles. Efectivamente, sonaron claras y rotundas las notas de la Pequeña Serenata Nocturna KV 525, la Danza Húngara nº 5 de Brahms, la famosa Tritsch Tratsch Polca de Strauss, el Intermezzo de Goyescas de Enric Granados, Libertango de Astor Piazzola... hasta llegar a una pequeña muestra del genio de Los Beatles, terminando con esa fabulosa Yesterday, una de las más bellas canciones de todos los tiempos.
La nota curiosa y diferente la puso el director, Carles Coll, catalán de pura cepa que tomó el micrófono en varias ocasiones para dirigirse al público con humor e ingenio. Antes de empezar La máquina de escribir, una maravillosa rareza de Leroy Anderson, hizo subir al escenario a un niño de ocho años y durante un rato entabló con él un diálogo inteligente y curioso. Le mostró una máquina de escribir, "sin cables ni enchufes. Tampoco tiene pantalla, no la busques. ¿Y la impresora? Fíjate, el papel se pone así, ¿ves qué fácil? Y puedes escribir con mayúsculas dándole a esta tecla, incluso en rojo, sin necesidad de cartucho. Escribe tu nombre: Ernesto. Pero dale fuerte, dale una hostia a las teclas... " Fueron unos momentos deliciosos, por el desparpajo del crío y por la ocurrencia del director. Hay que ver qué bien traído el recuerdo, qué buena lección de cómo pasa el tiempo... Muchos de los allí presentes éramos usuarios de ordenadores, móviles y otros cacharros modernos, pero antes, no hace tanto tiempo, manejamos esas máquinas de escribir hoy obsoletas y arrinconadas. Por eso tenía tanto sentido el Yesterday que cerró el concierto antes de la usual propina.
Yesterday, ayer, yo, nosotros... Iguales o diferentes, pero evolucionados, sin duda. El poder evocador de la música me llevó a épocas pasadas, no necesariamente mejores todas, pero definitivamente idas. Idas, pero no muertas. El pasado vive en nosotros, queramos o no. Somos el resultado de todo lo vivido. Podemos considerarnos afortunados si nuestra situación actual no es peor que la pasada, achaques normales aparte. Nos damos por satisfechos si hemos aprendido de todo lo anterior, si hemos llegado hasta aquí con la mente lúcida sin dejar de hacenos preguntas, si somos capaces de transmitir esa experiencia a nuestros herederos. 
Quiero recomendaros una obra de teatro muy divertida si queréis pasar dos horas de carcajadas: La cena de los idiotas, con unos magistrales Josema Yuste (todavía me río con el inovidable número de la empanadilla de aquella lejana Nochevieja) y Agustín Jiménez, artista del monólogo, que hace toda una creación de su personaje, el idiota de turno. Ingenio, humor, enredo... Supongo que tiene algo que ver con la película francesa del mismo título, aunque no la he visto, pero está llena de referencias locales y actuales. En cualquier caso, no os la perdáis si tenéis ocasión.
Fui a ver en el cine El niño de la bicicleta. Me la recomendó una colega y me decepcionó un tanto. Está bien, pero esperaba más.
Ya no hay lugar para la esperanza: una nueva marea azul invade España otra vez. Debemos prepararnos para lo peor. Quien crea que estos señoritos van a ser el bálsamo de Fierabrás contra la crisis  y el paro va listo. Vivirán mientras puedan de la queja por la mala herencia recibida (¿y por qué tanto interés en recoger ese desastre, entonces?) y adoptarán medidas drásticas e impopulares que no han querido explicar durante la campaña. Retrocederemos en prestaciones y conquistas sociales, que se preparen los homosexuales, los periodistas, los desprotegidos, los partidarios y defensores de la sanidad y la enseñanza públicas, los liberales... Era de esperar, pero no es justo este resultado. Es desalentador. ¿Acaso no conocen ya millones de españoles la forma de gobernar de estos herederos de quien ha sido un año más honrado y recordado en el Valle de los Caídos? Qué mala memoria tenemos... Se engaña quien piense que "eran otros tiempos". No soy nada optimista, lo siento. En fin, la alternancia será buena, no lo dudo, pero no así,no así, no con éstos...

domingo, 16 de octubre de 2011

SOMOS FRÁGILES


Casi un mes sin escribir, qué poco me duraron los buenos propósitos... El tiempo pasa volando y se me acumulan las tareas y los compromisos. La casa nueva consume gran parte de mis energías y no doy abasto. Ni atiendo ésta ni me centro en la nueva, no me luce apenas todo lo que hago. Fregar una y otra vez es como la maldición de Sísifo, nunca se acaba. Y no puedo desentenderme de la compra, la comida, la ropa... Así no hay quien tenga bien la tensión... Y este calor impensable a estas alturas, insoportable por lo inusual, que impide la llegada de la necesaria lluvia. El campo está reseco y sediento, agostado. No habrá otoño, me temo, pasaremos directamente a los rigores invernales.
Vaya rosario de lamentaciones, cómo empiezo... El caso es que pensaba escribir sobre nuestra humana fragilidad, nuestra naturaleza propensa a las enfermedades y nuestro empeño, inútil muchas veces, por alargar la vida en buenas condiciones. Os ahorraré la retahíla de penurias propias y ajenas. El caso es que aunque no escriba pienso mucho en lo que quisiera decir. El cine sigue siendo un estupendo recurso para reflexionar sobre asuntos varios. Tenía muchas ganas de ver No habrá paz para los malvados y no me defraudó. Es un relato tenso, oscuro, nada complaciente. Conviene no contar mucho sobre el argumento, aunque a estas alturas ya se ha dicho casi todo sobre la magnífica actuación de José Coronado, que no fue premiado, incomprensiblemente, en el Festival de San Sebastián. Ya deberíamos estar acostumbrados a las decisiones de los jurados supuestamente cinéfilos, como a las de los literarios. Qué pocas veces coincide calidad con premio... Menos mal que la taquilla está dando en las narices a los sesudos cineastas y el público llena las salas una semana tras otra. No es para menos. Me admira que un hombre tan guapo sea capaz de encarnar a un tipo renegrido, áspero, desaliñado y desencantado por dentro y por fuera, un policía de pasado brillante que inesperadamente acaba enredado en un turbio asunto de final imprevisible. Solitario, huraño, bronco, cruel, cínico, de vuelta de todo, enfrentado a una juez justa y tenaz y cuestionado por sus propios compañeros. No hay medias tintas ni concesiones a la galería. La película es violenta, pero no al estilo de Tarantino, ni sangrienta sin más. La vida en la calle, entre prostitutas, drogadictos, mafiosos, chulos, estafadores, terroristas... no es nada idílica. Supongo que quien trata con ellos un día y otro, año tras año, acaba irremediablemente manchado y tocado por esa podredumbre que a muchos nos pasa casi desapercibida. Sabemos que existe, pero hacemos como que no la vemos. Intentamos que no nos contamine, que no invada nuestra existencia con apariencia de anuncio publicitario, pero en el momento menos pensado nos alcanza e incluso puede cambiarnos para siempre. Santos Trinidad , nombre elegido con toda intención, es un policía marginal, curtido en las peores batallas, un cabrón borracho y prepotente que, sin embargo, te obliga a ponerte de su parte.Y hasta aquí puedo leer. Si os gusta el cine negro, la emoción, la intriga, la resolución de una buena trama con personajes creíbles y actuales, id a ver No habrá paz para los malvados. Os gustará, seguro.
El viernes pasado no tenía ganas de ver películas de aliens, malvados o personajes atormentados. Mi ánimo no necesitaba dramones ni películas oscuras o difíciles, así que elegí Larry Crowne , la última de Tom Hanks y Julia Roberts. No es una gran película, no pasará a los anales de la historia ni se llevará ningún premio, pero me hizo pasar un buen rato y relajarme, algo que siempre agradezco. Tiene su poquito de crítica social (cincuentón repentinamente despedido tras muchos años de eficaz desempeño de sus funciones, elegido muchas veces como el empleado del mes, por no tener estudios superiores, una excusa como otra cualquiera para justificar eso que eufemísticamente llaman ERE), que en otras manos habría sido utilizada de muy distinta manera. Aquí el propio Hanks opta por la esperanza y el optimismo para superar una dura prueba a una edad en la que parece difícil buscar un nuevo rumbo capaz de encauzar una vida abocada al desastre: aún queda mucho por pagar de la hipoteca, está divorciado y veinte años en la Marina le impidieron acceder a una carrera universitaria. ¿Qué hacer? Primera cruel realidad: no hay trabajo para él, no da el perfil adecuado. Aconsejado por un   espabilado vecino, se matricula por primera vez en una universidad, en un curso aparentemente poco complicado para aprender a hablar en público. La profesora es nada menos que Julia Roberts, ya no joven pero aún buena actriz y poseedora de una sonrisa atractiva como pocas. Desencantada de su trabajo, hastiada de su vida personal, con un marido parásito enganchado al ciberporno y supuesto escritor, empieza el curso con el explícito deseo de no tener que continuar por falta de alumnos. Pero no, ahí están, un grupo variopinto que debe aprender a hablar ante los demás utilizando recursos curiosos. El meollo de la cuestión no es cómo una profesora saca adelante a un grupo de alumnos difíciles, sino cómo unas personas se relacionan entre sí de manera insospechada, surgida de modo natural y espontáneo. Larry abandona su coche para montar en scooter, mucho más económico, con lo que entra a formar parte de un particular y simpático club. Debe deshacerse de muchas de sus pertenencias anteriores y renunciar incluso a su casa, pero al fin encuentra la felicidad. No muy bien tratada por la crítica, tachada de ingenua y simple, Larry Crowne, Nunca es tarde ofrece lo que promete: optimismo, ausencia de complicaciones y, sobre todo, esperanza. Hace bueno el refrán que afirma que cuando una puerta se cierra se abre una ventana. ¿Por qué no?, te preguntas al salir. ¿Por qué no puede suceder esto? Y se agradece este soplo de frescura en esta crispada época, la verdad.
En el polo opuesto, Luis Tosar , en otra memorable actuación, encarna a César, un encantador portero, en Mientras duermes, un thriller psicológico nada sutil que sigue la estela de Polanski o Hitchcock y que en algún momento me recordó a la mítica Luz de gas. César es un hombre profundamente infeliz que no soporta que los demás gocen de ese don que  a él se le niega y se dedica con terrible frialdad a hurgar en sus vidas y manipularlas con una crueldad estudiada y meticulosa. Disfruta haciendo daño, borrando la sonrisa de sus rostros, especialmente la de Clara, una joven que se convierte en su mayor reto. No debo contar nada. Hay escenas escalofriantes por lo que sugieren: nos creemos a salvo en nuestros hogares, nos sentimos seguros en un piso céntrico y casi lujoso, confiamos en ese afable portero que lo mismo nos lleva el periódico que desatasca el fregadero o cuida de los perros en nuestra ausencia. Todo parece maravilloso, pero nada lo es. Una niña de corta edad es capaz de acorralar a un adulto vistiendo su uniforme de estricto colegio religioso. La vida de los vecinos del inmueble está en manos de ese portero de oscuro pasado y mente maquiavélica que nos plantea la vieja pregunta: ¿la maldad es consecuencia de una enfermedad? ¿Justifica ésta los terribles actos que el loco llega a cometer? Somos frágiles, como os decía al principio. El más pintado puede ser blanco de un desalmado que pone su inteligencia al servicio del mal de manera sutil y refinada, con una crueldad fría y calculada de resultados imprevisibles.  Nuestro destino puede variar drásticamente de rumbo si se cruza en nuestro camino alguien así, alguien de apariencia seráfica que nos manipula a su antojo, nos daña, nos altera o nos utiliza para sus infames propósitos. Todos conocemos personas así o similares, nadie se libra de ellas. Sabemos que debemos huir de quienes nos roban energía, de las personas que irradian negatividad y negrura, pero no sabemos identificar a tiempo a esas serpientes reencarnadas que pueden destruirnos sin perder la sonrisa. Otra vez el sabio refranero nos avisa: Del agua mansa líbreme Dios, que de la brava me guardo yo.
Feliz semana a todos.  

martes, 20 de septiembre de 2011

¿HE VUELTO?

Bueno, ¿por dónde empiezo? Tres meses sin escribir en el blog, eso sí es un largo paréntesis. Acabó el curso, llegó el calor infernal, comencé la primera limpieza de mi nueva casa, pasé cuatro estupendas semanas en San Sebastián con mi marido, como siempre, me subió la tensión a los dos días, volví a ver a mis colegas, hemos dejado listas las clases a base de mover muebles, limpiar, fregar, ordenar, tirar... y he empezado mi curso trigésimo cuarto, que se dice pronto. ¿Ya está? ¿En cuatro líneas se condensan tantos días de afanes, descanso, paseos, ilusiones...? Vayamos por partes. 
Empecé a escribir en este blog con gran ilusión. Me fascinaba la novedad, la posiblidad de dar a conocer mis escritos a un gran número de personas en cualquier lugar del mundo y recibir sus comentarios. Leía muchos otros blogs estupendos, variados y muy bien documentados y presentados. Me gustaba hablar de las películas y obras de teatro que veía, de la vida cotidiana, de libros... Cada entrada me suponía horas de trabajo, búsqueda de información e imágenes, elección de temas... Solía escribir de noche y terminaba a las tantas. No me importaba, sentía la necesidad de escribir, de sincerarme, de dar a conocer mis pequeñas experiencias por si a alguien podía serles de ayuda. Casi de repente esa urgencia desapareció. Me desanimaba recibir pocos comentarios, aunque sé que muchos leen pero no contestan. Es una muestra de vanidad, lo sé. Cuantas veces he intentado escribir en este tiempo en blanco he creído que los temas no eran atrayentes. Me he sumergido de lleno, además, en los preparativos para estrenar una casa nueva, tarea nada fácil, como todos sabéis. En fin, un cúmulo de circunstancias me han hecho aparcar este rinconcito amable en el que encontraba refugio y diálogo. 
¿He vuelto? Hoy sí, desde luego. Quién sabe si podré mantener la regularidad de antaño, el tiempo (y mis obligaciones) lo dirán.
Mientras tanto, para no perder las buenas costumbres, os recomendaré algunas buenas películas. No sé si podréis ver ya El hombre de al lado, una seria reflexión envuelta en comedia sobre la convivencia entre vecinos. Está rodada en la única casa diseñada por Le Corbusier en Sudamérica, de modo que el escenario se convierte en importante protagonista.
Tras el verano corrí a ver El origen del planeta de los simios, un estupendo intento de explicar cómo se llegó a la autodestrucción tan tremendamente reflejada en la legendaria película protagonizada por Charlton Heston. ¿Quién puede olvidar esa escena final en la playa con la Estatua de la Libertad semienterrada en la arena? Tuvo varias secuelas a cuál peor, pero esta nueva revisión me parece lúcida y bastante digna. Es otra vuelta de tuerca al tema de la rebelión de los oprimidos, de los límites de la ciencia y la experimentación, de la maldad e irracionalidad que puede alcanzar el ser humano. No es optimista, pero me gustó mucho. Está llena de detalles en los que merece la pena detenerse.
No podía faltar a la cita con Spielberg, aunque no haya dirigido Súper 8, pero se nota su mano en la producción, que supongo carísima. J.J. Abrams y él se lo han debido de pasar bomba con esta historia de adolescentes en la década de los 80 llena de referencias a sus temas preferidos: la pandilla (ese paraíso perdido, ay...), el primer amor, la fantasía, la familia y sus problemas, un pueblo alterado por un suceso inexplicable, la intriga, la sorpresa, la defensa de la inocencia de los chavales frente a la brutalidad militar y sus secretos... La escena del accidente del tren, apenas iniciada la película, es impactante. Si vais a verla no se os ocurra salir sin ver el corto que acompaña a los títulos de crédito, es casi una obra maestra en sí misma, plagada de referencias a mitos como Casablanca. Me encantó.
Helen Mirren es una de las mejores actrices maduras actuales, quizá a la altura de Meryl Streep. Se llevó el Óscar por su magistral encarnación de Isabel II en The Queen y encarnó a una espía jubilada en la divertida RED, con Bruce Willis y otras viejas glorias pasándoselo en grande en plan espías en forma a pesar de su retiro. En La Deuda también interpreta a una espía del MOSAD jubilada, pero no es nada divertida, tiene un fondo amargo muy serio del que no puedo contar nada. Me gustan mucho las historias policiacas y ésta es totalmente creíble, muy bien realizada y con tema para reflexionar.
Quizá no dure mucho en cartel, pero La cara oculta es una digna intriga con sorpresa que mantiene el interés hasta el final. Es difícil encontrar historias sorprendentes. Ésta está filmada con pocos actores y no demasiados medios, pero el resultado es más que digno. El protagonista masculino, encarnado por Quim Gutiérrez, sale bastante mal parado, pero se lo merece. Clara Lago está estupenda. Es muy joven (21 añitos) pero ya desde El viaje de Carol ha demostrado que enamora a la cámara, como suelen decir algunos. Recomendable.
El verano me permitió ver en televisión clásicos apenas recordados gracias a La Sexta 3 y La 2. Me encantó disfrutar otra vez de Los puentes de Madison, y mira que la he visto veces, El puente sobre el río Kwai ( qué maravilloso Alec Guinness mucho antes de La guerra de las galaxias), la maravillosa música de Bernstein acompañando a Natalie Wood y George Chakiris en la inolvidable West Side Story, el sensacional Gene Kelly en Cantando bajo la lluvia, la amargura épica de Dos cabalgan juntos (y qué dos: James Stewart y Richard Widmark), la maestría de Billy Wilder en El Apartamento, Perdición o Uno, dos, tres... En fin, películas y más películas grandiosas de las que ya no se hacen. 
No puedo terminar sin recomendaros La caída de los gigantes, más de novecientas páginas muy bien documentadas escritas con gran amenidad por Ken Follett. Es la Historia  del primer tercio del siglo XX contada a través de varias familias en distintos países y circunstancias. Ellos, la gente "normal", son quienes escriben la Historia. Son quienes riegan los campos de batalla con su sangre, los que sacrifican sus pulmones en las minas, los que emigran buscando una vida mejor, los que luchan en la sombra para defender su dignidad... Es la primera parte de una trilogía que a buen seguro no defraudará a los numerosos seguidores de este escritor británico.
Otro día, más.

martes, 7 de junio de 2011

TIEMPO, TIEMPO...

Todos nos quejamos de la falta de tiempo. Vamos corriendo a todas partes, nos tomamos deprisa el desayuno, nos impacientamos en el coche, acumulamos compromisos, mandamos mensajes por el móvil en lugar de hablar tranquila y reposadamente, posponemos lo que no nos parece realmente urgente... Nos sentimos aturullados y sin embargo no nos concedemos unos momentos de descanso porque nos aterra el vacío, no queremos tiempo para pensar. La expresión latina horror vacui supongo que se refiere a eso, al miedo que nos da el silencio, la quietud, no hacer nada. Si no estamos ocupados continuamente nos parece que no estamos completos, que lo estamos haciendo mal. Hay muchos que identifican la actividad con el bienestar, no se conceden reposo  porque lo peor que les puede pasar es perder el tiempo. Sentimos ida la juventud con su lozanía, nos quejamos de la falta de fuerzas, de las arrugas, de las canas, y sin embargo es en la madurez cuando saboreamos más intensamente los placeres que la vida nos ofrece. Aprender a paladear un vino o un manjar lleva su tiempo. Tiempo, tiempo... Todo nos lleva a él.
Estos días cercanos al final de curso son terribles para los docentes. Se nos acumulan exámenes, recuperaciones, juntas de evaluación, reuniones con padres, comidas, cenas, compromisos... "No tengo tiempo" en la frase más repetida. Cuesta encontrar un hueco para hablar con un compañero, para fijar una cita. Yo tengo cinco citas entre hoy y mañana para hablar de otros tantos alumnos, y las que me quedan... Todos requieren atención y tiempo incluso a la entrada, en la fila. Yo suelo recibir a quien me reclama sin reserva previa, aunque hay quien abusa y cree que debemos estar disponibles a todas horas.
Últimamente me siento más pasiva cuando no estoy trabajando. Cumplo con mis obligaciones, faltaría más, pero con calma. Necesito pensar, no sé muy bien por qué ni en qué, pero lo necesito. Paso horas con escasas ocupaciones, como aletargada. Debería hacer más, pero no me sale ahora mismo. Ya lo haré. Cuando estoy eufórica me cunde muchísimo el tiempo, ordeno y limpio como una máquina. Otras veces miro los montones de papeles y carpetas con indiferencia. Ahí están, acumulando polvo año tras año. Tareas de antaño, afanes antiguos, recuerdos de una vida. Hay algo de mí en todo ello, algo que quizá no quiero limpiar ni remover. Y me sobran tantas cosas... ¿Qué es necesario? ¿Qué es accesorio? Vivimos en la abundancia material y nos falta la espiritual. Somos personas, no números (aunque Hacienda nos lo recuerde especialmente estos días), necesitamos calor humano más que calefacción y aire acondicionado.  
Cuando tenga tiempo volveré sobre todo esto...

domingo, 29 de mayo de 2011

TODOS ERAN MIS HIJOS (Y ALGO MÁS)

La realidad es tozuda y con frecuencia poco agradable. Aún estamos bajo los efectos de las elecciones, tan desafortunados y desalentadores para muchos, y seguimos pendientes de los cada vez más numerosos indignados que dan muestras continuas de educación, civismo e inteligencia frente a la brutal represión policial y las voces airadas de quienes les consideran hippies, ociosos y revoltosos porque se han atrevido a poner en solfa un sistema injusto y decadente. No sé cómo acabarán, pero cuanto más sé de ellos más cargados de razón me parecen. Su lucha pacífica es actual, pero no es nueva. Los modelos de barbarie, corrupción y ambiciones han estado presentes en otras épocas, somos, por desgracia, poco originales.  


El gran Henry Miller estrenó en 1947 en Broadway, bajo la dirección de Elia Kazan, nada menos, Todos eran mis hijos, un drama genial, intenso y nada complaciente sobre la ambición, la culpa, el remordimiento y los secretos familiares que trascienden las paredes del hogar. Joe Keller (magnífico Carlos Hipólito) es un empresario de éxito que ha hecho fortuna gracias, entre otras cosas, a la fabricación de elementos para aviones de combate en la reciente Guerra Mundial. La prisa, la competencia y la ambición condujeron al terrible error de enviar unas piezas defectuosas que causaron la muerte a veintiún pilotos. Un empleado suyo cargó con la culpa y está en la cárcel mientras él sigue con su vida, encarnación del sueño americano, héroe incluido, pues su hijo mayor murió durante la contienda.
Su mujer, Kate (estremecedora Gloria Muñoz) no ha superado el dolor por la muerte del hijo, se niega a aceptarla, está convencida de que volverá algún día pues se le dio por desaparecido. Intenta mantener la armonía familiar, es la figura sobre cuyos hombros recae la responsabilidad de evitar problemas y guardar el orden establecido. Por eso no consiente que su hijo menor, Chris (muy bueno Fran Perea, contra todo pronóstico, he de confesarlo) se case con Ann ( estupenda Manuela Velasco), novia de Larry, el hermano ausente pero muchas veces mencionado porque su muerte sigue planeando sobre todos los demás.
Aparece George, hermano de Ann, dispuesto a reivindicar la inocencia de su padre, injustamente culpado de un error del que no fue responsable. Bajo la aparente buena relación con los vecinos que incluso juegan a las cartas en casa de Joe late la sospecha, la desconfianza. Todos saben o intuyen la verdad pero prefieren fingir que la ignoran para evitar problemas. Las relaciones humanas tienen mucho de hipócritas, las mentiras parecen necesarias para no tirarnos al cuello de más de uno.
La tensión va en aumento hasta el trágico desenlace. Joe reconoce, finalmente, su culpa en aquel desgraciado accidente, pero se justifica diciendo que lo hizo por su familia, que necesitaba el dinero para darles una vida cómoda y desahogada, que otros muchos hicieron lo mismo para satisfacer la demanda bélica (terrible verdad), que tenía que hacerlo para seguir siendo competitivo... Y estremece e indigna saber que es así, entonces y siempre: los caídos en las guerras son carne de cañón pero en demasiadas ocasiones no interesa saber los detalles de su muerte. Recientemente se ha conmemorado el octavo aniversario del terrible accidente del YAK42 y los vergonzosos hechos posteriores. Los auténticos culpables están libres. ¿Cómo puede alguien seguir viviendo como si nada hubiera pasado tras acciones así?  ¿Qué clase de conciencia permite sobrevivir siendo responsable de la muerte de otros? Pienso en los nazis aún ocultos Dios sabe dónde, en los asesinos de tantos africanos, asiáticos, sudamericanos..., en los criminales de guerra que nunca pagan su culpa, en los dictadores que mandan al patíbulo a cuantos se les oponen... La lista puede ser interminable.
Chris admira a su padre, por eso la verdad le resulta doblemente dolorosa: a la muerte del hermano debe sumar la terrible certeza de la culpabilidad de su padre. ¿Qué debe hacer ahora? Toda su vida se desmorona. Él, que también luchó en la guerra, ya no sabe cuál es su lugar. Sólo queda el dolor.
Henry Miller dosifica perfectamente la tensión, utiliza las palabras precisas para ir mostrando los sentimientos que cada cual lleva dentro. El idílico jardín americano se convierte en el escenario en el que se desarrolla la tragedia. Son unos pocos vecinos, unas cuantas familias, pero representan a miles, quizá a millones que han vivido lo mismo, alcanzados por los tentáculos de cualquier guerra, por la ignominia de tantas acciones vergonzosas. Es imposible no estremecerse ante sus palabras, sus gestos,sus imponentes silencios.
Gran parte del teatro (lleno pese a la final futbolística) aplaudió en pie la maravillosa representación . Todos los actores estuvieron sublimes, hacía tiempo que no veía unas interpretaciones tan perfectas y ajustadas. Ojalá lleguen a muchos lugares de España para dar a conocer este clásico imperecedero. Conviene no olvidar para saber reconocer el Mal bajo cualquiera de sus seráficas apariencias. 

Sólo un par de recomendaciones más: El Castor, la última película dirigida por la inteligente Jodie Foster, que aquí cede el protagonismo a Mel Gibson, un actor y director más que estimable a pesar de ser un bocazas ultraconservador. Cuenta una historia con varias lecturas, centrada en la depresión de un exitoso hombre de negocios que se desmorona como otros muchos y que encuentra la salvación aparente en una marioneta que se adueña de su vida y de su familia. Es una película interesante, me sorprendió gratamente.

Para terminar con algo optimista, no dejéis de ver Midnight in Paris, la última de Woody Allen, soñadora, inteligente y original. No es la mejor de este neurótico confeso pero desprende alegría de vivir, algo muy necesario hoy día. Nos muestra París con unas imágenes tan bonitas que dan ganas de salir pitando con cualquier excusa, es un documental impagable. La banda sonora es preciosa,como siempre. No soporto habitualmente a Owen Wilson, pero Allen sabe sacarle el mejor partido posible. Todos los demás actores no desentonan en absoluto: Kathy Bates, Adrien Brody, Marion Cotillard, incluso Carla Bruni en un breve papel (menuda prenda para el pequeño Sarkozy). Conviene que no sepáis más para no estropear la magia que encierra. Alguien comentó a la salida que "cómo se nota que a éste la crisis le tiene sin cuidado", pero al fin y al cabo ése es el propósito del cine, hacerte olvidar por un rato la cruda realidad.


Feliz semana a todos.



martes, 17 de mayo de 2011

NO TENGAS MIEDO







Aún no he podido hablar con nadie que haya visto No tengas miedo, la última película de Montxo Armendáriz, todavía en los cines. Trata un tema incómodo y la gente no está por la labor de sufrir. Como ocurre en la realidad, por desgracia, prefiere mirar hacia otro lado o cerrar los ojos. Yo fui a verla sabiendo a lo que iba, movida por el interés que me suscitaban las críticas leídas u oídas. Las más fiables hablaban de delicadeza y tacto al abordar un asunto tan delicado, y no se equivocaron.

La película se apoya en un sólido guión que elude el morbo y las situaciones demasiado explícitas. Muestra sin enseñar, por eso resulta más atroz lo que adivinas que lo que ves. Ves esa mano paterna amorosa y solícita y te revuelves al saber lo que ocurre cuando la cámara sólo enfoca la cara de la niña, una Michele Jenner fabulosa en cada escena. Lluis Homar representa a la perfección un papel difícil, incómodo. Hay quien dice que da incluso pena. A mí no me la dio. Por mucho que me lo expliquen, no puedo ni siquiera intentar entender qué mueve a un padre a destrozar la vida de su hija. Es lo mismo que los maltratadores: ¿Son enfermos o simplemente malos? Yo me inclino por lo segundo. No sé nada de patología criminal o mentes desviadas, más allá de lo que cuentan las películas, ni me interesa. Todo intento de justificación me irrita, me parece injusto. En la película aparecen testimonios reales de personas que han padecido abusos, casos espeluznantes, y uno de ellos dice algo así como que para cuando encontró el valor   suficiente para denunciar a su agresor el delito ya había prescrito. "¿Y mi dolor cuándo prescribe?", se pregunta. El malvado se va de rositas, la víctima tarda años en recuperarse o no lo consigue nunca. Las secuelas son tanto físicas como psíquicas, terribles, increíbles.




Dice Carlos Boyero algo así como que "el hombre del saco está en casa", y nada más cierto. A todos de pequeños nos previenen contra los extraños, el peligro que representa que un desconocido nos ofrezca caramelos para llevarnos a lugares terribles, pero nadie nos advierte de lo retorcido que puede llegar a ser un abuelo, un profesor, un cura, un padre, de las atrocidades que se cometen entre las paredes del sacrosanto hogar, el respetable internado, la impoluta sacristía. Adultos asquerosos que abusan sin ningún escrúpulo de menores indefensos, incluso bebés, que machacan su inocencia y su cariño con el peor de los delitos impunemente, porque encima lo peor no es el hecho en sí, con ser terrible, es que además el resto de la familia, incluso la Iglesia,  sabe y calla, oculta la tremenda verdad, no muele a palos al cerdo ni le castra sin miramientos, se hace la desentendida y aquí paz y después gloria. Las víctimas están terriblemente solas, doblemente solas porque aunque les crean, algo harto improbable, nadie hace nada.  



Aquí es la madre, interpretada por Belén Rueda, la que escucha (más bien sólo oye) las quejas de su hija sin darle crédito. Hacerle caso habría supuesto un vuelco en su vida así que lo soluciona marchándose y dejándola con su padre porque es quien mejor puede cuidarla. Se desentiende de ella. Silvia está sola, terriblemente sola. Se siente trágicamente unida a su padre por una relación ambigua pero muy profunda. Se refugia en la música y en el juego de manera enfermiza, no sonríe hasta el final, cuando se vislumbra la esperanza. Ha pasado su infancia y adolescencia sufriendo en silencio. Un día estalla y encuentra por fin a una persona capaz no sólo de entenderla sino de encauzar su miedo y su inseguridad  a través de la palabra. Verbalizar lo que nos ocurre es el primer paso para solucionarlo, hay que poner palabras al dolor, a la rabia, a la frustración. Hay miles y miles de casos y sólo una pequeña parte salen a la luz.  ¿Qué pasa con el resto? ¿Cómo recuperan su vida las víctimas? ¿Cuántos cabrones pagan su culpa? Muy pocos. Los hay de todo tipo y condición, en todas las escalas sociales, pero abundan los que utilizan su poder para hacer daño, mucho daño. 

Armendáriz tardó años en hallar la manera de contar mediante imágenes esta realidad sangrante. Buscó, investigó, entrevistó a víctimas y terapeutas. No tengas miedo está narrada desde el punto de vista de Silvia, la cámara se mueve con ella. Sientes su dolor, su impotencia a través de su mirada ojerosa y triste. Pamplona es el escenario perfecto, lluviosa y fría cuando corresponde. 
No sé por qué nos da tanto reparo ver películas como ésta, valiente, delicada, respetuosa, honesta pese a la tremenda realidad mostrada. Te conmueve si eres sensible, pero no es desagradabe gracias a una fabulosa labor de contención y mimo, de cariño hacia esos seres indefensos que han de encarar cada día como si fuera un punto de partida porque les han robado el pasado. En mi vida profesional he conocido varios casos de maltrato, por desgracia, pero ninguno de abusos, que yo sepa. Por eso estoy especialmente sensibilizada sobre esta dura realidad. De mi experiencia personal... otro día, si acaso. No temáis verla, es dura pero muy recomendable.
Totalmente distinta (es lo bueno del cine) es El inocente, mala traducción de la novela de Michael Connelly The Lincoln Lawyer. Conocemos mejor el sistema judicial norteamericano que el nuestro gracias a productos como esta buena película que cuenta la historia de un abogado sin escrúpulos (uno más, diréis), muy bien encarnado por Matthew McConaughey (hay que ver con el apellido...) que tropieza con un caso que se complica por momentos. Sorpresas, giros de guión, hallazgos inesperados... todos los ingredientes necesarios para fabricar una intriga correcta y bien resuelta se dan cita aquí. Me gustó mucho porque me encantan las novelas policiacas y el cine negro, me atrae la investigación policial y el estudio de los personajes. Muy recomendable para los amantes del género.
Estoy deseando ver Midnight in Paris, el último regalo de mi admirado Woody Allen. Dicen que es estupenda. Incluso sus película menores tienen algo grande. Ya os contaré.


lunes, 2 de mayo de 2011

CINE, TEATRO, VIDA...

Diversas circunstancias me han tenido alejada del blog. He cambiado de ordenador pero han surgido otros problemas con los que no contaba.

El pasado viernes fue mi cumpleaños y lo celebré con mis alumnos y colegas con alegría y buen humor. Les llevé tarta de queso y brownie y comimos en un sitio agradable. Algunos miembros de mi familia vinieron ayer y también fue agradable. Mi hermana y mi cuñada van mejorando, por fortuna. Hoy me ha tocado recoger y limpiar, pero como no he tenido clase ha sido llevadero.

Pude ver la versión teatral de La sonrisa etrusca justo antes de vacaciones. Es una adaptación admirable, dada la complejidad de la obra original. Héctor Alterio y Julieta Serrano están geniales, no así el resto del elenco, bastante flojitos. Si habéis leído la preciosa novela de José Luis Sampedro recordaréis que cuenta la historia de Bruno, nombre de guerra de Salvatore, que viejo y enfermo va a Milán a casa de su hijo para intentar una curación y descubre la ternura a través de su trato con Brunetino, su nieto, y Hortensia, una mujer con la que simpatiza de inmediato aunque le consideran gruñón y huraño. Me gustó esa forma de entablar una relación sentimental a las puertas de la muerte, libre de explicaciones y de convencionalismos. Los viejos tienen a gala decir lo que piensan sin ningún pudor. Bruno luchó contra los fascistas y sabe lo que es el peligro, el valor y la muerte. No entiende la manera moderna de educar a un niño, dejándolo solo llorando en su habitación, lo que le lleva a enfrentarse con su nuera, a quien llama "la Gestapo". Le queda poca vida y sin embargo no quiere rendirse. Muere con esa sonrisa enigmática en los labios, la que vio en un sarcófago etrusco.

La obra ha estado poco tiempo en Madrid, creo que ahora van de gira, así que si podéis id a verla, os gustará.

Mis amigas y yo aprovechamos la tarde para ver parte de la exposición Heroínas, la que está en la Fundación CajaMadrid y en el Thyssen. Contiene cuadros preciosos con la mujer como tema en diversas facetas: mártires, lectoras, místicas, magas... Safo, Juana de Arco, Santa Catalina, Circe... tantas y tantas mujeres famosas y anónimas que han vivido, sufrido, luchado, gozado y amado a lo largo de los siglos. A pesar de lo que hemos avanzado, sigue teniendo razón Mafalda: "La mujer, más que un papel, ha desempeñado un trapo en la historia de la Humanidad".
Código Fuente es la segunda película de Duncan Jones, hijo de David Bowie, tras Moon, una original historia de ciencia ficción que vi en su momento. Ésta es también del mismo género, pero más elaborada y sobre todo con más medios muy bien empleados. El argumento es bastante increíble: un capitán del ejército americano es enviado una y otra vez a un tren a punto de estallar para descubrir al terrorista. Sólo dispone de ocho minutos para averiguarlo, lo que convierte cada regreso en una cuenta atrás con un solo final si no consigue su propósito. Tiene giros de guión que van desvelando la verdad hasta el desenlace, así que no os cuento más. Me gustó bastante a pesar de su inverosimilitud. Jake Gyllenhal, Michele Monaghan y Vera Farmiga están muy bien en sus papeles.
HappyThankYouMorePlease (así, todo junto) es una comedia con diálogos inteligentes a partir de situaciones insólitas unas y corrientes otras. No tiene aires de grandeza ni insulta el buen gusto del espectador, a diferencia de otras supuestas comedias llenas de humor grueso y barato que no soporto aunque llenen las salas. Ésta es una película pequeña pero agradable, de las que dejan buen sabor de boca y recuerdo grato en los oídos. A partir del encuentro de un aspirante a escritor y un niño que ha pasado ya por varios hogares de acogida se tejen otras historias normales, de las que cualquiera podría ser protagonista. Me gustan estas películas bien hechas, sin alharacas ni efectos especiales desmesurados, con poco público, por desgracia.


Incendies es la más dura de las que he visto últimamente, sólo comparable a En un mundo mejor, que resulta blanda a su lado. Dos hermanos gemelos, chico y chica, descuben en la lectura del testamento de su madre que su padre no ha muerto y que tienen un hermano al que deben buscar para entregar un sobre, igual que a su padre. Están en Canadá y la búsqueda les lleva a Oriente Medio, quizá Líbano en los años 80/90 porque no se especifica. Cada escena supera a la anterior en dureza y dramatismo. Es una película de historias y de personajes que sufren al verse envueltos en circunstancias terribles porque les ha tocado nacer en una época convulsa en un país desgarrado por una guerra tras otra, por conflictos que parecen no tener fin. Cuesta entender a qué vienen ciertos detalles hasta que en el terrible final se descubre todo. Es el desenlace más impresionante que recuerdo, de los que dejan encogido y apesadumbrado. Y sin embargo la película, bastante larga, es hipnótica, fantástica, una gran obra. Ha obtenido varios premios y un gran éxito de crítica pero me temo que tiene poca difusión porque no es grata de ver. La recomiendo vivamente porque agradezco cuanto me hace pensar y sentir. Estamos quizá demasiado acostumbrados al horror de los telediarios y no nos fijamos en las personas que están tras esas imágenes casi rutinarias ya, seres que arrastran un pasado lleno de dolor y sufrimiento y que acaso ni siquiera tengan un futuro no ya feliz sino ni siquiera "normal".

Una última recomendación por si no lo habéis hecho ya: leed el discurso de Ana Mª Matute con ocasión de la entrega del Premio Cervantes. Qué prosa tan limpia y sencilla, tan sentida, tan clara y humilde. Una maravilla. Siento no saber poner el enlace, un día de éstos aprenderé a hacerlo...

Feliz semana a todos.

sábado, 30 de abril de 2011

PRUEBA

Probando, probando... ¿Qué pasa en la blogosfera? No puedo publicar desde hace unos días. A ver si ahora...

jueves, 28 de abril de 2011

WHERE IS LEO?

Hay duendes malignos haciendo de las suyas, estoy segura... Al grano: Dos estupendos colegas míos han filmado un vídeo de dos minutos de duración con alumnos de 5º para participar en un concurso de la Comunidad de Madrid que pretende potenciar el bilingüismo. Hay varios premios otorgados por el jurado, pero otro lo da el público con sus votos, así que necesitamos mucha difusión. Por alguna extraña razón en el enlace directo no se puede votar, hay que ir a la página principal: www.premiosmicrofilms.es En la página 8 de los participantes está el nuestro, titulado WHERE IS LEO? Debajo hay unas estrellitas para poder votar. ¡Echadnos una mano, por favor! Gracias mil.

domingo, 10 de abril de 2011

EN UN MUNDO MEJOR


En un mundo mejor es la película danesa que recibió el Óscar a la mejor película extranjera hace apenas un mes. Tenía muchas ganas de verla y no me ha decepcionado. Es dura y emotiva, como todas las de Susanne Bier, al menos las que yo he visto, especialmente Hermanos.

En un mundo mejor se muestra la violencia, el odio y la crueldad en dos lugares bien diferentes, Dinamarca y África. La fama de Dinamarca como país idílico y modélico cae por tierra aquí. Entre los daneses hay chavales matones y crueles y adultos violentos y fanfarrones como en cualquier otro lugar. En un campamento de refugiados en África ejerce su trabajo Anton, médico sensato y valiente, padre de dos hijos y a punto de separarse de su mujer por una infidelidad. Allí vive día a día la miseria, la enfermedad y el horror que provoca un jefe del lugar: uno de sus pasatiempos consiste en abrir el vientre de las embarazadas para ganar la apuesta sobre el sexo del bebé. Cuando acude al médico para que le cure una terrible herida en la pierna las enfermeras y el resto del personal se niegan a ayudarle, en justa venganza.

Elías, hijo mayor de Anton, sufre acoso en el colegio por ser sueco, por sus dientes, por esos detalles que otros chavales sin escrúpulos aprovechan para machacarle sin compasión hasta que aparece Christian, que se enfrenta al cabecilla sin piedad. Christian acaba de perder a su madre por un cáncer y no ha superado su rabia y su dolor. Mantiene una difícil relación con su padre, que sigue con su trabajo en Londres, por lo que él debe quedarse en casa de su abuela. La muerte de su madre le ha endurecido, no acepta la debilidad y comienza una escalada de violencia inusual en un niño de doce años hasta llegar a un suceso trágico pero no irreparable, por fortuna.

Elías se deja ayudar, aunque no comparte los sentimientos de venganza de su amigo. Piensa que ha de haber otra salida, pero la más rápida es, como muchos creen, pagar con la misma moneda. Por eso asisten atónitos y un tanto avergonzados a la pasividad de Anton cuando es atacado por un mecánico chulesco por una pelea de niños en el columpio. Anton no devuelve los golpes, decide marcharse con los niños, que esperaban otra reacción. Averiguan quién es y dónde trabaja el mecánico para planear un resarcimiento, pero Anton desbarata sus planes yendo a buscarle y diciéndole que no ha conseguido nada a pesar de sus golpes, que es un cobarde y que no vale la pena perder el tiempo con él. Los chicos no entienden nada y Christian empieza a pensar en una venganza de imprevisibles consecuencias.

La película va ganando en intensidad dramática y consigue emocionar y sobrecoger. Da miedo y pena la cara de Christian, que no sonríe ni una sola vez, frío y vengativo. Qué fácil es montar una bomba casera con las instrucciones que se encuentran en internet... Es verídico, no un invento de la directora. Es un chico que no consigue controlar sus emociones ni sus sentimientos porque quizá no se lo han enseñado, y la pérdida de su madre le descoloca por completo. Aflora su crueldad, que él considera justa, hasta que comprende que necesita ayuda.

Todos los personajes sufren, de uno u otro modo. Son vulnerables y atormentados, lo que los hace más cercanos y creíbles. La mujer de Anton no puede perdonar su infidelidad, pero siguen queriéndose. El padre de Christian no sabe cómo hablar con su hijo, siente que le está perdiendo a pesar de contarle la verdad sobre la muerte de su madre y cómo la soportó él mismo. Todos se ven envueltos por la misma tela de araña, en Dinamarca y en África. El dolor, la maldad y la violencia no conocen distancias ni fronteras. En cada sitio se manifiestan de manera diferente, pero en esencia son iguales, algo consustancial al ser humano, tan animal y tan primitivo como hace millones de años. No sé si entonces existía alguien como Anton, pero necesitamos muchos como él. La policía sólo soluciona una parte del problema, pero no lo ataja ni previene. Los profesores tampoco parece que acierten demasiado. Quienes conocemos bien a los chavales sabemos lo crueles que pueden llegar a ser, aunque algunos no lo crean. Lo que no es cierto es que nos quedemos de brazos cruzados ante una situación de violencia o acoso, al menos es lo que yo he vivido en más ocasiones de las que quisiera recordar. Es muy desagradable verse envuelto en problemas así, pero ocurren prácticamente todos los días. ¿Por qué es tan habitual la violencia entre niños pequeños que lo tienen todo? ¿Por qué insultan y pegan con tanta saña? ¿Por qué algunos padres se creen con derecho a atacarnos incluso físicamente sin ningún miramiento? Podemos equivocarnos, evidentemente, pero nada justifica reacciones tan desmesuradas. Con ejemplos así, ¿qué se puede esperar de los niños?

La película tiene un final esperanzador sin ser fácil ni sensiblera. Obliga, más que invita, a la reflexión a través de potentes imágenes y una fotografía fascinante. El reto es cómo manejar la violencia, cómo educar a los niños en un mundo dominado por ella, cómo escapar de la fácil y terrible ley del ojo por ojo. La directora ha sabido impregnarla de humanidad sin hacer concesiones fáciles. Es altamente recomendable, sin duda.

Feliz semana a todos.

sábado, 19 de marzo de 2011

PERIGEO

ROMANCE DE LA LUNA, LUNA

La luna vino a la fragua

con su polisón de nardos.

El niño la mira mira.

El niño la está mirando.

En el aire conmovido

mueve la luna sus brazos

y enseña, lúbrica y pura,

sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.

Si vinieran los gitanos

harían con tu corazón

collares y anillos blancos.

Niño, déjame que baile.

Cuando vengan los gitanos

te encontrarán sobre el yunque

con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,

que ya siento sus caballos.

Niño, déjame, no pises

mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba

tocando el tambor del llano.

Dentro de la fragua el niño

tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,

bronce y sueño, los gitanos.

Las cabezas levantadas

y los ojos entornados.

¡Cómo canta la zumaya,

ay cómo canta en el árbol!

Por el cielo va la luna

con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,

dando gritos los gitanos.

El aire la vela, vela.

El aire la está velando.

En una noche como ésta, presidida por una luna espléndida, enorme, brillante, suspendida en el cielo quieto en mágico equilibrio, las palabras de García Lorca son una opción siempre bella y musical. Poco más se puede añadir sin estropearlas. Disfrutad de la luna, de la noche y de la poesía.


martes, 1 de marzo de 2011

ESOS NIÑOS DEL CINE...

Apagados ya los ecos de los excesivamente publicitados Óscar de Hollywood (espectáculo llama a espectáculo), lejos de los modelitos lucidos por las estrellas y los discursos casi siempre previsibles, en una gala bastante plúmbea, según los críticos (yo sólo he visto pequeños cortes), sólo cabe alegrarse de los merecidos galardones obtenidos por la magnifica El discurso del Rey (¡no os la perdáis!) y alguno más: Toy Story (emocionante y sensible), Christian Bale (tengo ganas de ver The fighter), el más que cantado de Nathalie Portman (aún no he visto su Cisne Negro) y las muchas desilusiones, inevitables siempre. Pero bueno, todo forma parte del mismo circo, con más o menos fortuna.
Antes del día D fui a ver Valor de Ley, no sin cierta reticencia. No todo lo de los Coen me gusta y el western es un género difícil que ha dado maravillosas películas y terribles bodrios, cómo no. Yo vi la primera versión de ésta allá por 1970, quizá, cuando se estrenó. Con ella ganó el codiciado Óscar John Wayne, el Duque, el ídolo de mi padre. Encarnaba a un alguacil tuerto que ayuda a una insoportable Mattie (Kim Darby, de la que Wayne dijo que era "la peor actriz con la que había trabajado") a vengar la muerte de su padre. En esta nueva adaptación una portentosa Hailee Steinfeld se come a los tres machotes duros y curtidos encarnados por Jeff Bridges (qué bien está siempre este hombre), Matt Damon (nada de chico guapo aquí) y el malvado Josh Brolin. Mattie aquí es valiente, tozuda, intrépida, inteligente y hábil. Gracias a ella el malo paga sus culpas y otros no mejores que pasaban por allí se llevan también lo suyo. Hay cierta socarronería, propia de los Coen, dureza y cinismo. Me parece una película formalmente perfecta, idónea para recrearte en la fotografía, los detalles, los diálogos... Se merecía mejor suerte en el reparto de premios, pero qué se le va a hacer, la estatuilla sólo puede tener un ganador por categoría.
Por cierto, no sé si será debido a la publicidad de estos premios pero las tres últimas semanas he visto los centros que albergan salas de cine abarrotados, hasta los topes, como hacía tiempo que no veía, a pesar de la maldita crisis y del final de un mes siempre difícil. ¿O no será tanto como dicen? No entiendo nada, la verdad, pero me alegro de veras.
Por el contrario, Pa Negre fue la gran sorpresa de los Goya, versión hispana del circo americano. Fui a verla atraída por las críticas más que por el aluvión de premios. Temí que me desilusionara como me ocurrió con La Soledad hace un par de años, creo, pero sentí todo lo contrario: una sacudida desde la brutal escena inicial, un estremecimiento en varias más, una indignación creciente y un encogimiento del alma al ver a unos niños perder la inocencia por la maldad de sus mayores, arrastrados a la vergüenza y la miseria moral y física por la reciente guerra y el odio que germina con demasiada facilidad en el ser humano. Apenas hay bondad en esta historia de crímenes ocultos y venganzas crueles. El mundo rural catalán de la posguerra es mostrado en toda su crudeza. Hay amos ricos y egoístas, amparados por su poder para abusar de los campesinos que cuidan sus tierras, carentes de todo escrúpulo para desposeer de su fortuna al beneficiario legal. Pero no son mejores los perdedores de la contienda, aunque cobijados a veces por sus ideales, sobrepasados por la terrible realidad.
La historia se va desentrañando en sucesivas capas que encierran un misterio tras otro, un pasado oculto no sólo por la guerra sino por el odio, la injusticia y la intolerancia. No es otra película sobre nuestra maldita Guerra Civil, es un relato descarnado sobre la pérdida de la inocencia y la necesidad de expiar las culpas. El sexo ocupa un lugar destacado, es descubrimiento doloroso en los niños (terribles escenas) y opresión en los adultos, incapaces de escapar a su destino, arrastrados por el rencor y la crueldad. Ni los buenos resultan tan puros como parece en un principio ni los malos son tan terribles como en otras ocasiones, y eso que Sergi López da casi tanto miedo como en El laberinto del Fauno. Todos los actores están fabulosos, desde Nora Navas hasta Laia Marull y Eduard Fernández, pero destacan los niños, sobre todo Francesc Colomer, fantástico como el centro donde convergen otros personajes y a través de cuya mirada descubrimos secretos y traiciones, las mentiras que ocultan los adultos, incluso los más idealizados, empezando por su propio padre, al que adora hasta que... El gesto duro que muestra en el cartel anunciador es el perfecto resumen de la película: me habéis robado la inocencia, me habéis mentido, pero voy a construir mi futuro lejos de vosotros, sobre esas cenizas en las que habéis convertido los sueños y aspiraciones de tantos como yo, marcados para siempre.
Hay sordidez en esas casas oscuras y frías con puertas cerradas, fotos que esconden secretos y rincones casi sagrados. Los amos han huido y han dejado a muchos en la obligación de buscarse la vida criando pájaros o trabajando en fábricas. No hay nada idílico, incluso la naturaleza es dura y salvaje, como esos seres obligados a urdir una nueva mentira para tapar la anterior. Son crueles quizá sin posibilidad de escape. Todo parece confabularse para destruir cualquier esperanza, la oscuridad no es una metáfora sino una realidad opresiva de la que nadie puede escapar. Hay dolor y muerte, venganza, todo tan negro como ese pan que envenenaba las entrañas. No es algo exclusivo de la España de 1944, pero sigue siendo algo muy nuestro que a menudo se nos olvida. Y la memoria ha de servir para algo, para aprender y no repetir tan terribles errores. No soy partidaria de idealizar el pasado ni de falsificarlo para justificar equivocaciones antiguas o actuales, creo que por difícil que sea lograr la objetividad hay que saber que ciertos valores son intocables y que perseguir a los homosexuales, asesinar a los judíos, abusar de los más débiles y perseguir a los que piensan de manera diferente siempre está mal, lo haga quien lo haga.
Pa Negre es una película excelente que espero sea vista ahora por mucha gente gracias a la publicidad de los Goya merecidamente ganados. No es agradable de ver ni cómoda ni complaciente, pero resulta fascinante y altamente recomendable. Quizá me anime a leer la novela en la que está basada.
Aprovecho para recomendaros el comentario que he encontrado en www.jmbigas.blogspot.com sobre ella, es excelente y muy bien documentado.
Pasad estos días de frío lo mejor posible. Un saludo a todos.