sábado, 6 de febrero de 2010

DOS MENOS

Ayer tocaba otra vez teatro. Hay varias obras en cartel que me apetece ver y ésta es una de ellas. Dos menos es la historia de dos enfermos terminales, Julio y Pedro, que deciden escapar juntos del hospital en el que se encuentran ingresados para terminar sus días lejos de esas frías paredes y vivir nuevas experiencias aunque el final sea inminente. Recuerda en su estructura a Fugadas, que comenté aquí hace poco. Son dos tiernos perdedores que se resisten a rendirse, afrontando juntos una difícil situación y solucionando esos asuntos pendientes que todos tenemos con mutuo apoyo.
Héctor Alterio y José Sacristán están sencillamente geniales. Tienen muchas tablas a sus espaldas, tanto en cine como en teatro, y se nota, vaya si se nota. Se hacen dueños del escenario con su sola presencia, con pijama y zapatillas, sin más, en un sobrio decorado que estimula la imaginación, como debe ocurrir en toda obra que se precie. Su madurez es un indudable punto a su favor . Nada que ver con los jóvenes titubeantes que a veces se atreven con papeles que les vienen demasiado grandes. Aquí los dos secundarios no están a su altura: bastante lamentable la chica, mejor él, simplemente cumplen. Do monstruos como Alterio y Sacristán tienen mucho que enseñarles.
Julio y Pedro se ponen a hacer autostop en una carretera en medio de la fría noche. Coinciden con una joven embarazada a punto de dar a luz que ha sido abandonada por su marido, incapaz de afrontar su responsabilidad. Intentan ayudarla y en parte lo consiguen. En su búsqueda del marido encuentran a un fracasado suicida que sale empapado del lago porque los pesos que sujetaban sus tobillos se han soltado. Antes han visitado un caduco salón de baile en el que se marcan unos pasos con una joven que despierta, quizá por última vez, sus deseos más masculinos de conquista y placer al estrechar su cuerpo envuelto en un llamativo vestido rojo.
Si fuera una película sería una road movie, una sucesión de encuentros, peripecias y sobre todo reflexiones y confidencias. En unas horas se conocen, se aprecian y se ayudan. Sus vidas han sido muy diferentes. Uno ha sido vendedor de electrodomésticos y ha criado como propios dos hijos sin saber hasta muy tarde que era estéril. Lo afronta sin amargura, como un sino inevitable. El otro también abandonó a su mujer y a su hijo aún no nacido por pánico y siente que le falta algo. Los dos llegan al final sin darse cuenta, como todos. Cada uno piensa en la muerte del otro para no pensar en la propia, pero no hay humor negro, sino lúcidas reflexiones que invitan a pensar en la situación de cada espectador, al menos en mi caso.
El texto no es redondo, pero Alterio y Sacristán están tan soberbios que no se nota. No hay ternurismo ni mojigatería, son dos adultos enfrentados a su inminente final con serenidad y realismo. Sufren sendas enfermedades que suponen una seria llamada de atención: somos mortales y alguna vez se acabará nuestro tiempo, aunque no queramos pensarlo. Ellos quieren vivir nuevas experiencias hasta el final, y por eso se mueven, salen en mitad de la noche sabiendo que nadie va a echarles en falta. Su breve viaje es una metáfora de la existencia: parar es morir. no quieren quedarse quietos, no hay que rendirse antes de tiempo, nunca.


Julio y Pedro son dos perdedores muy tiernos que no sienten rencor a pesar de los dramas y abandonos que han sufrido. ¿Qué haríamos si supiéramos que nos quedan sólo unos días de vida? La mayoría, vivir a toda prisa lo no vivido hasta entonces y tratar de saldar todas las deudas pendientes. Quizá hemos esperado años sin afrontar ciertos problemas. Nos parece que la vida es una fuente inagotable hasta que, de repente, el chorro se vuelve fino y débil, anunciando el final. Las últimas gotas nos pillan desprevenidos. Tantos años, y han pasado tan rápido, se nos han hecho tan cortos... Siempre hemos dejado algo para mañana, o no hemos estrenado una prenda especial esperando la ocasión apropiada , o hemos pospuesto la resolución de un conflicto familiar, o no hemos dado todo el cariño necesario a los demás. Se ha escrito tanto sobre la muerte, desde tantos puntos de vista... Siempre nos causa temor hablar de ella, acudimos a los tanatorios, tan asépticos y bastante lujosos algunos, con prevención y respeto, preguntándonos acaso si seremos el siguiente. Pocos dejan preparado lo que quieren para su despedida de este mundo. Yo siempre siento un nudo en la garganta cuando leo ese poema de Juan Ramón Jiménez que empieza diciendo: "Y yo me iré...", o cuando escucho la canción de Serrat en la que se pregunta quién regará su huerto cuando él ya no esté. Todos aspiramos a la inmortalidad siendo irremediablemente mortales. Queremos, como Manrique, seguir vivos en la memoria de quienes se quedan aquí, y en cierto modo así es. Quienes ya hemos sufrido dolorosas pérdidas sabemos lo que es hablar de los muertos, mejor dicho, comprobamos cuán diferente es su recuerdo en unos y en otros, como si habláramos de personas diferentes. Acaso seamos así, variados y poliédricos, con múltiples facetas que nadie conoce en su totalidad.
Recuerdo este planteamiento en una novela que fue antes una exitosa serie de televisión, Hombre rico, hombre pobre. Tras la muerte de Tom a manos del sanguinario y cruel Falconetti (qué joven era yo entonces, santo cielo, pero cómo lo recuerdo) su hijo busca a cuantas personas le conocieron y trataron para saber cómo era ese hombre al que apenas conoció. Algunas le amaron, otras lo contrario. Si repetimos la experiencia nos ocurrirá lo mismo.
Luis Carandell recogió cientos de epitafios a cuál mas curioso. Ahora en la Red navegan muchos correos con el mismo motivo. Los hay curiosos, divertidos, ocurrentes, tristes... Uno muy realista dice: Como te veo me vi, como me ves te verás. Y es famoso eso de: "Yace en esta losa dura/ una mujer tan delgada/ que en la vaina de una espada/ se trajo a la sepultura". La muerte, tema inagotable...


Sacristán y Alterio son dos actores excepcionales, cómplices maravillosos en la escena, sobrados de recursos y dueños de unas voces trabajadas y profundas que son gran parte de su encanto. Grandes profesionales, no necesitan más que un buen texto (y si es mediocre lo engrandecen) para mantener atentos a cientos de espectadores (el teatro estaba lleno) y arrancarles risas y reflexiones por igual. Es la magia del teatro, que sigue vivo, pese a todo lo que le amenaza. No me cansaré de acudir a él cuanto me sea posible y de animar a los demás a que hagan lo propio. En España tenemos grandes actores que debemos aprovechar. Casi todas las obras de éxito realizan giras que acercan a muchas ciudades este lujo ya no exclusivo de las grandes capitales.
Tras el teatro, después de esperar infructuosamente la salida de los actores para felicitarles, mi amiga y yo convencimos a mi marido para que nos acompañara a cenar. Nos conformamos con unos deliciosos bocatas de calamares en El Brillante, mundialmente famoso, y unas copas sin alcohol (volante obliga) en un sitio encantador, tranquilo y elegante sin resultar excesivo. Fue una velada estupenda, un perfecto remate de la semana. Adoro la conversación reposada, la compañía de personas amadas, esa sensación de plenitud y felicidad que provoca sentirse querido, poder hablar de cualquier tema con libertad . Eso no tiene precio.
Ahora mismo vuelvo a ver a Sacristán en "El viaje a ninguna parte", amarga y lúcida crónica de aquellos cómicos de la legua que sorevivían a duras penas yendo de pueblo en pueblo desgranando versos y obras de todo tipo a cambio de unas míseras pesetas. Dios, este hombre siempre ha sido genial...





Os dejo con unos versos de Borges incluidos en el programa de mano:
El porvenir es tan irrevocable
como el rígido ayer. No hay una cosa
que no sea una letra silenciosa
de la eterna escritura indescifrable
cuyo libro es el tiempo. Quien se aleja
de su casa ya ha vuelto. Nuestra vida
es la senda futura y recorrida.
El rigor ha tejido la madeja.
(...)
La firme trama es de incesante hierro,
pero en algún recodo de tu encierro
puede haber
una luz, una hendidura.

Feliz semana a todos, si es posible, con teatro.



14 comentarios:

Novicia Dalila dijo...

Pues me la voy a apuntar, aunque nosotros salimos poquísimo y creo que sólo un par de veces hemos ido al teatro, pero esta me la apunto porque ambos actores,por separado, me encantan, aunque José Sacristán más, así que juntos debe ser una delicia verles.
Hay una película yanki bastante reciente, que ahora no recuerdo como se titula, y que protagonizan Jack Nicholson y Morgan Freeman que va un poco de lo mismo. Ambos terminales, en el hospital, uno de ellos con mucha pasta, que deciden vivir a tope lo que les queda de vida y enmendar lo que hicieron mal, antes que morir atados a la cama del hospital.
Estoy convencida de que este tema, en el directo del escenario y de la mano de estos dos grandes actores que nos traes hoy debe ser el no va más.
A ver si sacamos una noche para escaparnos...

Un beso Yolanda, y feliz domingo

Joselu dijo...

¡Qué dientes largos me pones con tus críticas teatrales y cinematográficas! Pero el teatro tiene algo de asignatura pendiente. Durante un tiempo hice mis pinitos en el teatro. Fueron tres años apasionantes e iba a ver obras dramáticas dos y tres veces por semana. Pero desde que dejé el teatro como actor me quedó una espina clavada. Pienso que mi vocación no realizada es la de ser actor. Esta obra que reseñas Dos menos tiene todos los alicientes para seducirme en esa pugna actoral entre estos dos maestros de las tablas. Pero seguro que esta obra no vendrá a Barcelona por motivos a los que he aludido en otras ocasiones y no quiero repetir. En cuanto a El viaje a ninguna parte ¿qué decir? Que es espléndida, que es imaginativa, profunda, sorprendente, tierna, entrañablemente humana... La vi no hace mucho y me dejó maravillado, más teniendo el teatro itinerante como tema. ¡Cuántas vocaciones tiene una vida y qué poco se resuelven con el paso de los años! La muerte es un tema que me seduce. Vi hace unos años un curso que tenía como centro la experiencia de la muerte analizada desde distintos puntos de vista aunque ninguno protagonizado por alguien que la hubiera vivido en directo. Y me quedé con las ganas de asistir, pero cuando me enteré ya se había acabado. La muerte es un misterio y nuestra ansia de trascendencia también. Y no tengo claro si después hay luz o no. Pero eso no debe condicionar nuestra única vida a nuestro alcance. Un abrazo, colega.

amalia dijo...

Hola Yolanda....yo soy un poco como Jesús (el colega que te escribe en el blog). Ya sabes que soy un poco "payasa"....siempre me ha atraído el teatro y, por fortuna, voy bastante...pero a lo que íba....al gustarme siempre el teatro, me hubiera gustado interpretar teatro, hacer teatro...me encanta interpretar, hacer papeles, teatralizar, meterme en la piel de personajes, contar historias, ....pero nunca lo he hecho en plan serio y, confieso, es mi asignatura pendiente.
En fin guapa ya ves, no sé si a la vejez me llegará mi oportunidad de subirme a un escenario pero ahora el único escenario que tengo es el de mi clase, el "interpretar" lecciones a mis enanos de segundo de primaria....y, francamente, ahora es lo que hago con mucho gusto.
Un abrazo guapa y un besazo para tí. Recuerdos a los colegas de por ahí!!!!!

Yolanda dijo...

Novicia, la obra termina hoy en Madrid, no sé si volverán a ir de gira, así que estáte atenta. Te gustará porque los dos son geniales.
Ya leí la comparación con la película que dices, aunque no la vi, pero parece que no tienen mucho que ver. Cuando la pasen por la tele podré opinar.
Un beso.

Yolanda dijo...

Joselu, creo haber oído decir a Sacrista´n en una entrevita que van a ir a Barcelona, así que a lo mejor tienes suerte y les ves, merece la pena.
Se me olvidó decir en la crónica que hay una escena de "Tío Vania", de Chéjov, la final, en la que también se habla de la muerte y dice que no han sido felices ni han conocido la alegría, pero que por fin descansarán (o algo así; si conoces la obra lo sabrás mejor que yo).
Supongo que en Cataluña el problema con el teatro es que debe ser en catalán, ¿no? Políticas aparte, que muchas veces lo fastidian todo, creo que es un error cercenar cualquier acto cultural en español en otras autonomías. Bien está defender el catalán, pero no hasta ese punto.
Ya he empezado a buscar obras para mis alumnos para la Semana Cultural, pero de momento no encuentro lo que necesito.
Supongo que ser actor es maravilloso, ¿por qué no vuelves a intentarlo? Con la de grandes obras que se pueden representar...
En cuanto a la muerte, qué te voy a contar... Da para muchos posts. No eludo el tema, pero me niego a ser demasiado pesimista.
Un fuerte abrazo, colega.

Yolanda dijo...

¡Amalia, colega, qué alegría volver a saber de ti! Seguro que erías una actriz estupenda. Todos los maestros sabemos actuar porque hay que llamar continuamente la atención de los niños con mil recursos y sabemos cambiar la voz, movernos, declamar... ¡Servimos para todo! Mira el caso de María Galiana, es una actriz estupenda que empezó en serio tras jubilarse, así que tú puedes hacer lo mismo.
Oye, a ver si me llamas para vernos, que ya va siendo hora, y mira que estamos cerca... Dentro de poco queremos hacer una salida por Madrid, si quieres te aviso.
Cuídate mucho. Un beso.

Clares dijo...

La vi anunciada en Madrid, pero ya ves, no se puede estar a todo, menos aún si vas a la capital para un par de días, y de celebración de aniversario.
Ese dicho de la mujer flaca me ha recordado uno infantil que decía: "Doña Bárbara Braganza/ tan alta y flaca vivía,/ que mandó su señoría/ enterrarse en una lanza./ Y aún hubo dificultad,/ pues de lo ancho sobró/ y de lo largo faltÓ/ la mitad de la mitad".
Los dos actores que hacen esta comedia triste son realmente muy buenos, a mi parecer, aún mejor Héctor Alterio, pero es cuestión de gustos. No nombras al autor de la obra, y me gustaría saber quién es. Creo que me perdí algo bueno, pues la representación de esa especie de road movie en teatro tiene sus dificultades de representación.

Fernando Manero dijo...

La vi en el Teatro Calderón de Valladolid a finales del pasado año. Me impresionó, por el argumento, por, la interpretación, por el fondo de la trama. Lo analizas perfectamente, mejor aún que la guia que se distribuyó entre el auditorio. Es de las obras que te reconcilian con el teatro, que te hacen comprender la magia de la palabra desde un escenario que jamás se agota. No me interesa la muerte, sino la vida como expresión de una voluntad a favor de seguir aprovechando lo que de sí da la vida aunque se sienta amenazada. Espléndida entrada.

Miguel dijo...

Magnífica como siempre tu crónica. Y tu comentario posterior. Por una parte tengo que decirte que estos dos actores son unos actorazos que hacen que el arte de los cómicos sea cada vez más grande. Y por otra parte tengo que anotar mi particular visión sobre algo tan llevado y traído como es el tema del fin, de la muerte. Yo no sé qué haría si supiera que me quedan pocos meses de vida. Yo sé que tengo muchas, pero muchas cosas por hacer, pero me lo tomo con calma. Si tuviera que hacerlo con rapidez, seguro que no me aclararía. Prefiero mirar al futuro de una manera sosegada y sin prisa. La muerte, esa compañera con la que acabamos todos yéndonos de la mano no se sabe dónde, es algo que no está presente en mi vida; no me gusta pensar en la muerte, pero a veces, sin querer, pienso en qué habrá más allá del óbito. Y a veces me siento tentado de pensar que sí que habrá lago. No lo sé.

Un abrazo colega.

Yolanda dijo...

Clares, normal que con la oferta teatral de Madrid te hicieras un lío, es imposible abarcarlo todo. Basta que te interese algo para que no puedas ir, bien por falta de entradas o porque te enteras tarde. Ya ves, el sábado actuará Mª Dolres Pradera en Pozuelo, pero ya están las entradas agotadas.
Gracias por la copla, la apuntaré.
El autor de la obra es Samuel Benchetrit, no sé si te dice algo.
Si vuelves por aquí, busca antes lo que quieres para ir sobre seguro. Habrá crisis, pero yo he ido cinco veces al tatro este curso y siempre estaban las salas prácticamente llenas, lo cual es de celebrar.
Un saludo.

Yolanda dijo...

Fernando, celebro que nos gustara tanto a los dos la obra y que te guste mi entrada. La actuación de esta pareja es excepcional.
He tenido suerte con todo lo que he visto este año, ninguna me ha defraudado. Y te digo lo que a Clares: las salas estaban casi al completo, ¡bien por el teatro!
Todo lo relacionado con la muerte nos interesa, aunque no sea un tema grato. Lo importante es vivir y vivir lo mejor posible hasta el final, si se puede. No sé si tiene mucho sentido pensar en la propia muerte. Recuerdo, por ejemplo, la película "La escafandra y la mariposa" o cualquier otra que trate el tema de la eutanasia. Pocos quieren vivir sabiéndose un estorbo para los demás, o sufriendo, o incapacitados. Cada uno debe poder decidir cuándo y cómo terminar. Muchos hasta nos niegan esa libertad. Esta pareja decide aspirar las últimas bocanadas haciendo algo útil: primero, huyendo, moviéndose; segundo, solucionando temas pendientes. Demuestran coraje y valentía en lugar de desesperación, toda una lección para quienes se rinden ante problemas más pequeños.
Un saludo.

Yolanda dijo...

Miguel, es una pena que no puedas ver la obra. ¿Recuerdas "Mi vida sin mí"? Me hizo llorar, y eso que iba avisada. No quiero pensar en lo que me queda por hacer, prefiero vivir cada día lo mejor que puedo. Hoy he tenido un día regular, ya sabes que los chavales son así, tienen días insoportables, pero seguro que mañana será mejor. ¿Cambiaría algo saber el momento exacto del final? No lo sé. Cuando mi madre iba a morir una tía suya, muy religiosa, estuvo un rato con ella para que se preparara para el final, según su punto de vista. Cuando mis hermanos se enteraron montaron en cólera, la llamaron de todo. ¿Hay que hacer balance? No lo sé. ¿Hay otra vida? Yo creo que no, pero ya conoces el chiste: ¿Por que hay tantos funcionarios ateos? Porque no creen que exista una vida mejor en el Más Allá. O lo que cuentan que dijo Bette Davis al cura que fue a verla cuando estaba a punto de morir: ¿Qué le voy a decir a usted, si tengo una cita inminente con su jefe?
Aún tenemos que dar mucha guerra, colega. Un abrazo.

María dijo...

Pero qué buenos artistas son.

Voy a anotarla en mi agenda, para tenerla en cuenta.

Te agradezco mucho que nos hayas comentado sobre ella.

Un besazo.

caperucitazul dijo...

Me encantaría poder ir a verla, después de leer tu crítica, aunque últimamente a Murcia llega muy poco con el teatro Romea cerrado y el Teatro Circo en eterna construcción...es una pena, en fin. Héctor Alterio y Sacristán siempre me han parecido geniales, el segundo por lo buen actor que es, el primero no sé si por esto o porque el simple hecho de tener acento argentino me derrite..jajaja. Un saludo ;)