domingo, 19 de abril de 2009

LA CIGARRA Y LA HORMIGA

Mañana empieza en mi cole la Semana Cultural. Coincide con el Día del Libro y por ello organizamos diferentes actividades relacionadas con esa celebración. Cada año tiene un tema diferente: un año fueron los cuentos infantiles tradicionales, otro Julio Verne, el pasado los juegos populares... Este año la hemos dedicado a la gastronomía (ahora que se han cargado mi taller de cocina, a buenas horas, mangas verdes...) Tenemos carteles de nuestra mascota Superleo, concurso de lemas, concurso de cuentos, exposiciones en los diferentes pabellones, visitas de autores, cuentacuentos, mercadillo de libros, elaboración de marcapáginas... Un aluvión de actividades y una trabajera de mucho cuidado, como os podéis imaginar. El último día los padres pueden ir a verlo, porque de eso se trata, de "vender" el colegio en estos tiempos de tanto desprestigio para la enseñanza pública.
Yo preparo los cuentacuentos con mis alumnos. Busco cuentos, obritas o poemas que puedan escenificar y que supongan un atrezzo mínimo para no complicarlo demasiado. Les encanta pasar por las clases para que les vean sus compañeros. Creo que a veces somos compartimentos estancos, sin comunicación apenas, y el intercambio siempre es positivo y bonito. Este año repito con ellos una versión que escribí hace tiempo de la fábula de La cigarra y la hormiga. Os la transcribo por si a alguien le gusta y quiere aprovecharla.
LA CIGARRA Y LA HORMIGA
(VERSIÓN LIBRE)

Un caluroso día de verano, una cigarra cantaba sin parar debajo de un árbol. No tenía ganas de trabajar, sólo quería disfrutar del sol y cantar, cantar y cantar.

Pasó por allí una hormiga que llevaba a cuestas un grano de trigo muy grande. La cigarra se burló de ella:

-¿Adónde vas con tanto peso? ¡Con el buen día que hace, con tanto calor...! Se está mucho mejor aquí, a la sombra, cantando y jugando. Estás haciendo el tonto. ¡Ji,ji,ji...!- se rió la cigarra.- No sabes divertirte.

La hormiga no hizo caso y siguió su camino silenciosa y fatigada. Pasó todo el verano trabajando y almacenendo provisiones para el invierno. Cada vez que veía a la cigarra, ésta se reía y le cantaba alguna canción burlona:

- ¡Qué risa me dan las hormigas cuando van a trabajar! ¡Qué risa me dan las hormigas porque no pueden jugar!

Así pasó el verano y llegó el frío. La hormiga se metió en su hormiguero calentita, con comida suficiente para pasar todo el invierno, y se dedicó a jugar y estar tranquila. Sin embargo, la cigarra se encontró sin casa y sin comida. No tenía nada que comer y estaba helada de frío. Entonces se acordó de la hormiga y fue a llamar a su puerta.

-Señora hormiga, como sé que ene tu granero hay provisiones de sobra vengo a pedirte que me prestes algo para que pueda vivir este invierno. Yo te lo devolveré cuando me sea posible.

La hormiga escondió las llaves de su granero y respondió enfadada:

-¿Crees que voy a prestarte lo que me costó ganar con un trabajo inmenso? ¿Qué has hecho, holgazana, durante el verano?

- Ya lo sabes- respondió apenada la cigarra.- A todo el que pasaba, yo le cantaba alegremente sin parar un momento.

- Pues ahora, yo como tú puedo cantar: ¡Qué risa me dan las cigarras que no pueden comer! ¡Qué risa me dan las cigarras que van a pasar frío!

A partir de entonces, la cigarra aprendió a no reírse de nadie y a trabajar un poquito más.

Y ésta es la fábula original, la que escribió La Fontaine. Pero nosotros hemos pensado que la historia puede tener otro final más solidario.

La hormiga estaba en su hormiguero, calentita y tranquila, leyendo un libro y escuchando música. Un día, la cigarra, muerta de frío y de hambre, llamó a su puerta.

- ¡Hormiga, hormiga, déjame pasar, que tengo frío y hambre!

- Ah, ¿conque ahora quieres comer de lo que yo he conseguido trabajando durante todo el verano?

- Si me haces el favor...

- ¿Pero tú no te burlabas de mí mientras yo trabajaba duramente al sol y tú sólo cantabas y cantabas? ¡Pues ahora te aguantas!

- Por favor, hormiga, déjame pasar. Te prometo que te ayudaré si me das cobijo y comida. Además cantaré para ti para hacerte más agradable el invierno.

- Ya, pero eso no es suficiente. Tendrás que ayudarme también a limpiar el hormiguero y a hacer la comida, porque para comer hay que trabajar.

- Bueno, vale, está bien... Es justo que comparta todo contigo, el trabajo y la comida.

- Si te comprometes a ayudarme y hacerme compañía podemos pasar el invierno juntas. Pero aprende bien la lección: hay que colaborar y trabajar con los demás para que todos podamos comer y llevarnos bien .

Y así fue. La cigarra y la hormiga se hicieron amigas y trabajaron juntas desde entonces.

Y para que veáis que predicamos con el ejemplo, aquí tenéis un obsequio de parte de las hormiguitas trabajadoras de 5º PORQUE HAY QUE COMPARTIR (los niños reparten caramelos entre el público).

Escribí esta versión porque siempre me pareció una fábula con una moraleja injusta y cruel. No sé si recordáis que en la película Los lunes al sol Javier Bardem también la critica en una escena. Creo que muchos cuentos y fábulas necesitan una revisión, algo que ya han hecho otros autores. En cualquier caso, ya os contaré si tenemos éxito (representan otras dos cosillas también). Ah, el martes nos visitará Concha López Narváez, una mujer encantadora, y el miércoles Pilar Molina. Feliz semana a todos.


6 comentarios:

Joselu dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Joselu dijo...

Sin embargo, a mí esa crueldad de los cuentos o canciones tradicionales me parece muy sugerente. Hoy queremos que todo se ajuste a nuestro sistema de valores moralmente aceptable, pero la realidad del mundo, en su profunda verdad, es que el fuerte nada por encima y se come al chico, que la solidaridad es una palabra muy minoritaria en un mar de indiferencia, que África se hunde y se hunde ante la frialdad general, que los pobres se joden sin que nada les salve, que el mundo en líneas generales es abyecto y que se mueve por intereses. Querríamos que los cuentos y la escuela fueran maravillosos y solidarios, pero lo que está fuera no es así, y nunca el mundo ha sido tan injusto desde que nos hemos dedicado a tejer una imagen presuntamente solidaria del mismo. No sé si una cosa es consecuencia de la otra, pero sí que hubo un tiempo en que los hombres no estaban obsesionados por parecer mejores de lo que eran (se reconocían malos y crueles), pero eran más auténticos, y había compasión. Hoy esto ya no existe. Somos presuntamente buenos, pero no lo somos. Queremos construir un mundo a la altura de nuestros deseos pero el mundo ni nosotros somos como los personajes del cuento. Por eso esa negrura y esa crueldad de los cuentos de antaño me parece más real que la de todos buenos de ahora.

Por cierto hay una peli muy interesante (a mí me gustó mucho): "Déjame entrar". ¿Me habré adelantado esta vez? También vi "La sombra del poder" que me pareció bien pero ni punto de comparación con la poética de la película sueca. Un abrazo, colega.

Yolanda dijo...

Joselu: Es cierto que el mundo actual es cruel e injusto, pero la pregunta del millón sigue siendo la misma: ¿enseñamos a nuestros alumnos a manejarse en esa realidad o intentamos inculcar en ellos otros valores? Los maestros seguimos creyendo que nuestro trabajo incluye en buena medida formar buenas personas, qué te voy a contar que tú no sepas. Gran parte de las clases están dedicadas a solucionar conflictos y a presentar modelos moralmente válidos. ¿De qué moral estamos hablando? ¿Hay que abandonar los ideales y endurecerse, porque es lo que ayuda a sobrevivir? La verdad es que no lo sé. No quiero engañar a mis alumnos, intento no mentirles, pero no quiero que salgan de las aulas pensando que la solidaridad es un valor estúpido o que la justicia no existe. En los cuentos abundan los finales felices, no como en la vida. ¿Deben aprender ya desde pequeños que sobreviven los más fuertes, que la comprensión es un bien obsoleto, que la colaboración con los demás lleva al abuso? Por desgracia, muchos aprenden ya demasiado pronto la crueldad del mundo que les rodea: maltratos físicos y sobre todo psicológicos (las separaciones son una terrible muestra), abandono, dejadez, desinterés por parte de los padres, paro, enfermedad, muerte... No pretendo que vivan en una burbuja a salvo de todo eso, quiero hacerles ver que hay una salida y una forma de defenderse de ello o incluso de solucionarlo.
Te veo muy pesimista, yo tampoco veo un futuro de color rosa, ni mucho menos, pero cada día me trae un motivo para creer que está en manos de cada uno mejorar nuestro entorno, por pequeño que sea. Hoy mismo ha ido una antigua alumna de 28 años a matricular a su hijo, lo que me hace sentir una especie de abuela (ya hemos tenido más casos). Hemos charlado brevemente y hemos recordado compañeros y anécdotas de aquella lejana época de EGB, cómo pasa el tiempo... Y pasa para todos, evidentemente. El empuje y cierta inconsciencia de la juventud deja paso a una mayor sensatez y a una calma más productiva. Siguen doliendo los reveses, pero algunos se ven venir y te da tiempo a apretar los dientes y el estómago para soportar mejor el golpe. De todas maneras, qué forma tan interesante tienes de plantear un debate sobre este tema. Pensaré más sobre ello.
Yo también vi "La sombra del poder" y me gustó bastante, pero por esta vez no la he comentado. Me resisto a ver "Déjame entrar" por si me encuentro un producto de terror adolescente, género que me espanta, pero tu recomendación y otras críticas que he leído quizá me hagan cambiar de opinión. Si puedes, cuéntame algo más sobre ella.
Gracias por tu comentario. Un abrazo, colega.

Clares dijo...

Hola, Yolanda, y enhorabuena por ese magnífico trabajo y por el cuento que es una monería. De todos modos, yo estoy con Joselu en que la violencia y la crueldad en los cuentos tradicionales tiene sentido y,aunque no soy contraria a recreaciones y nuevas interpretaciones, tampoco me importa conservarla en los cuentos que le cuento a los pequeños de la casa. Es complicado de explicar, pero te resumo que esa violencia es simbólica y así la interpreta el niño. Una de las muchas funciones del cuento tradicional es precisamente la elaboración de la violencia como símbolo y la descarga psíquica de tensiones. Otra es la educación profunda de los sentimientos y la autoafirmación de la psique propia. No sé si habrás leído un libro como "Mujeres que corren con los lobos", o "Morfología del cuento", de Propp. Esos te los recomiendo si no los has leído, porque si te gustan los cuentos tradicionales, vas a estar encantada de análisis tan acertados.
Que disfrutes mucho de tu trabajo y que todo salga a pedir de boca.

Joselu dijo...

Siguiendo con el tema iniciado, me inquieté cuando me enteré que una maestra de infantil dramatizaba a sus alumnos el cuento de Caperucita roja haciendo que al final la niña, el lobo y la abuelita se hacían amigos y nadie se comía a nadie porque todos eran buenos. Eso no me gustó. La magia de ese cuento estriba en su crueldad, en que el lobo se come a la abuelita y a Caperucita con todo lo que a nivel de símbolos implica que es riquísimo (por eso ese cuento pervive y es el más popular entre todos). Al final llega el cazador y le abre la barriga al lobo y saca a la abuela y a caperucita indemnes. Es cruel, pero a nivel simbólico es interesante. El cuento de Hansel y Gretel por otro lado es de una negrura pasmosa. Los padres que no pueden mantener a los hijos y los abandonan en medio del bosque... Es terrible. Es un cuento oscuro y espantoso, pero bello. Temo en qué se puede convertir si lo arreglamos para que sea solidario y de acuerdo a nuestros valores. Hoy día parece que los únicos cuentos políticamente correctos son los de niños que van al supermercado con su mamá. Y hubo un tiempo en que los niños se estremecían con relatos espantosos, pero a la vez asimilaban la poesía del mundo en la que no está lejos también la zozobra, el miedo, el sentimiento de injusticia, el dolor, la muerte. La escena de Bambi cuando muere su madre es desgarradora. No sé si ahora se haría algo semejante. Es para echarse a llorar. La corrección política es una tendencia esterilizante aunque ha llegado a ocupar en nuestras vidas un espacio ya difícil de evitar. Un abrazo, colega y perdona por mis largas reflexiones.

Miguel dijo...

Yo creo que los cuentos son como son y así están bien. Son crudos y justicieros. Y ese de la Hormiga y la Cigarra es real como la vida misma. En la vida pasa así, el que con su esfuerzo ha logrado algo no tiene compasión del inepto que no ha conseguido nada. No debemos edulcorar la realidad en la escuela y presentar idílicos mundos donde reina la solidaridad y los buenos sentimientos. Debemos ensalzar, sin embargo, las buenas maneras y los actos amorosos, pero no tenemos que olvidar la cruel enseñanza de este cuento; no habrá piedad para aquel que no cumpla con su obligación de trabajar. Se morirá de hambre y nadie le ayudará.

Un abrazo.