sábado, 5 de diciembre de 2009

Me resistía a ver Buscando a Eric, a pesar de estar firmada por Ken Loach, porque el fútbol no es precisamente mi deporte favorito, pero no tenía muchas más opciones interesantes, y la verdad es que me hizo pasar un rato estupendo. Cuenta la historia de Eric, un cartero de Manchester cuya vida es un desastre. Dejó a su primera mujer, Lily, el amor de su vida, apenas nacida su hija, incapaz de soportar las duras críticas de su padre y de afrontar su responsabilidad, y su segunda mujer le abandonó hace siete años dejándole a sus hijastros, dos adolescentes vagos, rebeldes y sucios que llenan su casa de amigotes y trastos sin ningún respeto. Su hija le pide que durante unas horas al día cuide a su bebé, mientras ella termina su tesis univrsitaria. Eso supone ver a su ex-mujer, lo que le causa tal choque que provoca un accidente por conducir en dirección contraria. No sufre heridas graves, pero su situación anímica es angustiosa. Sus amigos carteros tratan inútilmente de animarle. En su habitación tiene un póster de Erica Cantona, antiguo jugador del Manchester, su gran ídolo, y se pregunta qué haría él en su situación. Fumando porros robados a uno de sus hijastros se le aparece el propio Eric, que le da una serie de consejos muy razonables, le anima y se convierte incluso en su entrenador personal. Así se atreve a hablar con Lily , aunque tarda mucho en decirle lo que piensa realmente, cambia de hábitos y de aspecto y con ayuda de sus amigos carteros libra a sus hijastros de la peligrosa influencia de un mafioso que les ha metido en un buen lío. ¿Final feliz? Ah..., quién sabe...

Parece que la idea de la película fue del propio Eric Cantona, que según cuentan sigue levantando pasiones allá donde aparece. Se interpreta a sí mismo en la película y parece un hombre sanote por fuera y por dentro, feliz, razonable y sensato. Me chocó porque no es ésa la idea que yo tengo de la mayoría de los futbolistas, endiosados y soberbios hasta decir basta sin motivo, sólo por ser ascendidos a la categoría de "galácticos" y generar ingresos millonarios, aparte de ser mejores o peores jugadores, algo que soy incapaz de juzgar. Cantona, francés, parece todo lo contrario. Él, o la idea que su tocayo tiene de él, es lo que salva al cartero. Ken Loach vuelve a mostrar el mundo obrero británico, el escenario de casi todas sus películas (las duras Ladybird, Ladybird, Lloviendo piedras, Tierra y libertad o Agenda oculta, que le han dado merecida fama) . Se le reprocha que siempre habla de lo mismo. Bueno, ¿y qué? Sus personajes son verídicos, reales, los actores parecen realmente quienes son en la película. Su mundo es humilde y profundamente humano. No hay lujos ni falsos idealismos, decorados de cartón piedra o irritante glamour. Pese a ello, la amistad se erige como el gran valor de la película y de sus vidas; la unión salva a la familia de Eric en una escena memorable. Es curioso, recordé cómo en El secreto de sus ojos es precisamente la pasión por un equipo lo que lleva a la detención del asesino. Ambas películas no tienen nada en común salvo ese detalle.

Me encantaron los personajes, tan de la calle, del día a día, tan corrientes y tan entrañables. Charlan en torno a unas cervezas y hacen sesiones de autoayuda de lo más cómico. Nunca abandonan a un amigo, incluso en las situaciones más comprometidas. Eric es un hombre inteligente que sufre crisis de pánico que le impiden tener relaciones sentimentales duraderas y reacciona escondiéndose, tomado cervezas con sus amigos y yendo a los partidos para no pensar en nada. La película es una historia sobre la amistad y sobre cómo aceptarse a uno mismo. Es una película contra el individualismo: se es más fuerte en grupo que solos.
Ken Loach sólo tiene palabras de elogio hacia Eric Cantona. Es un apasionado del fútbol . Según él, ir a un partido es un acto muy social. En él estallan todas las emociones y todas nos afectan: la esperanza, la alegría, la pena, el dolor, la decepción, el suspense, el suplicio, una sensación maravillosa cuando el balón entra en la portería. Supongo que hay que ser futbolero empedernido para compartir estos sentimientos. Yo siento todo eso leyendo ciertos libros, escuchando músicas que me llegan a lo más hondo (el sentido del oído es el más sutil y más fuerte a la vez), asistiendo a conciertos que me impactan, viendo películas interesantes, viviendo situaciones con fuerte carga emocional... A veces quisiera sentir esa exaltación del hincha, pero no alcanzo a entender la fuerza de atracción de un equipo, ni mucho menos comprendo los extremos patéticos y terribles a los que pueden llegar: insultos al contrario, provocaciones a la autoridad, agresiones a menudo graves... Hay quien justifica todo eso, yo no puedo hacerlo. Sin embargo, también reconozco que puede dar origen a obras estimables, pero no es lo normal. Hace años compré unos cassettes (tiempos aquéllos...) con unos Cuentos de fútbol narrados por Pepe Domingo Castaño, Paco González y J. Ramón de la Morena, entre otros, con textos de Delibes, Benedetti, Fernán-Gómez... Una rareza con su puntito de original calidad.
En cualquier caso, sí comparto la tesis de la película: los amigos son una ayuda y un apoyo inestimables que pueden llegar a salvarnos la vida de modo no sólo metafórico, un tesoro de valor incalculable. Es cierto que la unión hace la fuerza y que contar con un hombro amigo no tiene precio. Cuidarlos es vital, aunque no siempre resulte fácil. No siempre es sencillo ser buen amigo. La amistad puede ser la mejor medicina y nos libra de la soledad. Una vez un amigo me llamó para decirme: "Sólo quería saber que estabas ahí". Y estaba, en efecto. La amistad se forja con confianza y sinceridad. Yo aprecio como un verdadero lujo las ocasiones en las que puedo hablar con un amigo durante horas, tranquilamente, sin tener que medir las palabras, sacando todo lo que llevo dentro y que a veces hace tanto daño. La relación amistosa entre mujeres es especial, llegamos a un grado de intimidad que los hombres no entienden. Creo que ellos se cuentan otro tipo de cosas. Y, desde luego, creo que es perfectamente posible la amistad entre un hombre y una mujer sin sexo de por medio.
Feliz puente a todos.


8 comentarios:

Lola dijo...

Que bonita la amistad Yolanda. Creo como tu que es necesaria y muy precisa para la vida.
A mi siempre me ha gustado el futbol pero ahora ya menos, así y todo iré a ver la peli que creo que me va a gustar. Un beso Lola

Miguel dijo...

A mí siempre me ha llamado la atención la diferente manera de demostrar la amistad que tienen los hombres y las mujeres. Los hombres nunca se acarician, y las mujeres sí. Los hombres no se besan, y las mujeres sí. Los hombres no se cuentan intimidades y debilidades, y las mujeres sí. Dos amigos no irían nunca solos a una playa, y dos amigas, sí. Y así diría un largo etcétera. Yo confieso que cuando tengo un problema siempre se lo cuento mil veces antes a una amiga que a un amigo. No sé si es educación, o es instinto... no lo sé. Pero lo cierto es que los hombres lo tenemos más difícil entre amigos que las mujeres. A los hombres no nos gusta demostrar debilidad delante de otro hombre. Esto es cierto. Por eso cuando tenemos delante a un amigo tratamos de disimular nuestra debilidad, y en cambio, delante de una mujer es más fácil abrirse y contar el problema; es seguro que ella te escuchará y te confortará.

Yolanda dijo...

Lola, la película te gustará porque trata el fútbol como fondo, pero lo importante es la amistad del cartero con sus colegas. Te hará pasar un buen rato, seguro.
Un beso.

Yolanda dijo...

Miguel, es cierto todo lo que dices sobre la amistad, los hombres y las mujeres. No sé si recuerdas el comentario que hice cuando vi "Te quiero, tío", también toca las relaciones hombre-mujer y hombre-hombre. Es divertida, pero con fondo interesante, nada tontorrona.
Te confieso que a veces no soporto las conversaciones femeninas, cuando hablamos de moda,cortinas o cosas por el estilo. Los hombres suelen ir directos al grano, no se andan por las ramas. Las mujeres podemos ser grandes aliadas, pero también las mayores enemigas si vemos una rival en otra mujer, entonces somos implacables.
Ánimo, que esta semana sólo tiene tres días y el 22 nos podremos olvidar durante muchos días de los alumnos y de las aulas.
Un abrazo, colega.

Joselu dijo...

Es curioso porque yo no soy nada aficionado al fútbol. No entiendo prácticamente nada de lo que pasa en un campo, pero creo que lamento que mi padre no me llevara a ver partidos del Real Zaragoza, el equipo de mi ciudad. Pienso que me he perdido algo, el hecho de no tener unos colores que te entusiasmen. A veces me pregunto que qué padre soy que no soy capaz de transmitirles a mis hijas los colores de un equipo, que yo no tengo. Estoy de acuerdo en que, además de aspectos negativos, hay un montón de positivos en la camaradería, la ilusión, en entusiasmo, la resistencia frente a la adversidad que supone ser seguidor de un equipo. Mi cuñado es del Español y me explica épicamente los partidos, viviéndolos con pasión. Disfruto con él y considero que el españolista es un hincha condenado a sufrir. ¡Mira que lo pasa mal! Tengo la impresión de que me he perdido algo. En cuanto a la amistad entre hombres y mujeres, reconozco que me encuentro mucho más a gusto en el universo femenino que en el masculino. Y desde luego es posible esa amistad sin el sexo de por medio, aunque si está tampoco pasa nada. Con grandes amigas he tenido noches encendidas, y luego se recuerda como una bella historia. Un saludo, colega.

Clares dijo...

No soy aficionada al fútbol, hasta el punto de que si alguna vez miro en la tele un momento de un partido, no sé ni lo que pasa ni me entero de nada. Sin embargo, como toda actividad llevada a cabo por seres humanos, imagino que tendrá su componente afectivo, social, e incluso político y poético. Como Ken Loach me gusta mucho y siempre he salido contenta de ver sus películas, aunque un poco triste en ocasiones, esta navidad iré a ver esta, que promete, según lo cuentas. Tengo ya un montón de recomendaciones tuyas para ver, ya te contaré conforme las cumpla.

Yolanda dijo...

Joselu, pertenecer a un grupo siempre da sensación de fortaleza, de unión. El fútbol no es más que un juego demasiado magnificado, y los clubes son más que la participación en una ceremonia común. Quienes no lo compartimos no lo entendemos. Quizá, como tú dices, nos estemos perdiendo algo importante. A veces sí he echado en falta esa identificación con algo poderoso, en épocas en las que me encontraba muy sola, y busqué un apoyo (que resultó pasajero y falso, por fortuna) en un partido político. Por eso puedo llegar a entender la afiliación a una secta o grupo similar. Cuando estamos perdidos e inseguros somos presa fácil para cualquier grupo organizado (acuérdate de "La ola", por ejemplo). Ya sé que el fútbol no es eso, pero a veces llega a extremos parecidos. Desatar los ánimos es muy fácil, lo difícil es controlarlos. Es una lástima no saber diferenciar deporte y entusiammo de agresividad e intolerancia. Los mandamases de los clubes, sobre todo los grandes, alientan a los extremistas porque caldean el ambiente y exaltan al público. Luego pasa lo que pasa, pero ya es tarde para lamentaciones.
Y en cuanto a la amistad, cualquier variedad vale. Que cada cual elija la suya (la que pueda, la que le dejen o la que desee).
Un abrazo, colega.

Yolanda dijo...

Clares, aprovecha las vacaciones para ponerte al día en cuestión de cine. A veces las buenas películas no duran mucho en cartel, ya sabes que taquilla y calidad no siempre van unidas. Ésta es buena, aunque quizá algo minoritaria, a pesar de ser ligerita, no como la mayoría de Ken Loach. No importa que te guste el fútbol o no, yo ni lo entiendo ni me atrae, pero la película es otra cosa.
Ya me contarás. Un abarzo.