martes, 26 de enero de 2010

LA CINTA BLANCA

Qué ganas tenía de dedicarme a mi querido blog, pero una inesperada subida de tensión arterial me lo impidió. Pasé el fin de semana bastante revuelta, pero ahora parece que mi presión se ha normalizado. Y me pongo tan contenta a escribir pero me encuentro un problema añadido: no sé por qué, no puedo insertar imágenes. Qué habré hecho, no tengo ni idea. En fin, de momento parece que os tengo que privar de las fotos que tenía seleccionadas, ya veremos cómo lo soluciono.
El viernes fui a ver, con gran expectación, La cinta blanca, de Michael Haneke, Palma de Oro en Cannes y creo que preseleccionada para los codiciados Oscar. Me impactó, sencillamente. Tenía referencias sobre la dureza del tema que trata y de las imágenes, en un deliberado blanco y negro, pero eso, lejos de ser un inconveniente, añade profundidad y dramatismo a las dos horas y media que dura la película, que no pesan en absoluto. La sala estaba llena y abundaron los elogios a lo que habíamos visto. El público era adulto, pero creo que es una película para ser vista y comentada por generaciones más jóvenes.
La acción se sitúa en un pueblo alemán en 1913-14, cercana ya la 1ª Guerra Mundial. En un ambiente hermético, dominado por la religión (la figura del pastor protestante es enormemente aterradora bajo su apariencia seráfica), las rectas costumbres y el sometimiento al barón dueño de casi todo el territorio empiezan a suceder hechos extraños y sangrientos que parecen castigos rituales sin motivo aparente y sin conexión entre ellos. La historia avanza lenta pero implacable, entre el suspense y el terror que sugieren, más que muestran, unas duras imágenes con escaso movimiento de cámara. Da la sensación, o eso me pareció, de estar viendo una película rodada en aquella época, tan perfecta me pareció la recreación, el vestuario y los actores, sobre todo los niños y adolescentes, sencillamente perfectos, elegidos tras laboriosas sesiones de selección, como suele ocurrir en estos casos. Son fantásticos, unos tiernos (los menos) y otros aterradores. Me preguntaba cómo podían meterse así en esos papeles unas criaturas nacidas y educadas en la era de la imagen y los avances electrónicos y digitales, tan distinta de aquellos difíciles años en un ambiente rural que no presagiaba nada bueno, como poco más adelante se vio.
A pesar de tanto protagonista infantil, llama la atención la ausencia casi total de gestos cariñosos , salvo el cuidado que un pequeño dispensa a un pajarillo herido y la historia de amor entre el maestro, narrador en su vejez de la historia, y la joven niñera. Sus sonrisas son las únicas, su beso contenido y púdico es un oasis entre tanta aspereza. Hay una crueldad explícita en varios tortazos propinados a los hijos (la autoridad del padre, totalmente indiscutible, permite toda clase de excesos disciplinarios) y otra aún peor, la implícita, la que se adivina detrás de una puerta cerrada y tras unas escenas escalofriantes. O la que asoma en los ojos y en los gestos de los adultos y se refleja en los niños, víctimas inocentes cuyas vidas ya nacen marcadas por la dureza, la incomprensión y la intolerancia, caldo de cultivo de decisiones y sucesos tremendos, no sólo inmediatos, sino posteriores. Esas criaturas fueron más tarde los que engrosaron las filas del nazismo, los que llevaron al límite el dolor aprendido en sus propias carnes porque crecieron sin amor, sin un gesto de cariño, en la peor de las violencias, la doméstica, la que se esconde tras los muros de cualquier hogar en apariencia modélico, la que se ejerce contra los más indefensos, los niños y las mujeres.
La verdad, no del todo aclarada pero sí atisbada, es terrible. No se acaba de explicar pero se ve trágicamente lógica. La violencia engendra violencia, la crueldad no surge por generación espontánea. Crece el odio, las mismas personas que suponen la salvaguarda de los más rígidos valores morales abusan de los más débiles, los acreedores de todo desvelo y cuidado. Golpes, ataduras, castigos, amenazas casi apocalípticas relacionadas con la masturbción (¿os suena el tema?), todo lo sufren sin poder quejarse. Por eso se acaban rebelando del modo más espantoso: son maltratados y castrados psicológicamente y se vengan en quienes son más débiles que ellos porque no pueden hacerlo con los verdaderos culpables. Nacen y crecen en la hipocresía, qué otra cosa podría esperarse de ellos... Según el propio director, su propósito era "presentar a un grupo de niños a los que se inculcan valores considerados como absolutos y cómo los interiorizan. Si se considera un principio o un ideal como algo absoluto, sea político o religioso, se convierte en inhumano y lleva al terrorismo." " En nuestra sociedad, no puede obviarse la cuestión de la violencia. En cuanto a la culpabilidad, crecí en un ambiente judeocristiano donde siempre estaba presente. No es necesario ser malo para convertirse en culpable, simplemente forma parte de la vida cotidiana". "Mi principio ha sido siempre hacer preguntas, presentar situaciones muy precisas y contar una historia para que el espectador pueda buscar las respuestas por sí solo. El arte debe hacer preguntas y no avanzar respuestas que siempre me parecen sospechosas, incluso peligrosas."
La cinta blanca es un puñetazo en la boca de estómagos sensibles. Lo que cuenta no es sólo lo ocurrido en la Alemania inmediatamente anterior a la primera gran guerra (¿es que las otras fueron pequeñas?), es el Mal que sigue existiendo, más o menos maquillado o disimulado. Hay un machismo absoluto, crudelísimo, un desprecio total hacia las mujeres, una autoridad paterna incuestionable ejercida con total impunidad. La escena en la que el médico "vomita", en palabras de Carlos Boyero, todo su asco y su desprecio a su amante es de una violencia verbal inaudita. Y está el poder del barón, moderno señor feudal como la marquesa de la magistral Los santos inocentes, ofrecida en televisión esa misma noche. La venganza de los súbditos es la esperada, hartos de tantos abusos.
Otra coincidencia, anoche vi Napola , película casi inédita en España, que yo sepa, interesantísima y con clara conexión con La cinta blanca. Es del mismo director de La ola, Dennis Gansel, que ya comenté entusiasmada en su momento. Cuenta la historia de un adolescente de origen humilde que es aceptado en una academia militar, cuna de futuros mandos nazis, gracias a sus dotes de boxeador. Estas escuelas existieron hasta 1945. Cree que es su gran oportunidad para triunfar en la vida, y se escapa para cumplir su sueño porque su padre se opone radicalmente a ello. El sistema sabía manejar psicológicamente a la gente, nada es porque sí. Es un ejemplo brutal de la importancia de la educación en los regímenes totalitarios, cómo inculcaban en los más jóvenes sus asesinas intenciones disfrazándolas de altos ideales, el amor a la patria y esas cosas. Buscan en la Bilblia argumentos en contra de los judíos para justificar sus crímenes. Ensalzan las legendarias figuras literarias germánicas para alimentar su propaganda de pueblo elegido, puro y único. Los alumnos son elegidos no sólo en función de su origen, sino también de su color de pelo y de ojos y de su complexión. Les convencían de que morir por la patria es el más alto honor y el mejor sacrificio: sus cuerpos no eran suyos, eran de Hitler . Muy jóvenes aún, algunos casi niños, iban a la guerra a morir y a matar ya al final del 3º Reich, sediento de muerte y de sangre. "En estos tiempos no vale el estudio ni los intelectuales, necesitamos hombres de acción como vosotros" , es el terrible mensaje del mando nazi a los cachorros del régimen, sometidos a duros y crueles entrenamientos. "Sin compasión", ése es el mensaje: no hay compasión para el púgil contrario, ni para el compañero que padece enuresis, ni para los niños rusos acribillados en el bosque. "Simplemente, era demasiado débil", es el terrible epitafio del jefe nazi tras el suicidio de su único hijo, consciente del horror que le rodea. Hitler quería "una juventud guapa y agresiva, que haga temblar al mundo de miedo, sin trazas de debilidad o fragilidad". He leído algo al respecto hoy mismo y a pesar de lo que ya sabía y de lo manido que puede resultar el tema aún siento escalofríos.
He recordado en la comida la innecesaria humillación a la que eran sometidas las niñas del internado del colegio de monjas al que fui de pequeña: cuando mojaban las sábanas por la noche debían exponerlas públicamente en la galería de acceso, por donde entrábamos todas, con ellas detrás. Mis hermanos iban al colegio de los Agustinos, que no se distiguían precisamente por su delicadeza y diplomacia en aquellos años. Y ahora que se celebra el trigésimo tercer aniversario de la matanza de Atocha (el mismo año que yo aprobé las oposiciones) recuerdo que mi padre decía que aquello fue "un acto de justicia", de modo que todo este horror que inunda mi post de hoy no me resulta ajeno ni lejano, por desgracia. Por eso quiero ser una maestra justa y rigurosa, pero nunca insensible ni rígida. A los maestros se nos presupone el cariño hacia nuestros alumnos, aunque hay quien opina lo contrario y se considera un "trabajador de la enseñanza", denominación que me parece horrible. No somos hermanitas de la caridad, pero sí debemos ser conscientes del material con el que trabajamos, delicado y frágil. Hoy mismo ha ido a verme un antiguo alumno, de casi treinta años ya, empleado del Ayuntamiento, feliz con lo que ha conseguido en la vida a pesar de no haber terminado sus estudios: dos casas y pronto una tercera, una discoteca en un pueblo cercano y un negocio en perspectiva de vinos en Japón, nada menos. Quiere conseguir lo suficiente para que su madre pueda dejar de trabajar. Se ha paseado con nostalgia por esos pasillos en los que pasó tantos ratos castigado con total merecimiento, según propia confesión. Se considera buena persona y asegura que no olvida el trato que recibió, la formación humana que le dimos. Y así son las cosas: uno puede no recordar las lecciones de los libros, pero sí las personas de las que recibió mucho más que instrucción académica. Visitas así alegran el día de verdad.
A pesar de todo, sabemos que la luz existe y que gran parte sale de nosotros mismos. Feliz semana a todos.

15 comentarios:

Joselu dijo...

Veo que has cambiado la plantilla del blog. Me gusta por su sobriedad, su limpieza de líneas y el color azul. Te ha quedado muy bien. Creo que el cambio ha sido a mejor.

En cuanto a tu crítica sobre La cinta blanca he de decir que es aguda e interesante como suelen ser tus críticas de las que has hecho un género propio en el que te desenvuelves con finura y acierto. Y además podemos hablar de la película porque yo también la he visto. Me pareció sobresaliente y me gustaría volverla a ver. El uso del blanco y negro la hace más verosímil y hace que nos sumerjamos en las historias terribles que allí se cuentan. Cada plano está hecho con una cuidada elaboración y tienen una calidad artística incuestionable. El ritmo de la película es lento, ello y la dureza del tema hace que el filme adquiera una densidad desasosegante, inquietante. La violencia contenida o a veces o explícita es enorme. La educación rigorista, tiránica y patriarcal se nos muestra en toda su crudeza. Como has señalado, no hay lugar para la sentimentalidad o la ternura. Todo es cortante y áspero. No es una película fácil y no creo que alcance al gran público. No está en muchos cines en Barcelona, pero la sala en que la vi estaba bastante llena. Creo que es una película para personas habituadas al buen cine. Mis alumnos no la soportarían por el ritmo narrativo, el blanco y negro y el distanciamiento que implica esa inmersión en una época tan lejana. Y además no hay lugar a ningún truco sentimental que te lleve a identificarte con algún personaje. El espectador está frío, paralizado en su butaca, asistiendo a la visión de un universo extremadamente cruel.

En cuanto a la interpretación de que esta educación pudiera haber sido el huevo de la serpiente del nazismo, no sé, no lo veo claro. La idea es sugerente, pero pienso que el rigorismo en la educación era común en la época en todos los países. La figura del padre ejercía un autoritarismo sin fisuras en todos los países. He sabido con horror de la brutalidad de mi abuelo materno (al que no conocí, de hecho no he conocido a ningún abuelo) ¿Esta fue la causa indirecta del surgimiento del fascismo? Me caben dudas. En todo caso, la educación ha pasado al lado extremo. La lasitud, el consentimiento, la dejación de autoridad en tantos casos está creando una generación de niños consentidos y sin límites que piensan que pueden obtener todo sin esfuerzo y en todo momento. No soportan la frustración. ¿Qué tipo de sociedad crearán ellos cuando sean mayores y dirijan los resortes del poder? ¿Cómo se enfrentarán a los conflictos? ¿Volverá el fascismo? Si la educación es la explicación de la historia, vamos apañados. Ha sido un placer leerte. Un cordial saludo, colega.

Novicia Dalila dijo...

Me la apunto, Yolanda. Lo hs explicado taaaaaan bien que es imposible perdérsela.
Aunque las guerras (I y II mundiales, Vietman, la nuestra...) han sido el argumento de tantas y tantas películas, es increíble como se sigue sacando jugo a todas ellas. Y es porque cada guerra, aparte de su magnitud, encierra millones de pequeñas historias, unas veces trágicas, otras más esperanzadoras, que llegan al corazón.
Gracias por la recomendación :D

Vi "La ola" hace unos meses y me quedé pasmada. Fue increíble la cantidad de sentimientos que transmite, verdad? Es ver, literalmente, en tiempo real, como se puede fraguar una dictadura, xenófoba y racista con el nazismo, lanzando los mensajes oportunos y con formato atractivo... Impresionante de verdad. Y dramática tb.

Un beso fuerte y gracias.

Isabel Martínez dijo...

Yolanda, me dan igual las imágenes. Lo importante es que estés tú bien y te hayas recuperado.
No puedo decir nada de la peli, porque no la he visto.
Un abrazo y cuídate.

Yolanda dijo...

Joselu, el cambio de plantilla fue accidental, para ver si solucionaba el problema de la inserción de imágenes, pero tienes razón, queda mejor así.
Me alegra que coincidamos una vez más en la valoración de una película. No creo que los adolescentes la soporten ni que aprecien sus valores y su mensaje, por desgracia. La interpretación de textos, del tipo que sea, es una de nuestras asignaturas pendientes. Una colega me decía hace poco que los chavales de hoy tienen difícil su formación porque abarca demasiados aspectos y no son capaces de procesar tanta información. Creo que tiene parte de razón, es difícil aprender a discernir lo verdadero de lo falso, separar el grano de la paja, saber cuándo te están manejando y utilizando, pero lo tienen todo a su favor, no como nosotros, con muchos menos medios pero infinito mayor interés. ¿Por qué a mayor abundancia no crece el afán de aprender? Están saturados de bienes materiales en general. Un niño consigue en la Primera Comunión el móvil, el ordenador, el MP3 o similar, el iPod, la cámara digital, la de vídeo... ¿Qué les queda por conseguir en cuanto a tecnología? Prácticamente nada. Pero, ¿saben desenvolverse en ese mundo? Me temo que no. Les falta perspectiva, formación, lo que nosotros sí tenemos. Ahora que tengo que explicar las fracciones paso mucho tiempo buscando recursos para hacérselas más inteligibles sin recurrir al ordenador, a base de dibujos, fichas manipulables, colores, algo que a mí no me enseñaron. En cosas como ésta creo que hemos avanzado mucho, aunque más de una vez me he sentido como una especie de animadora de calle, haciendo malabarismos para facilitar el aprendizaje. Les estoy dando lo que me hubiera gustado recibir a su edad. ¿Fue peor aquella época? No en su totalidad, pero comentarlo en profundidad nos llevaría horas y horas, aunque merecería la pena.
Dice mi colega José Miguel, como tú, que hemos sustituido aquella dureza por el todo vale, por la negación del esfuerzo, por la ausencia de valores porque el capitalismo lo devora todo. Otro tema larguísimo de desarrollar. Parece que no somos capaces de encontrar el término medio adecuado, vamos dando bandazos y palos de ciego sin llegar a un sistema satisfactorio, acorde con el sentido común y con los tiempos que corren a la vez. ¿Aquel totalitarismo presente ya en la familia dio paso al nazismo? Es posible, o quizá éste surgió por la suma de muchos más factores. En cualquier caso, me gusta saber cosas de otras épocas porque me interesa la intrahistoria, la trastienda de lo que vivimos hoy. Muchos tenemos claro lo que queremos enseñar y cómo, el problema es que no nos dejan. Los padres son figuras escasamente presentes, con frecuencia desorientados e incapaces de manejar a sus criaturas desde los primeros años. Es más fácil consentir que discutir, poner normas supone pelear y dialogar a un tiempo, y ése es el problema, que no hay tiempo para tanto trabajo.
Un fuerte abrazo, colega.

Yolanda dijo...

Novicia, te gustará la película, seguro, a pesar de su dureza. Merece la pena ver una obra bien hecha que sirva de reflexión. Los que hemos vivido épocas más rígidas entendemos mejor este tipo de películas. El pasado debe servir para aprender de él, nunca hay que olvidarlo, a pesar de que algunos opinen lo contrario. Somos lo que somos por lo que hemos vivido, y la Humanidad igual, no se entiende el presente sin conocer los pasos que nos han traído hasta aquí. Hay temas inagotables y debemos volver a ellos sin cansarnos porque seguro que nos queda mucho por aprender aún.
Un abrazo.

Yolanda dijo...

Isabel, ya estoy mejor, gracias. Sé que debo cuidarme, pero a veces me excedo en el cumplimiento del deber y no me doy cuenta de que lo pago con mi salud. Hay que valer para ser algo más "pasota", yo me identifico mucho con la gente que sufre y sigo pensando que siempre se puede hacer más por los alumnos, aunque sé de sobra que la importancia de mi trabajo en su vida es mínima.
Ve aver la película, te gustará, seguro.
Un abrazo.

Clares dijo...

Bueno, el caso es que tú ya estás bien y que tu blog está mucho más bonito. Por supuesto, tu crítica de cine, impecable y estupenda, como siempre. Fíjate que mi cinéfilo se ha venido a tu blog a leerla, porque le gusta Haneke, al que yo llamo Manzaneke, porque no lo puedo soportar a veces, de duro que es. Tu crítica me anima a mí a ir a verla, aunque ya estoy avisada de que es dura, espero que no tanto como otras del mismo autor, y a mi cinéfilo lo has convencido por completo. Me veo en Madrid buscando esta peli desesperadamente, que nos vamos mañana para allá. Yo en realidad voy a ver teatro, pero seguro que alguna peli cae, y va a ser esta. Muchas gracias, Yolanda.

Lola dijo...

Impresionantes las dos críticas de las películas. No se si iré a verlas, más bien no, porque ya te dije en una ocasión, que mi mente no puede soportar el sufrimiento ajeno y menos aun la humillación.
De todas maneras me quedo con las ganas.
Espero que te pongas bien del todo para poder seguir tu lucha. Un beso Lola

Clares dijo...

Ya he visto la película "La cinta blanca", este fin de semana en Madrid, y la verdad es que no me gustó mucho. No se me hizo pesada ni me alteró los nervios, pero tampoco salí muy contenta de haberla visto. Un poco fría la encontré, para las cosas que se cuentan, como sin brío. Luego lo pienso y veo que no me da mucho tema para hablar. Por eso te admiro, porque sacas reflexiones de una película piedra como esta, y a mí me dejó más bien gélida y vacía. Bueno, no siempre se coincide en gustos, y menos aún en cine.

amalia dijo...

Hola Yolanda...........maja....no me des más sustos....haz el favor de cuidarte...las cosas no están para tirar cohetes!!!
Espero que estés mejor.
El blog está más bonito ahora, coincido con todo aquel que te lo ha dicho.
La peli no la he visto así que poco puedo decir al respecto.
Hemos estado este "mini puente" en Sevilla....qué ciudad más bonita!!! Siempre va bien DESCONECTAR de la rutina diaria ya sea del trabajo como del ocio semanal. No vango nada cansada ya que el AVE es estupendo....en un plis estás en tu destino. Como cantaban en una zarzuela: "Hoy la ciencia adelanta..que es una barbaridad"jejejeje.
Un besote grande colegui!!!!

Yolanda dijo...

Lola, comprendo que no te guste ver sufrimiento en el cine. Yo a veces necesito ver historias duras, fuertes, eso sí, sin sobrepasar ciertos límites; otras en cambio prefiero cosas más ligeras, según mi estado de ánimo. Procuro ir bien informada, luego yo saco mis conclusiones. Si te animas a ver ésta ya me contarás. No es para todos los gustos, desde luego.
Un beso.

Yolanda dijo...

Clares, siento que no te haya gustado la película. Creo que es deliberadamente fría en apariencia por todo lo que esconde, por lo que hay tras ese barniz de puritanismo y bondad. Reconozco que no es para todos los públicos, yo intento sacar siempre algo positivo de lo que veo y por eso me gusta hablar de ello, pero no quiere decir que coincida con todo el mundo.
¿Y no has ido al teatro? Yo iré el viernes, ya te contaré.
Un beso.

Yolanda dijo...

Amalia, colega, qué gusto que me cuentes algo... Qué bien vives, ir a Sevilla, nada menos, ¡sin calor! A lo mejor hasta has pasado frío, pero a quién le importa entre tanta maravilla.
Ya estoy mejor de la tensión, pero tengo que vigilarla, claro. No sé por qué me dio semejante subidón, no estoy nada mal, de verdad, me siento a gusto dando lengua y mates, pero es mucho trabajo, eso sí. Será que el cuerpo a veces demanda más atención y no sabe cómo decirlo. Charo lleva desde primeros de año de baja, parece un cuadro de estrés, y es que estamos todos de los nervios, necesitamos relajarnos. Yo lo hago con el cine, entre otras cosas. Debería haer más ejercicio, pero cada vez soy más vaga.
Cuídate. Un beso. Y si vas a ver la peli, ya me contarás.

magdalena dijo...

Hola! No había querido leer nada sobre la película hasta hace un rato que he llegado de verla. He ido con una amiga y cuando hemos salido hemos estado todo el tiempo comentándola,porque el final no está nada claro, la desaparición del médico y sus hijos y de la comadrona y su niño. La cuestión es que me he sentido intranquila y angustiada durante todo el tiempo que he estado viendo la película,y aún continúo.Es muy dura,y comparto tu opinión en cuanto que no hay ni un solo gesto de cariño. Me han impresionado mucho los niños, tan distantes, tan adultos y tan poco niños. Creo que la única visión un poco lúcida en ese ambiente la da la baronesa cuando dice que se va,ya que no quiere que sus hijos se críen en un lugar dominado por las envidias,el odio y la violencia.Me ha gustado la verdad, pero tb. me ha dejado el estómago revuelto.Saludos.

Yolanda dijo...

Magdalena, creo que una de las funciones del cine es hacer pensar, despertar conciencias, incluso revolver el estómago a veces. Las imágenes ayudan a mantener una tesis y la apoyan. Los actores están muy bien elegidos y sus caras y sus ojos lo dicen todo. Creo que Haneke ha dejado un final indefinido porque lo que le interesa no es la solución de los delitos, sino reflejar cómo era aquel ambiente hipócrita y cruel. Lo de menos es quién puso materialmente el cable, lo que importa es que unas criaturas dolidas y heridas se toman la justicia por su mano con la misma crueldad que han sufrido en sus carnes.
Un beso. Gracias por leerme.