sábado, 21 de abril de 2012

VER, OÍR, DISFRUTAR...

A veces creo que soy una espectadora fácil, que me conformo con cualquier cosa. Rara es la vez que salgo del cine insatisfecha o que el teatro me decepciona. Quizá es que voy predispuesta para disfrutar de lo que me ofrecen, aunque lo cierto es que procuro informarme para elegir algo fiable. Me considero una gran "disfrutadora", paladeo una bebida lo mismo que un humilde bocadillo, una gran película o una modesta si tiene algún significado especial para mí. Me río con la misma facilidad que me emociono o me indigno, no suelo controlar mis emociones y quizá por eso empatizo sin dificultad con quien tengo delante. Cuando voy al cine me meto en la película con el fin de cambiar mi escenario habitual por uno diferente. En la oscuridad del cine, a ser posible aislada y siempre con palomitas (mi pequeño pecado semanal) descubro historias, personajes, dramas, romances, humor, envidias, traiciones, intrigas... Cada semana selecciono una película cuyo tema me atraiga de algún modo. Me gusta leer las críticas para ir sobre aviso, aunque no todas son fiables. Por ir de lo más alejado a lo más reciente, empezaré por Grupo 7, sobre la que pensé escribir con el título ¿Poli bueno, poli malo?, pero a la española. 
                             Me gustan las historias policiacas y ésta, además, es nuestra, española cien por cien, con todos sus defectos y virtudes. Fuera tópicos: se acerca la Expo de Sevilla y hay que limpiar la ciudad de traficantes. No hay apenas límites, lo que importa es cumplir la misión. Ni una vista de la Sevilla más bonita y turística, sólo imágenes de la construcción del evento y barrios marginales, bares nada lujosos, casas de vecinos feas y humildes, rincones ruinosos... Los policías encargados de tan peculiar trabajo son tan nuestros como los actores que los encarnan. A la cabeza del reparto, un Antonio de la Torre magnífico, parco en palabras pero tremendamente expresivo, un policía curtido y descreído que ha perdido a un hermano por culpa de la droga y decide salvar a una muchacha que arrastra el mismo mal. Conoce el terreno en el que se mueve y las personas con las que trata. 
                            Mario Casas es el guapo del grupo, sacado de las series para adolescentes (yo no he visto ninguna) y aún le queda bastante por aprender, pero tiene cualidades, sin duda. Casado con una guapísima Inma Cuesta a la que podrían haber dado más enjundia y padre de un chaval, compagina mal su vida personal y profesional. Se salta los límites cuando persigue un fin que le parece loable: si hay que quedarse con droga para pagar a los chivatos, se coge y punto. Yo crecí con la imagen ideal de la policía: buenos, honestos, honrados a carta cabal, insobornables, sacrificados, heroicos, siempre al servicio del ciudadano... Pero, ay, la realidad  es muy diferente. No he tenido grandes tropiezos con ellos, pero sé de sobra que muchos se acercan más a los corruptos que intentan matar a Serpico que a los eficaces Bevilacqua y Chamorro creados por Lorenzo Silva. La trastienda de la labor policial no es limpia ni glamurosa. El delito siempre es sucio y condenable, pero, ¿están siempre en el mismo bando quienes lo cometen? ¿Es tan clara la línea definitoria entre el bien y el mal? En El Padrino, obra maestra donde las haya, Al Pacino se lo deja muy claro a su mujer, una Diane Keaton que vive creyendo que los políticos son honrados y que sólo los mafiosos asesinan a quemarropa. 
                         Grupo 7 es una gran película, en la línea de Celda 211 o No habrá paz para los malvados. Grandes actores para un gran guion, con escenas trepidantes unas (la persecución inicial por las azoteas) y asombrosas otras (el baile entre el poli entrado en años y en kilos y la prostituta de dientes mellados resulta de un erotismo inusual). No hay lirismo ni romanticismo, todo es tan realista como cualquier escena cotidiana en cualquiera de nuestras ciudades, con personas, más que personajes, con quienes nos cruzamos a diario sin reparar en ellas. Por películas como ésta doy siempre la cara por el cine español, a sabiendas de que a veces no lo merece, pero qué le vamos a hacer, una tiene su corazoncito...
                             Otro producto español son la cantidad de buenos monologuistas que llenan pantallas y teatros. Hace poco vi a Dani Delacámara, ocurrente, divertido, encantador, sacando punta a cuanto tema se le ocurriera bajo el título Dios es una mujer. La sala estaba llena y nos hizo reír sin respiro. Admiro el ingenio, sobre todo si es en directo, con el riesgo que conlleva. Todo puede tener su lado cómico y alguien inteligente sabe verlo y sacarlo a la luz bajo la aparentemente inocente capa del humor.
                               De la misma cantera es Eduardo Aldán, que nos toca la fibra más nostálgica con Espinete no existe. Los más maduros vivimos esos recuerdos de un modo algo extraño, porque no pertenecen exactamente a nuestra infancia. Cuando empezaron en la tele los payasos de la familia Aragón (Gaby, Fofó, Miliki...) yo ya estudiaba Magisterio, y sin embargo los considero parte inseparable de mis primeros recuerdos. El inefable Un, Dos, Tres nos congregaba ante el televisor cada viernes por la noche, y con la perspectiva que dan los años parece mucho mejor, más ingenioso y dinámico que los infames programas actuales, llenos de gritones zafios y maleducados. El bolígrafo Bic nos acompañó durante toda nuestra vida escolar, D'Artacan nos introdujo en el mundo de Dumas,  el Cola-Cao se disuelve tan mal como entonces (eso sí, su fantástico anuncio es inolvidable: Yo soy aquel negrito- del África tropical...), la Primera Comunión sigue siendo una celebración paródica, y, sin embargo, todo ha cambiado tanto, tanto... Muchos tenemos la impresión de que aquella infancia nuestra fue más feliz que la actual, más inocente, desde luego, con menos lujos pero más ilusión. Hoy los niños lo tienen todo apenas nacen y se inician en la adolescencia mucho antes de lo que manda su reloj biológico, se saltan a velocidad de vértigo la etapa de los juegos tradicionales (apenas los conocen, por desgracia) y adquieren rápidamente modales de series americanas. Mis alumnas de once años se pintan como una top model mucho antes de su primera regla. Nuestro reto ahora como educadores es adaptarnos a estos niños y adolescentes tan diferentes a como éramos nosotros. Ya no valen aquellos métodos en los que el maestro era el único depositario del saber, hoy hay que hacer partícipes a los alumnos de su aprendizaje o estamos perdidos. Es mucho más laborioso, sin duda, y yo reconozco mi dificultad para engancharme a este carro. Esos valores que aprendimos y defendimos durante años han cambiado, mejor dicho, hay que inculcarlos de otro modo. Por eso volvemos a nuestra infancia y adolescencia con añoranza, es un territorio seguro porque es intocable, ya no podemos cambiarlo. ¿De verdad aquella época fue mejor que la actual? ¿Qué quiere decir mejor o peor? Cantamos aquellas canciones sin necesidad de karaoke, están grabadas en nuestro disco duro a perpetuidad. Reivindico todo aquello, lo bueno y lo malo, las carencias, la tele en blanco y negro, el pan con chocolate para merendar, los recortables, las calcomanías, el maravilloso estuche de dos pisos... Forma parte de mí y eso es lo que cuenta.
Dejo para otro día hablar de El exótico hotel Marigold, una especie de Pasaje a la India amable y optimista para jubilados animosos y La pesca del salmón en Yemen, una comedia con sabor clásico, estupendo guion y grandes interpretaciones. 
Feliz semana.

12 comentarios:

cessione del quinto dijo...

Yo tambien hago igual que tù .antes de ver una peli,leo las criticas y los comentarios sobre esa peli,algunas veces me ha ido mal y es que tienes razon cuando dices que todas las criticas no son acertadas.Daniela decessione quinto pensionati

Lola dijo...

Que reflexiones! Me gusta tu manera de ver la vida.
Grupo 7 la tengo en la lista. Me gusta mucho el cine español porque puedo entender muy bien la manera de actuar y de vivir de los personajes.
A mi tambien me gusta ir al cine sabiendo más o menos lo que voy a ver. Un abrazo Lolaeedngli addrit

Joselu dijo...

Este fin de semana no he ido al cine. He tenido que ayudar en casa a realizar un vídeo a mi mujer con imágenes de su PQPI para una charla. Suponía un cierto trabajo técnico que ha llevado tiempo. Mi hija, a su vez, tenía que hacer una presentación de un relato de Edgar Alan Poe en el colegio. Le he enseñado a utilizar una alternativa a Power Point y esto nos ha llevado también tiempo. De modo que, para mi pesar, no ha habido Grupo 7 ni La pesca del salmón en Yemen, y vaya que lo siento. Me he acostumbrado a ir al cine cada semana una o dos veces y echo en falta cuando no lo hago. Fíjate que la semana pasada fui a ver REC3 que me pareció un producto bien hecho, con humor negro a raudales. No es una obra maestra, desde luego, pero me ayudó a superar mi mono de cine. Me tomo un café antes de entrar y me coloco en unos sillones ergonómicos en que puedes abatir el respaldo y apoyar los pies. Son los nuevos cines de Cornellà que me sale cada película a seis euros porque compro un bono de diez. Esta mañana he ido a hacer una caminata de unos veintidós kilómetros. La mañana no era muy soleada, pero me ha gustado.

En cuanto a nuestra infancia y la nostalgia que va asociada a ella, creo que era más directa, menos virtual, menos tecnológica, más callejera, más humana, más austera… Imagino que mis hijas tendrán nostalgia de la suya, que ya se les está escapando en esa tormentosa adolescencia que viven los púberes. Creo que nuestros ojos miraban con más capacidad de maravillamiento. A mí las procesiones me fascinaban, la gente, las conversaciones de adultos, la percepción del tiempo… Ya nada es igual. Estamos en el shock del futuro que fue anunciando por Alvin Toffler. A mí no me gusta, pero intento aprovechar lo que tiene de innovador y sobre todo intento tener mucho tiempo para pensar y elucubrar considerando la realidad en su maravillosa complejidad.

Yo no como palomitas, alguna vez algún kit kan pero esto cuando voy con RM.

Un abrazo, colega. Gracias por este ratito de conversación.

Yolanda dijo...

Cessione, los críticos no hacen sino expresar su opinión personal conforme a sus gustos, por eso a veces coinciden con el público y otras no. No es raro que una película alabada por la crítica sea un fracaso de taquilla y viceversa, así que no hay que hacerles mucho caso.
Saludos.

Yolanda dijo...

Lola, las películas o el teatro me sirven para reflexionar y relacionar unos temas con otros. No sé si mi forma de ver la vida es compartida por mucha gente (no es mejor ni peor, simplemente es distinta), creo que soy optimista sin dejar de ser objetiva. Siempre me ha gustado ir más allá de las apariencias, profundizar en lo posible.
El cine español recibe muchos palos injustos, les llaman de todo menos guapos y yo creo que ofrece productos dignos, creíbles y muy nuestros. Quizá hay exceso de oferta, rodar una película es muy caro y si no fuera por las subvenciones no resultarían rentables, por eso muchos dicen que con diez o doce al año van que chutan. No sé, en el cine entretenimiento, negocio y cultura son inseparables y lo difícil es ser creativo y a la vez rentable.
Un beso.

Yolanda dijo...

Joselu, vaya fin de semana atareado que has tenido... Yo he ido hoy a ver el musical "Más de cien mentiras", con canciones de Sabina, y me ha encantado. El cine es mi rito semanal, ya sabes. Es un pequeño lujo que aún puedo permitirme. Con la tarjeta de los Renoir me sale la entrada a 5,50 de lues a viernes, pero lo normal es que ya estén por los ocho euros o casi en casi todas las salas, una pasta no siempre bien empleada. Cuando veas las dos que me dices ya hablaremos sobre ellas.
No tengo intención de ver REC 3, sólo vi la primera, me pareció original y escalofriante, rara vez las segundas o terceras partes merecen la pena ("El Padrino" es la mejor excepción). Me gustan los productos con algo de creatividad, no una mera réplica.
De la infancia ya hemos hablado en otras ocasiones. Es un terreno acotado en el que nos sentimos normalmente seguros, pero no fue siempre idílico ni acogedor. Ahora todo ha cambiado mucho y no sirven los mismos parámetros ni los mismos valores que nos inculcaron a nosotros. El mundo es radicalmente distinto, nos guste o no, y no sé si estamos preparados para enfrentarnos a él. Hoy todo avanza a velocidad de vértigo y no nos da tiempo a asimilarlo. Hemos perdidola inocencia, la capacidad de asombro. Qué pena...
Un fuerte abrazo, colega.

Miguel dijo...

Yo creo que aquella infancia que vivimos tú y yo (tenemos la misma edad) tiene algo ya de legendario. El paso de los años ha ido rodeando estos recuerdos del halo propio de la leyenda. La televisión de aquellos años (como las películas) eran, técnicamente hablando, mucho peores, más primitivas. Pero hoy, viendo películas de aquellas que me hechizaban en aquellos años, como por ejemplo las de Drácula, o el hombre lobo, o la misma Frankenstein (ya ves que me encantaba el género de terror) veo que en mí no producen el mismo efecto.Y es que hoy soy un señor adulto y no un adolescente. Y tengo otros cánones de estética. Por eso, pienso que nuestra infancia es legendaria. No sometida a objetivaciones. Fue algo puntual en el tiempo que hoy, cuando la evoco, me parece fantástica. Y lo cierto es que no tengo motivos para ello. Sin móviles, sin ordenadores, con una sola cadena en la televisión (y además en blanco y negro) con un dictador en el gobierno de la nación...
...Pero yo fui feliz.

Por cierto, Yolanda, en otro orden de cosas, no sé si sabrás que aquí en la Comunidad Valenciana se han convocado huelgas en educación (miércoles y jueves) en el mes de mayo. Y es que nos están recortando de una manera que no veas...

Besos.
Un beso.

Yolanda dijo...

Miguel, los que nacimos hace más de medio siglo al menos hemos vivido los mayores adelantos y los más drásticos cambios en todo: política, cultura, tecnología... Nos parece mentira lo diferente que era todo cuando éramos unos críos. Hemos tenido que adaptarnos a los diferentes planes de estudio, formas de gobierno, costumbres, vehículos... Del Seiscientos al AVE, ahí es nada, de la tele en blanco y negro (en pocos hogares) a internet en al palma de la mano, de la cartilla Micho al iBook (o como se diga)... Los niños de ahora ya nacen con las teclas en los dedos, no pueden ser como nosotros, ni mejores ni peores, aunque yo creo que sí abundan los desdichados por el abandono de los padres, el desarraigo, el materialismo, la incomunicación... Les veo muy solos, indefensos y al mismo tiempo crueles, egoístas, insensibles... No les envidio, qué quieres que te diga... Yo fui más feliz con mucho menos.
Estos días estoy viviendo uno de los tragos más amargos de mi carrera, quizá el peor. Un padre me ha denunciado en varias misivas dirigidas a la Directora y a la Inspectora. La ley está de su parte porque yo ignoro muchos detalles que él ha estudiado al dedillo, he metido la pata por exceso de celo, me he extralimitado al aplicar una sanción a su hijo y me la tiene jurada desde hace tiempo, pero no sé por qué exactamente. En fin, me toca pedir disculpas y tomar nota para la próxima. Si quieres saber más mándame un correo con tu dirección.
Sólo sé lo de vuestros recortes por la prensa y la radio o la tele, supongo que la realidad es peor aún. Aquí nos espera algo similar, adiós a los buenos tiempos... Del derroche más absurdo hemos pasado a la miseria física y moral. ¿Aprenderemos algo? Lo dudo. A aguantarse tocan... Cuéntame más detalles.
Un abrazo, colega.

amelche dijo...

Yo también vi la del Hotel Marigold y está muy bien, no digo más, por si alguien no la ha visto. En cuanto a Espinete, ¿cómo que no existe? No me digas eso, que me das un disgusto. Que yo lo veía todas las tardes en mi tierna infancia.

Lo mejor de los viernes era ver el 1, 2, 3 en casa de mi abuelo (donde yo vivo ahora, que ya ha muerto) porque tenía tele en color y mis padres no. Lo conté una vez en mi blog:


aquí

Yolanda dijo...

Amelche, la nostalgia nos ataca a traición, es un valor seguro para ganarse al auditorio, basta tocar la tecla adecuada y se nos ablanda el corazón sin remedio. Todos tenemos recuerdos amables que nos remiten a la infancia y adolescencia. Quizá no fueron tiempos mejores en muchos sentidos, pero éramos más inocentes, más ingenuos, con la vida recién estrenada, y recordarlos nos hace revivir esa etapa que se fue para no volver. Pero aquí estamos, con ese bagaje, así que no debemos sino alegrarnos de haber vivido todo aquello. Espinete sigue vivo, no lo dudes.
Un abrazo.

Ibone dijo...

Me ha gustado tu comentario sobre Grupo 7, la verdad es q a mi también me gustó, me parece que presenta la crudeza de esa realidad que muchos ni se plantean...

Y pese a ser bastante joven he de decir con respecto a la educación que yo también veo muchos cambios con los niñ@s de hoy. Yo no he vivido lo de la tele en blanco y negro, pero desde luego el modo de jugar y, por ejemplo, de respetar a los mayores, ha cambiado radicalmente. Con solo una mirada podían paralizarte. Siempre he dicho que la educación es lo más importante. No logro comprender que se metan a hacer tanto recorte!

Yolanda dijo...

Ibone, gracias por asomarte por aquí, ya no esperaba comentarios después de tantos días.
Tu juventud te permite apreciar el cambio de actitud de los niños de entonces con respecto a los de ahora. Hemos ganado muchas cosas pero sin duda hemos perdido otras importantísimas. No quiero que nadie tema a su padre como yo temía al mío, y sin embargo reconozco que me inculcó valores y actitudes hoy en casi completo desuso: el esfuerzo, la lealtad, la responsbilidad... conceptos que hoy pocos aprecian y casi nadie transmite, salvo los maestros, empeñados en mantener lo que consideramos eternamente válido en perfecta convivencia con la pizarra digital, el teléfono móvil, las redes sociales y cuantos adelantos conocemos hoy. Los que vivimos otra época no la añoramos con la nostalgia que se nos suele atribuir, apreciamos el aumento de medios y condiciones por el valor que tienen. Nadie quiere volver a utilizar la palmeta en clase como castigo, pero no renunciamos a seguir enseñando lo que parece lamentablemente olvidado.
Un abrazo. Y si te gusta el cine como a mí, estupendo...