martes, 13 de abril de 2010

ADIÓS, PILAR

Ayer murió mi amiga Pilar. Varios tumores inoperables hacían imposible su recuperación, pero nadie esperaba un desenlace tan rápido, justo un mes después de su hospitalización. El viernes pasé a verla, pero se la habían llevado a radioterapia y era imprevisible la hora de regreso. La vi unos días antes, estaba aparentemente normal, dicharachera y animada. Se empeñó en que probara una croqueta y una torrija hechas por su tía y un canellet, postre típico de Cataluña, creo. Junto a su cama tenía varias fotos de su perra, Maga, llamada así porque se la regalaron unas compañeras del colegio Rayuela, en el que estuvo durante un curso al menos, que yo recuerde.
Intentó aprobar las oposiciones, pero no lo consiguió. Trabajó muchos años en la privada y como interina pasó por multitud de destinos. Me contaba que en un solo año llegó a estar en trece centros distintos. A veces llegaba cuando la titular ya se había incorporado, cosas de la Administración. En mi colegio estuvo sólo un curso, como Tutora de 5º, aunque era de Infantil. Después mantuvimos el contacto, aunque nos veíamos muy poco porque vivía con dos tías muy mayores que la tenían muy atada. No se casó ni tuvo hijos.
Era muy trabajadora y eficaz. Su mala suerte no consiguió agriar su carácter. A veces cuando hablaba con ella no sabía cómo animarla. Me consideraba una privilegiada a su lado y no quería que se sintiera mal. Creo que tuvo novio en su juventud, pero por circunstancias familiares no llegaron a casarse. Me lo contó una vez y se le saltaban las lágrimas al recordarlo, aun después de tanto tiempo. Yo tengo un marido estupendo y un hijo que es un sol, ella no llegó a saber lo que es la compañía de un hombre ni el calor de un bebé en el regazo.
Tantos destinos diferentes le proporcionaron una amplia visión de este trabajo nuestro. La mía es más limitada en ese aspecto. A través de ella he conocido casos increíbles. La realidad docente es poliédrica y no siempre idílica. Es aconsejable conocer otros casos para no creerse el ombligo del mundo y para saber qué ocurre de verdad en nuestros colegios.
Pilar era una compañera estupenda y una gran amiga. Hace años conseguimos ir varias veces al cine. Le encantó Toy Story, por ejemplo, y se emocionó como yo con Hoy empieza todo.Le gustaba reunirse con nosotros, sus compañeros y amigos de tiempo atrás, pero cada vez le resultaba más difícil. En una ocasión una inoportuna avería en la puerta de su garaje le impidió asistir a mi cumpleaños. Pero no se quejaba. Y no le faltaban motivos, pero lo suyo no era el lamento.
¿Conocía el alcance de su enfermedad? Su hermano no lo sabía. Puede que sí, o quizá no, a pesar de las explicaciones del médico. En todo caso, sus palabras no dejaban traslucir su procupación, ni siquiera en los últimos días, ya con morfina. ¿Qué pensaba en realidad? ¿Cómo se sentía? Cada vez que me siento cerca de la muerte pienso en la actitud de cada uno ante el final. Hay quien no llega a enterarse, como mi padre: un hondo suspiro y adiós, sin un ay, sin darse cuenta. Mi madre tampoco sufrió. Pero luego queda el dolor, las horas de tanatorio, el camino hasta el cementerio, el entierro, y, sobre todo, hurgar en sus cosas, en sus cajones, ordenar y repartir su ropa, sus posesiones, ver el crucigrama que dejó a medias, la labor sin acabar... Cuando tuve que hacerlo tenía la sensación de estar profanando una tumba. ¿Qué será de las cosas de Pilar ahora, de su Mondeo, de su perrita Maga, de su casa en Los Narejos, que tanto le gustaba? Qué cruel destino ingresar en el hospital y no salir ya, sin poder arreglar asuntos, sin mediar una despedida, sin conciencia apenas.
Varios compañeros fuimos al hospital anoche, al conocer la noticia. Ya no pudimos verla, el ataúd estaba cerrado y tras unas cortinas echadas en una impersonal sala de duelo en el hospital, de donde nos echaron antes de las diez. Hacía una noche muy desapacible, fría y ventosa, con amenaza de lluvia. La cremación estaba prevista para hoy a las once y media de la noche, santo cielo, qué hora para semejante trance... Guardaré su recuerdo con cariño y con dolor. Pensaré en ella mucho, mucho, intentando aprender algo de su memoria, de lo que ella era y significaba. Decía, por ejemplo, que las gafas le servían de defensa y escudo frente al mundo, que se sentía mal sin ellas; en cambio, para mí son todo lo contrario: necesarias (soy miope, pero llevo lentillas), aunque incómodas, un obstáculo para relacionarme con los demás. Es curioso, qué detalles me vienen a la memoria...
Tengo que pasar este duelo, soportar la tristeza durante un tiempo indefinido sin dejar de cumplir con mi trabajo y mis obligaciones con mi familia. Mi hermana ya está en casa y se recupera bien. Ella salió por su propio pie del mismo hospital en el que Pilar murió. La vida y la muerte se cruzaban una vez más. Y yo estoy relacionada con las dos, con la cara y la cruz, con el final y con la continuación feliz . Y en ello tengo que pensar, en seguir viviendo sin olvidar. Conozco personas que piensan que cuanto más se sufre el duelo, más se demuestra el amor que se tenía al difunto. Yo no opino así. Creo necesario y natural el duelo, pero no hasta el punto de sacrificar lo que queda de la propia vida. Claro que no es lo mismo perder a una amiga que a un hijo, Dios mío, qué dolor tan inimaginable... Necesito esta reflexión. Pilar se ha ido pero su recuerdo permanece, y sé que me va a ayudar esté donde esté. No soy creyente, pero pienso que la fuerza de las personas perdura tras su muerte y nos acompaña cuanto tiempo queramos. Todas las vidas son importantes, todas significan algo, todas trascienden de uno u otro modo. Sea su tiempo a nuestro lado largo o breve, todas dejan huella.
Descansa en paz, amiga.

12 comentarios:

Fernando Manero dijo...

"Algo se muere en el alma cuando un amigo se va". Conozco esa sensación, sé lo que representa, valoro lo que supone la pérdida irreparable de algo de uno mismo. Es una experiencia abrumadora, triste, absurda. Pero real. Lo siento. Sinceramente. Un fuerte abrazo

Novicia Dalila dijo...

Lo siento Yolanda. Conozco ese dolor de tener que decir adios a alguien muy querido, aunque no sea de tu familia. Yo, por desgracia, tuve que despedir a dos amigos del alma en mi adolescencia y aún hoy, tantos años después, no pasa un día sin que les recuerde.
Un precioso homenaje a Pilar éste que has hecho. Ella estaría agradecida y orgullosa de ti. Estoy segura.
Quédate con el recuerdo de su risa, de su voz, de los buenos ratos compartidos, de los años vividos una al lado de la otra....
Siento que tengas que pasar por todo esto.
Me alegra que tu hermana esté bien y en casa... Un rayito de luz entre tanta pena.

Un abrazo fuerte

JAVIER S. SÁNCHEZ dijo...

Lo siento Yolanda. Este es el mejor homenaje a una amistad imperecedera. Los golpes fuertes nos ayudan a valorar lo importante de la vida.
Un abrazo.

cabopá dijo...

Te acompaño en tu adiós a tu amiga Pilar. Has hecho un epitafio sencillo y lleno de sensibilidas y aspectos comunes de una amiga...
La vida y la muerte se encuentran en el pasillo de los hospitales...y
después la memoria hace huecos para guardar los sentimientos...
Amiga Yolanda yo voy hasta Los Narejos en bici desde Los Alcázares
todos los veranos que estoy por allí en casa de mi madre...
Tu homenaje a Pilar es de amistad y ella lo habrá notado...
Besicos amiga.

Lola dijo...

Mi querida Yolanda: me gustaría que entrases dentro de mí para darte cuenta de que mis palabras me salen del corazón y que no son puro trámite. Cada vez creo más en la reencarnación y sobre todo cuando sé de gente buena que no ha sido demasiado feliz en esta vida.Pilar, aparecerá más tarde o más temprano en una vida que será mucho mejor que la anterior.
Es lo que creo y espero.
Y tú, Yolanda, a intentar sufrir lo menos posible, a mirar la vida hacia adelante y a seguir deleitándonos con tus preciosos posts. Un besito Lola

Miguel dijo...

La pérdida de un ser querido es siempre dura. Muy dura. Yo perdí hace poco a mi padre y lo tengo aún muy reciente. Y sé lo que supone esto. Por otra parte no creo que se haya de centrar uno en el duelo, sino que la vida sigue. Yo pienso que lo mejor que podemos hacer por la persona que se ha ido es recordarla. Con eso basta.

Siento mucho Yolanda esta pérdida. Ánimo.

Un beso.

Joselu dijo...

La muerte nos enriquece, nos hace humanos, nos llena de densidad, tal vez de dolor más o menos profundo. Pero intuyo que lo que te ha quedado de Pilar no ha sido un dolor lacerante, sino un hueco, una incógnita, alguna pregunta, una íntima inquietud. Ya no está. Es un misterio. ¿Dónde está ahora? ¿En algún sitio? Quien sabe. Pienso a veces que la muerte es un sueño profundo que nos lleva a otra dimensión. No todo se puede acabar, pero no sé. En el fondo da igual. Nadie ha vuelto para contárnoslo. Y cuando estemos allí, no necesitaremos volver. O la muerte es definitiva y entonces no tenemos que preocuparnos o hay alguna sorpresa al otro lado. Sea lo que sea, nuestra vida es única. Y morir no es tan grave. Lo peor es sufrir, vivir muriendo. Quien ha tenido una vida plena (y da igual si se ha tenido hombre o hijos: es una sabiduría interior), puede afrontarla. Recuérdala. La última vez que murió una amiga y escribí un post, me quedé con las ganas de haberla fotografiado con aquella maravillosa paz que emanaba, pero pensé que quizás alguien se sintiera molesto. Ahora lo lamento. Por la vida.

Yolanda dijo...

Gracias a todos por vuestras cariñosas palabras.En los momentos tristes se aprecia enormemente el valor de la compañía, del calor humano que desprendéis en vuestros comentarios. Cada uno habéis sabido tocar un aspecto diferente de la muerte de mi amiga y entre todos hemos formado un coro de sentimientos que vale mucho más que el simple y socorrido pésame. No podemos escapar de la muerte, está ahí y de vez en cuando nos golpea sin piedad. Lo importante es el modo de afrontarla y lo que nos hace reflexionar para apreciar aún más la vida que todavía tenemos, quién sabe por cuánto tiempo. Podemos convertir cuanto nos rodea en un canto a la vida, a pesar de los sinsabores y los problemas.
Un fuerte beso a todos.

amalia dijo...

Hola guapa...........siento mucho lo de tu amiga. La muerte de una persona amiga, querida, es muy doloroso siempre.
Yo ,desde que mi padre estuvo al borde de la muerte, asumo que algún dia me tocará.
No le tengo miedo y sé, que cuando llegue,si puedo, quiero estar rodeada de mis seres queridos.
Creo estar preparada, lo sé.
Pero, por ahora, estoy aquí, en este mundo.....en el que soy infinitamente feliz y al que quiero estar ligada muchos años más.
Un besazo guapa y un fuerte abrazo.

María dijo...

Yolanda:

Siento mucho la pérdida de esta persona tan importante para ti, es terrible cuando una persona a la que queremos se va de esta forma, por una terrible enfermedad, pero es algo a que todos estamos expuestos en esta vida, desde que nacemos y no podemos hacer nada por evitarlo.

Seguro que tú siempre la recordarás y la llevarás en tu corazón.

Descanse en paz.

Un beso muy grande, Yolanda.

JI dijo...

Como lo prometido es deuda..., y te dije que pasaría por tu blog para leer el comentario sobre mi tia. Te agradezco el post, Yolanda.

Ha sido precioso y emocionante, estoy conteniendo las lágrimas.

Espero que todo os vaya genial y que seas muy feliz, sabes que la amistad de mi tia estará siempre contigo... y la mia también.

Muchas gracias :D

Víctor dijo...

Lo lamento profundamente. Todas mis fuerzas desde Argentina.

Muy buen Blog.