lunes, 27 de octubre de 2008

Búsquenle los reñidores;
cérquenle los jugadores;
quien se precie, que le ataje;
y a ver si hay quien le aventaje
en juego, en lid o en amores.
¡Hola, colegas! ¿Cómo lleváis el inicio de la semana? Yo bien, con una agradable sorpresa gracias a una de mis alumnas. En mi lucha (perdida) contra Halloween les conté algunas de las tradiciones españolas relacionadas con el 1 de noviembre y les insinué lo de llevar dulces propios de estas fechas si algunos se sentía generoso. Voilá!, Patricia se ha presentado esta mañana con una bandeja de buñuelos de pastelería, gratamente festejados en el recreo. Una compañera me ha dicho en tono jocoso que tengo a mis alumnos bien adiestrados. Bueno, digámoslo así. Al menos en esta ocasión ha dado resultado la instrucción. Les he comentado que, según la tradición, cada vez que te comes un buñuelo sale un alma del Purgatorio, y, para mi pasmo, no saben lo que es. Les he dicho que se lo pregunten a las profes de Religión, pero no sé si se lo han contado. ¿Qué demonios estudian ahora estos chavales? Ya que dan Religión, mal que nos pese a muchos, al menos que enseñen lo fundamental, digo yo. Casi todos coincidimos en que sería interesante dar una Historia de las religiones, para saber lo importante de cada una, pero está visto que con la Iglesia hemos topado, no hay quien pueda con ellos.
Luego hemos tenido reunión para la CCP, y como este año soy Coordinadora me las trago todas. Venga papeles y recados. Quizá dediquemos la Semana Cultural a la gastronomía, ahora que me han quitado el taller de cocina. Hay una propuesta de la editorial Planeta para elaborar un libro de la localidad con aportaciones de los propios niños, desde Infantil hasta 6º. Es una buena idea, pero muy laboriosa. Veremos si sale adelante.
Creo haberos dicho el otro día que por estas fechas suelo releer el Tenorio, ya que se ha perdido la buena costumbre de emitirlo por televisión o representarlo en teatro. Ah, el Romanticismo, cuánto juego da en literatura... Esas historias desgarradas e hiperbólicas, desarrolladas entre fantasmas, cementerios y amores imposibles. Siempre me gustó esa etapa, desde mis tiempos de instituto. Creo que todos los maestros tenemos algo de románticos, en el sentido literario: luchamos por ideales a veces inalcanzables, nos rebelamos contra la injusticia y el poder mal ejercido y buscamos metas más allá de lo que dicta la mera norma. Ya no se lleva eso de querer redimir a un hombre (o a una mujer) por amor, pero no me digáis que no tiene su encanto seguir pensando que el cariño obra milagros. Aunque, bien pensado, qué mayor milagro que sobrevivir al día a día, a la hipoteca, al qué comemos mañana o qué hacemos el sábado o dónde vamos de vacaciones. La convivencia puede quemar mucho si no se trufa bien con mil detalles insignificantes que la hagan agradable. Parece que no queda mucho sitio para eso que se llama romanticismo a secas: velitas, cenas, lencería... Yo, la verdad, nunca he perdido la cabeza por esas cosas. Me sobran los aniversarios, los regalos y esas "tonterías" que a algunos les parecen tan importantes. Mi marido opina que cuanto más cariñosa se muestra una pareja en público, menos dura, y más de una vez he comprobado que es así. Creo que muchas parejas gastan demasiada pólvora en salvas y así les va. Bien está una sorpresa de vez en cuando, pero no hay que mosquearse por otros detalles menores. Recuerdo que la víspera de San Valentín, por ejemplo, mi marido se presentó con una rosa roja diciéndome: "Toma, para que mañana tengas suerte". Y es que tenía que ir a Puerta de Hierro para empezar los trámites para una operación. Quiso la suerte que me tocara consulta con un ginecólogo razonable que no era partidario de hacerla, con muchos argumentos. Os podéis imaginar lo contenta que salí. ¡Funcionó la intención de mi marido! ¿Casualidad? Por cierto, una compañera me recuerda que os debo la historia de cómo nos conocimos. Es verdad, pero lo haré otro día, hoy ya es muy tarde. Por eso también he de guardar para otro momento alguna reflexión sobre el Día de Difuntos. Os dejos hasta entonces con casi los últimos versos del Tenorio:
Yo mi alma he dado por ti,
y Dios te otorga por mí
tu dudosa salvación.
Misterio es que en comprensión
no cabe de criatura:
y sólo en vida más pura
los justos comprenderán
que el amor salvó a Don Juan
al pie de la sepultura.
Ya nadie escribe hipérbatos así, ¿verdad? Pero qué bonito queda...
Y para que veáis lo que he aprendido, os pongo el enlace para leer el artículo de Pérez Reverte sobre Halloween con todo el sello de la casa:
Otro día, más. Un saludo a todos.

4 comentarios:

Joselu dijo...

El año pasado leímos Don Juan Tenorio en los dos cursos de cuarto de ESO que impartía, aunque no fue durante estas fechas. Para mi sorpresa la lectura les resultó emocionante y les encantó. Don Juan Tenorio, Don Luis Mejía, Don Gonzalo de Ulloa, Inés de Ulloa... se convirtieron en personajes conocidos y habituales durante las semanas que duró la lectura. El romanticismo todavía les atrae. El hincapié que hace en los sentimientos se identifica con su modo de entender el mundo.

Un profe cualquiera... dijo...

Hola, maestra feliz
Yo casi prefiero que no tengan ni idea de qué es el purgatorio, la verdad, con los malos ratos que me hizo pasar a mí de niño imaginándolo. Saludos

yotambiensoyprofesor.blogspot.com

Miguel dijo...

¡Hola! ¡qué ameno es leer tus posts! me encantan. Por su sencillez, por su sinceridad, por su humanidad. Enhorabuena por tu blog.

Yolanda dijo...

¡Hola, profe! Cierto que la imaginería religiosa y toda su parafernalia son de lo más tétrico y cercano a un cuento de terror, pero yo me refería sólo al lado anecdótico, el simple conocimiento de algo como parte de la cultura religiosa, que no tiene nada que ver con las creencias. De todas formas, si pudiera elegir, borraría cualquier religión del mapa. Si tienen tanto éxito es porque quizá tengan razón quienes dicen que si no existieran habría que inventarlas: el hombre necesita algo en que creer, y si no lo tiene se lo inventa. Es más fácil creer en lo mágico e inexplicable que en lo tangible, así damos rienda suelta a nuestra necesidad de eternidad. No nos conformamos con el aquí y ahora, siempre queremos más. Yo, como tantos otros, crecí con la idea del pecado, la muerte y la culpa como motor de la existencia, y me costó años librarme de tanta basura. No quiero de ninguna manera lo mismo para mis alumnos.
Joselu, gracias por leerme y por acercar a los chavales a las obras inmortales. Es cierto que nos dan más de una sorpresa, no hay que tirar la toalla antes de tiempo.
Miguel, gracias por seguirme. Aquí cuento lo que siento y me satisface enormemente saber que mis vivencias y mis palabras encuentran compañía y cobijo en personas como tú.
Un saludo.