martes, 4 de noviembre de 2008

NO ESTAMOS SOLOS


Quizá sea cierto que no estamos solos en le universo, que hay alguien allá lejos, en otro sistema solar o galaxia, vaya usted a saber. Quizá nunca lleguemos a comprobarlo. Asomamos tímidamente la patita apenas unos pasos más allá de nuestro planeta y ya nos creemos los reyes del mambo. No soy la primera ni la única en creer que más valdría emplear todo ese dineral en limpiar nuestra casa, nuestra maltratada Tierra, en lugar de buscar otro lugar de asilo muy lejano y mucho más costoso. No sé qué absurda ambición lleva a tal empresa: demostrar que un país es mejor que otro, justificar secretos fines bélicos, poner más espías y más potentes... Se alzan miles de voces llamando a la cordura, pregonando que nos estamos cargando nuestra única casa, y nada, no hay manera: venga a fabricar basura por tierra, mar y aire, haciendo oídos sordos al cambio climático, la desertización y la pobreza galopantes. ¿Quién va a parar todo este desatino? No parecemos dispuestos a cambiar nuestra forma de vida, olvidando que si escupimos al cielo la porquería nos caerá encima tarde o temprano. No hará falta ninguna invasión alienígena para acabar con nuestra "civilización", lo vamos a hacer solitos, sin injerencias extrañas. Pero qué brutos somos... En los colegios nos hartamos de tratar el tema de la educación ambiental y tenemos el enemigo en casa: apenas pisan la calle los chavales se encuentran con miles de ejemplos contrarios. Es como cuando en una clase de Educación Vial les preguntas cuántos padres se abrochan el cinturón de seguridad y levantan la mano la mitad, como mucho. Penoso.
Esta gran máquina que es internet propaga en tiempo récord imágenes bellísimas de nuestro mundo. De África a Groenlandia, de los templos orientales a las montañas Rocosas todo es un mosaico maravilloso pero frágil en manos inconscientes de su poder: podemos llevar a cabo obras fantásticas, pero también destruir en un momento lo que ha costado tanto tiempo crear. Nos creemos dueños de la Tierra cuando sólo somos sus inquilinos. El mar parece infinito y limpio, pero esconde cantidades ingentes de basura. Nos hemos acostumbrado a usar y tirar sin medida con el pretexto de que eso es bueno para el libre mercado, y aquí tenemos el resultado: la funesta crisis nos ha sacudido en nuestro orgullo consumista, nos ha perdido la ambición, la desmesura. Incapaces de administrar nuestro inmenso patrimonio no sabemos renunciar a cuatro cosas superfluas. Oscuros intereses impiden que surjan y se desarrollen energías alternativas al petróleo. No hemos sabido combinar progreso y vida sostenible para todos. Los ricos cada vez son más ricos (cuatro en todo el mundo, nada más) y los pobres más pobres. Y la Tierra se queja, pero no queremos escuchar sus lamentos. La oímos, pero no la escuchamos. Alarmistas estúpidos que son algunos, como diría el inefable Aznar. Qué bobada es ésa del cambio climático, con lo verde que está mi campo de golf en pleno desierto... Qué maravilla de progreso que permite construir torres de cientos de pisos y urbanizaciones ganando terreno al mar, no me diga que eso no es bueno, si somos la pera... Y tan contentos, ciegos como estamos.
La Tierra es tan pequeñita en medio del espacio, tan indefensa, tan frágil... Y está en manos de su peor verdugo, su autodenominado dueño y señor. Hay otros mundos, pero están en éste, como decía el anuncio. Hay no sé cuántas galaxias y estrellas miles de veces mayores que el Sol, pero nosotros estamos aquí y ahora y de nada vale mirar hacia planetas inalcanzables. Estamos gozosamente presos en este pedacito de universo sin acertar a cuidarlo debidamente. ¿De verdad somos tan pequeños como asegura ese power point tan sugerente? No hay vida insignificante, por chiquito que sea nuestro Sol comparado con Arturo, por ejemplo. Cualquier vida es grandiosa, qué más da que allá arriba brillen gigantes apenas vislumbrados. Yo creo en la grandeza de cada existencia porque comparto mi espacio con personas que me sonríen, que respiran el mismo aire que yo, que sufren y gozan como yo, que sienten mis mismas inquietudes y albergan los mismos anhelos. En cada ser humano habita la Humanidad entera. Todos podemos alcanzar en algún momento el paraíso y también bajamos a los infiernos con la misma facilidad. Que pregunten a una madre si la respiración de su hijo es insignificante, o a un amante la cercanía del amado, o al solitario la sonrisa de una compañía. Sé que mañana volveré a hacer mi trabajo con el mismo entusiasmo de siempre, volveré a sentarme junto a un pequeño que balbucea al leer y trataré de poner un poco de calor en la mañana otoñal. Eso es la vida, la mía, la de tantos otros. Tan grande en su anonimato, tan feliz en su cotidianidad.
Y siguiendo la estela de Joselu, ojalá tengamos algo que celebrar dentro de unas horas. Muchos confiamos en Obama, esperemos que no nos defraude.
Buenas noches a todos.

5 comentarios:

Jose (el lanzador de botellas) dijo...

Como soñar es gratis, esta noche he soñado que, al más puro estilo Israel, los descontentos, los altermundistas (para que nos entendamos) requeríamos un territorio para hacer un país a nuestra medida, con entrada y salida libre de personas, ideas y posturas pero con una constitución rígida que dejaba las normas claritas... Era, como decía Platón, una auténtica dictadura de la razón.

¿De qué estarán hechos los sueños? A lo mejor de cordura

Joselu dijo...

Stephen Hawking auguraba que era necesario colonizar nuevos planetas en este siglo porque estábamos gestando una catástrofe que sería irreversible. Catástrofe climática, ambiental, ¿guerras nucleares?, depredación, consumo desmedido, deforestación, desertización... Los seres humanos no tienen conciencia de esa parcelita que tenemos en el universo y vivimos en la práctica pensando que es inagotable, pero no es así. Hay una ecuación terrible que es la de identificar consumo con crecimiento, y a ello se entregan con entusiasmo las sociedades avanzadas y las que quieren despegar del subdesarrollo (China, India, Brasil...). Todo el mundo cree que puede emitir gases a la atmósfera porque tiene derecho, pero esto no es ni mucho menos inocuo. Estamos quemando el mundo para que la máquina de vapor funcione. Quizás algún día no muy lejano hayamos de buscar otros planetas inhóspitos para sobrevivir.

Yolanda dijo...

Noostros no veremos esa colonización espacial, a ver si se puede evitar cuidando este planeta que ha caído en nuestras manos, o nosotros le hemos caído a él, quién sabe. El día que sea un problema económico para los poderosos empezarán a poner soluciones en serio. ¿Vamos a lanzarnos a ensuciar otro? No sé, quizá tenga razón Hawking, que sabe de esto mucho más que yo.
Un abrazo.

Miguel dijo...

El ser humano no tiene remedio. Nos han hecho (no sé quién) así de orgullosos y soberbios. Repito, no tenemos remedio. Podrá la ciencia, disfrazándose de literatura, emitir inefables razones, gritar rimbombantes anuncios apocalípticos al aire... y las personas las podremos aplaudir y aceptar, pero en su fuero interno, presos de esta infinita soberbia, pensarán que esto no va con ellos. Es sólo literatura.

Un profe cualquiera... dijo...

Como dice Eduardo Galeano:
"Vamos directos al desastre, pero, joder, ¡en qué cochazos!"

yotambiensoyprofesor.blogspot.om