martes, 17 de mayo de 2011

NO TENGAS MIEDO







Aún no he podido hablar con nadie que haya visto No tengas miedo, la última película de Montxo Armendáriz, todavía en los cines. Trata un tema incómodo y la gente no está por la labor de sufrir. Como ocurre en la realidad, por desgracia, prefiere mirar hacia otro lado o cerrar los ojos. Yo fui a verla sabiendo a lo que iba, movida por el interés que me suscitaban las críticas leídas u oídas. Las más fiables hablaban de delicadeza y tacto al abordar un asunto tan delicado, y no se equivocaron.

La película se apoya en un sólido guión que elude el morbo y las situaciones demasiado explícitas. Muestra sin enseñar, por eso resulta más atroz lo que adivinas que lo que ves. Ves esa mano paterna amorosa y solícita y te revuelves al saber lo que ocurre cuando la cámara sólo enfoca la cara de la niña, una Michele Jenner fabulosa en cada escena. Lluis Homar representa a la perfección un papel difícil, incómodo. Hay quien dice que da incluso pena. A mí no me la dio. Por mucho que me lo expliquen, no puedo ni siquiera intentar entender qué mueve a un padre a destrozar la vida de su hija. Es lo mismo que los maltratadores: ¿Son enfermos o simplemente malos? Yo me inclino por lo segundo. No sé nada de patología criminal o mentes desviadas, más allá de lo que cuentan las películas, ni me interesa. Todo intento de justificación me irrita, me parece injusto. En la película aparecen testimonios reales de personas que han padecido abusos, casos espeluznantes, y uno de ellos dice algo así como que para cuando encontró el valor   suficiente para denunciar a su agresor el delito ya había prescrito. "¿Y mi dolor cuándo prescribe?", se pregunta. El malvado se va de rositas, la víctima tarda años en recuperarse o no lo consigue nunca. Las secuelas son tanto físicas como psíquicas, terribles, increíbles.




Dice Carlos Boyero algo así como que "el hombre del saco está en casa", y nada más cierto. A todos de pequeños nos previenen contra los extraños, el peligro que representa que un desconocido nos ofrezca caramelos para llevarnos a lugares terribles, pero nadie nos advierte de lo retorcido que puede llegar a ser un abuelo, un profesor, un cura, un padre, de las atrocidades que se cometen entre las paredes del sacrosanto hogar, el respetable internado, la impoluta sacristía. Adultos asquerosos que abusan sin ningún escrúpulo de menores indefensos, incluso bebés, que machacan su inocencia y su cariño con el peor de los delitos impunemente, porque encima lo peor no es el hecho en sí, con ser terrible, es que además el resto de la familia, incluso la Iglesia,  sabe y calla, oculta la tremenda verdad, no muele a palos al cerdo ni le castra sin miramientos, se hace la desentendida y aquí paz y después gloria. Las víctimas están terriblemente solas, doblemente solas porque aunque les crean, algo harto improbable, nadie hace nada.  



Aquí es la madre, interpretada por Belén Rueda, la que escucha (más bien sólo oye) las quejas de su hija sin darle crédito. Hacerle caso habría supuesto un vuelco en su vida así que lo soluciona marchándose y dejándola con su padre porque es quien mejor puede cuidarla. Se desentiende de ella. Silvia está sola, terriblemente sola. Se siente trágicamente unida a su padre por una relación ambigua pero muy profunda. Se refugia en la música y en el juego de manera enfermiza, no sonríe hasta el final, cuando se vislumbra la esperanza. Ha pasado su infancia y adolescencia sufriendo en silencio. Un día estalla y encuentra por fin a una persona capaz no sólo de entenderla sino de encauzar su miedo y su inseguridad  a través de la palabra. Verbalizar lo que nos ocurre es el primer paso para solucionarlo, hay que poner palabras al dolor, a la rabia, a la frustración. Hay miles y miles de casos y sólo una pequeña parte salen a la luz.  ¿Qué pasa con el resto? ¿Cómo recuperan su vida las víctimas? ¿Cuántos cabrones pagan su culpa? Muy pocos. Los hay de todo tipo y condición, en todas las escalas sociales, pero abundan los que utilizan su poder para hacer daño, mucho daño. 

Armendáriz tardó años en hallar la manera de contar mediante imágenes esta realidad sangrante. Buscó, investigó, entrevistó a víctimas y terapeutas. No tengas miedo está narrada desde el punto de vista de Silvia, la cámara se mueve con ella. Sientes su dolor, su impotencia a través de su mirada ojerosa y triste. Pamplona es el escenario perfecto, lluviosa y fría cuando corresponde. 
No sé por qué nos da tanto reparo ver películas como ésta, valiente, delicada, respetuosa, honesta pese a la tremenda realidad mostrada. Te conmueve si eres sensible, pero no es desagradabe gracias a una fabulosa labor de contención y mimo, de cariño hacia esos seres indefensos que han de encarar cada día como si fuera un punto de partida porque les han robado el pasado. En mi vida profesional he conocido varios casos de maltrato, por desgracia, pero ninguno de abusos, que yo sepa. Por eso estoy especialmente sensibilizada sobre esta dura realidad. De mi experiencia personal... otro día, si acaso. No temáis verla, es dura pero muy recomendable.
Totalmente distinta (es lo bueno del cine) es El inocente, mala traducción de la novela de Michael Connelly The Lincoln Lawyer. Conocemos mejor el sistema judicial norteamericano que el nuestro gracias a productos como esta buena película que cuenta la historia de un abogado sin escrúpulos (uno más, diréis), muy bien encarnado por Matthew McConaughey (hay que ver con el apellido...) que tropieza con un caso que se complica por momentos. Sorpresas, giros de guión, hallazgos inesperados... todos los ingredientes necesarios para fabricar una intriga correcta y bien resuelta se dan cita aquí. Me gustó mucho porque me encantan las novelas policiacas y el cine negro, me atrae la investigación policial y el estudio de los personajes. Muy recomendable para los amantes del género.
Estoy deseando ver Midnight in Paris, el último regalo de mi admirado Woody Allen. Dicen que es estupenda. Incluso sus película menores tienen algo grande. Ya os contaré.


lunes, 2 de mayo de 2011

CINE, TEATRO, VIDA...

Diversas circunstancias me han tenido alejada del blog. He cambiado de ordenador pero han surgido otros problemas con los que no contaba.

El pasado viernes fue mi cumpleaños y lo celebré con mis alumnos y colegas con alegría y buen humor. Les llevé tarta de queso y brownie y comimos en un sitio agradable. Algunos miembros de mi familia vinieron ayer y también fue agradable. Mi hermana y mi cuñada van mejorando, por fortuna. Hoy me ha tocado recoger y limpiar, pero como no he tenido clase ha sido llevadero.

Pude ver la versión teatral de La sonrisa etrusca justo antes de vacaciones. Es una adaptación admirable, dada la complejidad de la obra original. Héctor Alterio y Julieta Serrano están geniales, no así el resto del elenco, bastante flojitos. Si habéis leído la preciosa novela de José Luis Sampedro recordaréis que cuenta la historia de Bruno, nombre de guerra de Salvatore, que viejo y enfermo va a Milán a casa de su hijo para intentar una curación y descubre la ternura a través de su trato con Brunetino, su nieto, y Hortensia, una mujer con la que simpatiza de inmediato aunque le consideran gruñón y huraño. Me gustó esa forma de entablar una relación sentimental a las puertas de la muerte, libre de explicaciones y de convencionalismos. Los viejos tienen a gala decir lo que piensan sin ningún pudor. Bruno luchó contra los fascistas y sabe lo que es el peligro, el valor y la muerte. No entiende la manera moderna de educar a un niño, dejándolo solo llorando en su habitación, lo que le lleva a enfrentarse con su nuera, a quien llama "la Gestapo". Le queda poca vida y sin embargo no quiere rendirse. Muere con esa sonrisa enigmática en los labios, la que vio en un sarcófago etrusco.

La obra ha estado poco tiempo en Madrid, creo que ahora van de gira, así que si podéis id a verla, os gustará.

Mis amigas y yo aprovechamos la tarde para ver parte de la exposición Heroínas, la que está en la Fundación CajaMadrid y en el Thyssen. Contiene cuadros preciosos con la mujer como tema en diversas facetas: mártires, lectoras, místicas, magas... Safo, Juana de Arco, Santa Catalina, Circe... tantas y tantas mujeres famosas y anónimas que han vivido, sufrido, luchado, gozado y amado a lo largo de los siglos. A pesar de lo que hemos avanzado, sigue teniendo razón Mafalda: "La mujer, más que un papel, ha desempeñado un trapo en la historia de la Humanidad".
Código Fuente es la segunda película de Duncan Jones, hijo de David Bowie, tras Moon, una original historia de ciencia ficción que vi en su momento. Ésta es también del mismo género, pero más elaborada y sobre todo con más medios muy bien empleados. El argumento es bastante increíble: un capitán del ejército americano es enviado una y otra vez a un tren a punto de estallar para descubrir al terrorista. Sólo dispone de ocho minutos para averiguarlo, lo que convierte cada regreso en una cuenta atrás con un solo final si no consigue su propósito. Tiene giros de guión que van desvelando la verdad hasta el desenlace, así que no os cuento más. Me gustó bastante a pesar de su inverosimilitud. Jake Gyllenhal, Michele Monaghan y Vera Farmiga están muy bien en sus papeles.
HappyThankYouMorePlease (así, todo junto) es una comedia con diálogos inteligentes a partir de situaciones insólitas unas y corrientes otras. No tiene aires de grandeza ni insulta el buen gusto del espectador, a diferencia de otras supuestas comedias llenas de humor grueso y barato que no soporto aunque llenen las salas. Ésta es una película pequeña pero agradable, de las que dejan buen sabor de boca y recuerdo grato en los oídos. A partir del encuentro de un aspirante a escritor y un niño que ha pasado ya por varios hogares de acogida se tejen otras historias normales, de las que cualquiera podría ser protagonista. Me gustan estas películas bien hechas, sin alharacas ni efectos especiales desmesurados, con poco público, por desgracia.


Incendies es la más dura de las que he visto últimamente, sólo comparable a En un mundo mejor, que resulta blanda a su lado. Dos hermanos gemelos, chico y chica, descuben en la lectura del testamento de su madre que su padre no ha muerto y que tienen un hermano al que deben buscar para entregar un sobre, igual que a su padre. Están en Canadá y la búsqueda les lleva a Oriente Medio, quizá Líbano en los años 80/90 porque no se especifica. Cada escena supera a la anterior en dureza y dramatismo. Es una película de historias y de personajes que sufren al verse envueltos en circunstancias terribles porque les ha tocado nacer en una época convulsa en un país desgarrado por una guerra tras otra, por conflictos que parecen no tener fin. Cuesta entender a qué vienen ciertos detalles hasta que en el terrible final se descubre todo. Es el desenlace más impresionante que recuerdo, de los que dejan encogido y apesadumbrado. Y sin embargo la película, bastante larga, es hipnótica, fantástica, una gran obra. Ha obtenido varios premios y un gran éxito de crítica pero me temo que tiene poca difusión porque no es grata de ver. La recomiendo vivamente porque agradezco cuanto me hace pensar y sentir. Estamos quizá demasiado acostumbrados al horror de los telediarios y no nos fijamos en las personas que están tras esas imágenes casi rutinarias ya, seres que arrastran un pasado lleno de dolor y sufrimiento y que acaso ni siquiera tengan un futuro no ya feliz sino ni siquiera "normal".

Una última recomendación por si no lo habéis hecho ya: leed el discurso de Ana Mª Matute con ocasión de la entrega del Premio Cervantes. Qué prosa tan limpia y sencilla, tan sentida, tan clara y humilde. Una maravilla. Siento no saber poner el enlace, un día de éstos aprenderé a hacerlo...

Feliz semana a todos.

sábado, 30 de abril de 2011

PRUEBA

Probando, probando... ¿Qué pasa en la blogosfera? No puedo publicar desde hace unos días. A ver si ahora...

jueves, 28 de abril de 2011

WHERE IS LEO?

Hay duendes malignos haciendo de las suyas, estoy segura... Al grano: Dos estupendos colegas míos han filmado un vídeo de dos minutos de duración con alumnos de 5º para participar en un concurso de la Comunidad de Madrid que pretende potenciar el bilingüismo. Hay varios premios otorgados por el jurado, pero otro lo da el público con sus votos, así que necesitamos mucha difusión. Por alguna extraña razón en el enlace directo no se puede votar, hay que ir a la página principal: www.premiosmicrofilms.es En la página 8 de los participantes está el nuestro, titulado WHERE IS LEO? Debajo hay unas estrellitas para poder votar. ¡Echadnos una mano, por favor! Gracias mil.

domingo, 10 de abril de 2011

EN UN MUNDO MEJOR


En un mundo mejor es la película danesa que recibió el Óscar a la mejor película extranjera hace apenas un mes. Tenía muchas ganas de verla y no me ha decepcionado. Es dura y emotiva, como todas las de Susanne Bier, al menos las que yo he visto, especialmente Hermanos.

En un mundo mejor se muestra la violencia, el odio y la crueldad en dos lugares bien diferentes, Dinamarca y África. La fama de Dinamarca como país idílico y modélico cae por tierra aquí. Entre los daneses hay chavales matones y crueles y adultos violentos y fanfarrones como en cualquier otro lugar. En un campamento de refugiados en África ejerce su trabajo Anton, médico sensato y valiente, padre de dos hijos y a punto de separarse de su mujer por una infidelidad. Allí vive día a día la miseria, la enfermedad y el horror que provoca un jefe del lugar: uno de sus pasatiempos consiste en abrir el vientre de las embarazadas para ganar la apuesta sobre el sexo del bebé. Cuando acude al médico para que le cure una terrible herida en la pierna las enfermeras y el resto del personal se niegan a ayudarle, en justa venganza.

Elías, hijo mayor de Anton, sufre acoso en el colegio por ser sueco, por sus dientes, por esos detalles que otros chavales sin escrúpulos aprovechan para machacarle sin compasión hasta que aparece Christian, que se enfrenta al cabecilla sin piedad. Christian acaba de perder a su madre por un cáncer y no ha superado su rabia y su dolor. Mantiene una difícil relación con su padre, que sigue con su trabajo en Londres, por lo que él debe quedarse en casa de su abuela. La muerte de su madre le ha endurecido, no acepta la debilidad y comienza una escalada de violencia inusual en un niño de doce años hasta llegar a un suceso trágico pero no irreparable, por fortuna.

Elías se deja ayudar, aunque no comparte los sentimientos de venganza de su amigo. Piensa que ha de haber otra salida, pero la más rápida es, como muchos creen, pagar con la misma moneda. Por eso asisten atónitos y un tanto avergonzados a la pasividad de Anton cuando es atacado por un mecánico chulesco por una pelea de niños en el columpio. Anton no devuelve los golpes, decide marcharse con los niños, que esperaban otra reacción. Averiguan quién es y dónde trabaja el mecánico para planear un resarcimiento, pero Anton desbarata sus planes yendo a buscarle y diciéndole que no ha conseguido nada a pesar de sus golpes, que es un cobarde y que no vale la pena perder el tiempo con él. Los chicos no entienden nada y Christian empieza a pensar en una venganza de imprevisibles consecuencias.

La película va ganando en intensidad dramática y consigue emocionar y sobrecoger. Da miedo y pena la cara de Christian, que no sonríe ni una sola vez, frío y vengativo. Qué fácil es montar una bomba casera con las instrucciones que se encuentran en internet... Es verídico, no un invento de la directora. Es un chico que no consigue controlar sus emociones ni sus sentimientos porque quizá no se lo han enseñado, y la pérdida de su madre le descoloca por completo. Aflora su crueldad, que él considera justa, hasta que comprende que necesita ayuda.

Todos los personajes sufren, de uno u otro modo. Son vulnerables y atormentados, lo que los hace más cercanos y creíbles. La mujer de Anton no puede perdonar su infidelidad, pero siguen queriéndose. El padre de Christian no sabe cómo hablar con su hijo, siente que le está perdiendo a pesar de contarle la verdad sobre la muerte de su madre y cómo la soportó él mismo. Todos se ven envueltos por la misma tela de araña, en Dinamarca y en África. El dolor, la maldad y la violencia no conocen distancias ni fronteras. En cada sitio se manifiestan de manera diferente, pero en esencia son iguales, algo consustancial al ser humano, tan animal y tan primitivo como hace millones de años. No sé si entonces existía alguien como Anton, pero necesitamos muchos como él. La policía sólo soluciona una parte del problema, pero no lo ataja ni previene. Los profesores tampoco parece que acierten demasiado. Quienes conocemos bien a los chavales sabemos lo crueles que pueden llegar a ser, aunque algunos no lo crean. Lo que no es cierto es que nos quedemos de brazos cruzados ante una situación de violencia o acoso, al menos es lo que yo he vivido en más ocasiones de las que quisiera recordar. Es muy desagradable verse envuelto en problemas así, pero ocurren prácticamente todos los días. ¿Por qué es tan habitual la violencia entre niños pequeños que lo tienen todo? ¿Por qué insultan y pegan con tanta saña? ¿Por qué algunos padres se creen con derecho a atacarnos incluso físicamente sin ningún miramiento? Podemos equivocarnos, evidentemente, pero nada justifica reacciones tan desmesuradas. Con ejemplos así, ¿qué se puede esperar de los niños?

La película tiene un final esperanzador sin ser fácil ni sensiblera. Obliga, más que invita, a la reflexión a través de potentes imágenes y una fotografía fascinante. El reto es cómo manejar la violencia, cómo educar a los niños en un mundo dominado por ella, cómo escapar de la fácil y terrible ley del ojo por ojo. La directora ha sabido impregnarla de humanidad sin hacer concesiones fáciles. Es altamente recomendable, sin duda.

Feliz semana a todos.

sábado, 19 de marzo de 2011

PERIGEO

ROMANCE DE LA LUNA, LUNA

La luna vino a la fragua

con su polisón de nardos.

El niño la mira mira.

El niño la está mirando.

En el aire conmovido

mueve la luna sus brazos

y enseña, lúbrica y pura,

sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.

Si vinieran los gitanos

harían con tu corazón

collares y anillos blancos.

Niño, déjame que baile.

Cuando vengan los gitanos

te encontrarán sobre el yunque

con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,

que ya siento sus caballos.

Niño, déjame, no pises

mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba

tocando el tambor del llano.

Dentro de la fragua el niño

tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,

bronce y sueño, los gitanos.

Las cabezas levantadas

y los ojos entornados.

¡Cómo canta la zumaya,

ay cómo canta en el árbol!

Por el cielo va la luna

con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,

dando gritos los gitanos.

El aire la vela, vela.

El aire la está velando.

En una noche como ésta, presidida por una luna espléndida, enorme, brillante, suspendida en el cielo quieto en mágico equilibrio, las palabras de García Lorca son una opción siempre bella y musical. Poco más se puede añadir sin estropearlas. Disfrutad de la luna, de la noche y de la poesía.


martes, 1 de marzo de 2011

ESOS NIÑOS DEL CINE...

Apagados ya los ecos de los excesivamente publicitados Óscar de Hollywood (espectáculo llama a espectáculo), lejos de los modelitos lucidos por las estrellas y los discursos casi siempre previsibles, en una gala bastante plúmbea, según los críticos (yo sólo he visto pequeños cortes), sólo cabe alegrarse de los merecidos galardones obtenidos por la magnifica El discurso del Rey (¡no os la perdáis!) y alguno más: Toy Story (emocionante y sensible), Christian Bale (tengo ganas de ver The fighter), el más que cantado de Nathalie Portman (aún no he visto su Cisne Negro) y las muchas desilusiones, inevitables siempre. Pero bueno, todo forma parte del mismo circo, con más o menos fortuna.
Antes del día D fui a ver Valor de Ley, no sin cierta reticencia. No todo lo de los Coen me gusta y el western es un género difícil que ha dado maravillosas películas y terribles bodrios, cómo no. Yo vi la primera versión de ésta allá por 1970, quizá, cuando se estrenó. Con ella ganó el codiciado Óscar John Wayne, el Duque, el ídolo de mi padre. Encarnaba a un alguacil tuerto que ayuda a una insoportable Mattie (Kim Darby, de la que Wayne dijo que era "la peor actriz con la que había trabajado") a vengar la muerte de su padre. En esta nueva adaptación una portentosa Hailee Steinfeld se come a los tres machotes duros y curtidos encarnados por Jeff Bridges (qué bien está siempre este hombre), Matt Damon (nada de chico guapo aquí) y el malvado Josh Brolin. Mattie aquí es valiente, tozuda, intrépida, inteligente y hábil. Gracias a ella el malo paga sus culpas y otros no mejores que pasaban por allí se llevan también lo suyo. Hay cierta socarronería, propia de los Coen, dureza y cinismo. Me parece una película formalmente perfecta, idónea para recrearte en la fotografía, los detalles, los diálogos... Se merecía mejor suerte en el reparto de premios, pero qué se le va a hacer, la estatuilla sólo puede tener un ganador por categoría.
Por cierto, no sé si será debido a la publicidad de estos premios pero las tres últimas semanas he visto los centros que albergan salas de cine abarrotados, hasta los topes, como hacía tiempo que no veía, a pesar de la maldita crisis y del final de un mes siempre difícil. ¿O no será tanto como dicen? No entiendo nada, la verdad, pero me alegro de veras.
Por el contrario, Pa Negre fue la gran sorpresa de los Goya, versión hispana del circo americano. Fui a verla atraída por las críticas más que por el aluvión de premios. Temí que me desilusionara como me ocurrió con La Soledad hace un par de años, creo, pero sentí todo lo contrario: una sacudida desde la brutal escena inicial, un estremecimiento en varias más, una indignación creciente y un encogimiento del alma al ver a unos niños perder la inocencia por la maldad de sus mayores, arrastrados a la vergüenza y la miseria moral y física por la reciente guerra y el odio que germina con demasiada facilidad en el ser humano. Apenas hay bondad en esta historia de crímenes ocultos y venganzas crueles. El mundo rural catalán de la posguerra es mostrado en toda su crudeza. Hay amos ricos y egoístas, amparados por su poder para abusar de los campesinos que cuidan sus tierras, carentes de todo escrúpulo para desposeer de su fortuna al beneficiario legal. Pero no son mejores los perdedores de la contienda, aunque cobijados a veces por sus ideales, sobrepasados por la terrible realidad.
La historia se va desentrañando en sucesivas capas que encierran un misterio tras otro, un pasado oculto no sólo por la guerra sino por el odio, la injusticia y la intolerancia. No es otra película sobre nuestra maldita Guerra Civil, es un relato descarnado sobre la pérdida de la inocencia y la necesidad de expiar las culpas. El sexo ocupa un lugar destacado, es descubrimiento doloroso en los niños (terribles escenas) y opresión en los adultos, incapaces de escapar a su destino, arrastrados por el rencor y la crueldad. Ni los buenos resultan tan puros como parece en un principio ni los malos son tan terribles como en otras ocasiones, y eso que Sergi López da casi tanto miedo como en El laberinto del Fauno. Todos los actores están fabulosos, desde Nora Navas hasta Laia Marull y Eduard Fernández, pero destacan los niños, sobre todo Francesc Colomer, fantástico como el centro donde convergen otros personajes y a través de cuya mirada descubrimos secretos y traiciones, las mentiras que ocultan los adultos, incluso los más idealizados, empezando por su propio padre, al que adora hasta que... El gesto duro que muestra en el cartel anunciador es el perfecto resumen de la película: me habéis robado la inocencia, me habéis mentido, pero voy a construir mi futuro lejos de vosotros, sobre esas cenizas en las que habéis convertido los sueños y aspiraciones de tantos como yo, marcados para siempre.
Hay sordidez en esas casas oscuras y frías con puertas cerradas, fotos que esconden secretos y rincones casi sagrados. Los amos han huido y han dejado a muchos en la obligación de buscarse la vida criando pájaros o trabajando en fábricas. No hay nada idílico, incluso la naturaleza es dura y salvaje, como esos seres obligados a urdir una nueva mentira para tapar la anterior. Son crueles quizá sin posibilidad de escape. Todo parece confabularse para destruir cualquier esperanza, la oscuridad no es una metáfora sino una realidad opresiva de la que nadie puede escapar. Hay dolor y muerte, venganza, todo tan negro como ese pan que envenenaba las entrañas. No es algo exclusivo de la España de 1944, pero sigue siendo algo muy nuestro que a menudo se nos olvida. Y la memoria ha de servir para algo, para aprender y no repetir tan terribles errores. No soy partidaria de idealizar el pasado ni de falsificarlo para justificar equivocaciones antiguas o actuales, creo que por difícil que sea lograr la objetividad hay que saber que ciertos valores son intocables y que perseguir a los homosexuales, asesinar a los judíos, abusar de los más débiles y perseguir a los que piensan de manera diferente siempre está mal, lo haga quien lo haga.
Pa Negre es una película excelente que espero sea vista ahora por mucha gente gracias a la publicidad de los Goya merecidamente ganados. No es agradable de ver ni cómoda ni complaciente, pero resulta fascinante y altamente recomendable. Quizá me anime a leer la novela en la que está basada.
Aprovecho para recomendaros el comentario que he encontrado en www.jmbigas.blogspot.com sobre ella, es excelente y muy bien documentado.
Pasad estos días de frío lo mejor posible. Un saludo a todos.