miércoles, 3 de diciembre de 2008


Hace unos días fui a ver Quantum of solace, la última de James Bond. Después de la semana que había pasado me apetecía distraerme un poco y ver algo que no me hiciera pensar mucho. Y qué queréis que os diga, es una buena película de acción, desde luego, pero demasiado enrevesada, o será que no recordaba los suficientes detalles de Casino Royale, tendré que volver a verla. Las escenas de persecuciones, tiros y demás son espectaculares, muy bien hechas, sin dar tiempo a pensar lo que está ocurriendo. Daniel Craig está estupendo, me encanta este actor. Como novedad, no utiliza gadgets y parece más humano y vulnerable que nunca sin perder su gesto duro de agente (asesino) implacable. Me gusta este giro del personaje, alejado del estereotipo de los tebeos de otras películas que forjaron la leyenda de espía con licencia para matar. Habrá quien piense que ha traicionado al Bond de más de veinte pelis anteriores, yo creo que es un cambio necesario y que ya era hora de mostrar otra cara más humana del héroe (?). Sigue estando al servicio de Su Majestad, por supuesto, pero con matices. No me gustan los personajes planos, previsibles. Quiero ver en la cara del actor las luces y las dudas de un hombre metido a espía pero que conserva su faceta humana, y Daniel Craig lo consigue. Me gustó, y es que, como dicen en alguna parte, voy predispuesta a pasarlo bien y siempre encuentro algo positivo en lo que veo. Luego hago la crítica, claro, pero de momento disfruto de ese tiempo a oscuras en el cine metida en una historia cuyo tema elijo en función de mi apetencia de ese día. Procuro ir informada porque así capto mejor los detalles. El cine sigue siendo magia, aunque cada vez cuesta más encontrar buenas obras. Hace años que perdió ese halo maravilloso que caracterizaba a los grandes clásicos y ahora es cada vez más un producto más del consumo rápido de usar y tirar. Javier Marías lo contaba muy bien hace un par de domingos. Parece que lo importante es decir "he visto tal película" y tacharla de la lista para ir enseguida a por la siguiente en lugar de paladearla despacio y volver a verla con más detalle, o recordarla tranquilamente y con calma buscando en tal o cual escena esa chispa que hace disfrutar de lo bien hecho. La televisión se encarga de pasar una y otra vez películas ya vistas, pero a veces es un placer que lo haga, como el ciclo recientemente dedicado al inmenso Paul Newman o la revisión de la trilogía de El Padrino. Parece mentira que tengan más de treinta años, están impecables, son maravillosas ahora y lo seguirán siendo pase el tiempo que pase.
Tenía pensado ir a ver La ola, que según dicen algunos es muy recomendable para jóvenes y adolescentes porque muestra lo fácilmente manipulables que pueden llegar a ser y lo sencillo que puede resultar hacer renacer el fascismo si se dan las circunstancias adecuadas y se ofrece el mensaje oportuno. Es un tema que da para mucho, desde luego. Provoca pánico pensar que pueda resurgir semejante monstruo, pero quizá no lo tengamos tan lejos. Continuamente nos llegan mensajes del peligro que supone la inmigración, los puestos de trabajo que quitan, lo que se benefician de nuestro sistema sanitario... Los que trabajamos en la enseñanza pública y tratamos con ellos sabemos que la realidad es muy distinta. No son, ni de lejos, los que más problemas dan pero sí son los más agradecidos. Vienen en unas condiciones penosas y tienen siempre el viento en contra, digan lo que digan algunos que protestan porque les quitan becas o plazas de guardería. En muchos casos se juegan la vida intentando encontrar un futuro mejor que el que les esperaría a miles de kilómetros y sólo encuentran desprecio y odio. En el pueblo donde yo trabajo abrieron un Aula de Enlace el curso pasado, pero los muy genios la pusieron en un centro concertado y los inmigrantes no podían pagar la cuota que les exigían, así que se han tenido que marchar a mi colegio, por ejemplo, donde tenemos un profesor de Compensatoria sólo dos días a la semana. Viva la política educativa del PP... Eso sí, han cedido suelo público en Alcorcón para levantar un colegio concertado religioso que separa a los niños de las niñas en toda la etapa educativa amparándose en el derecho de los padres a elegir la educación que más les plazca. Que en estos tiempos alguien ampare semejante barbaridad da para pensar... e indignarse.
Y para seguir en la línea social que me reclama mi colega Miguel, cómo no hacer mención a la última barbarie terrorista. Esto acabará algún día, sin duda, pero no de la forma deseada. Yo creí posible durante mucho tiempo un diálogo, largo y duro, sin duda, pero fructífero al fin y al cabo para acabar con esta pesadilla, pero ahora nos están demostrando que ya no puede ser. Qué final tan amargo para un post que sólo quería hablar de la proximidad de las vacaciones, de la Navidad quizá más austera pero no menos dichosa si se sabe aprovechar bien y del ajetreo que vivimos en los colegios en estos días. Yo, como todos mis compañeros, me siento literalmente saturada de trabajo, no doy abasto para hacer controles, poner notas, asistir a reuniones, levantar actas, preparar el festival, atender a los padres... ah, y dar clase, claro, que a veces parece que es lo de menos. En fin, paciencia, llevaremos todo adelante, como siempre, aunque sea a costa de muchas horas extra y mucho esfuerzo añadido.
Y ya que parece que estamos en la semana de la poesía gracias a Joselu quiero terminar con unos versos de Gloria Fuertes, siempre atinada.

Llevando de la mano a la ternura

se espanta la razón y no me alcanza

y si queréis saber

ahora os describo el sabor de la felicidad.

Es quedarse dormido

con los brazos abiertos

y los labios atados

libres y entrelazados.


4 comentarios:

Joselu dijo...

Coincidimos en muchas cosas. Yo también leo a Javier Marías y recuerdo su artículo sobre el usar y tirar; coincido también contigo en sentirme desolado por el último atentado terrorista. Mi último post en imágenes trata sobre ello. Estos últimos días de trimestre son extenuantes. Acabamos todos los días al borde del agotamiento mental. ¡Cómo me gustaría hacer una travesía de montaña y olvidar por unas horas la burocracia, los informes, las reuniones, la tensión! Pero esto se acaba pronto. Un saludo, colega.

Miguel dijo...

Ya se acerca la Navidad, con sus pertienentes vacaciones, y sus ajetreados días finales, como tú bien dices. Es tiempo de poner los puntos finales del trimestre. Revisar libretas, llenar los boletines, poner notas. Es una tarea complica porque a veces (muchas veces) me siento juez implacable. Y no quiero serlo. Me inquieta no ser justo y poner a alguien una nota que no es la que en realidad le corresponde. Hay que valorarlo todo: controles, libretas, actitud en clase... tantas cosas, que la evaluación se convierte en algo complicado, esta es la verdad. Pero esta es nuestra gran pasión, somos maestros/as, no jueces. ¿No? Por eso finalizamos el trimestre con un festival y no con un veredicto.
Saludos.

Yolanda dijo...

Gracias por vuestros comentarios, Joselu y Miguel. Ya veo que los tres (y otros muchos) odiamos tener que poner notas, es la parte más ingrata de este trabajo. No damos abasto estos días, menos mal que ya queda poco y luego podremos respirar un poco. Qué bueno eso de terminar con un festival y no con un veredicto, nunca lo había pensado. Y es cierto, hacemos lo posible por aliviar la tensión que acompaña a cada final de trimestre.
Un abrazo a los dos.

Tom dijo...

¿Sabes que pensé exactamente lo mismo cuando vi la peli del nuevo James Bond y que además fui a verla con el mismo propósito y motivación que tú? Es curioso lo que hace este mundo virtual. Daniel Craig es guapo hasta doler, creíble y HUMANO. Este sí me gusta más que ninguno de los otros, sólo salvaría a Sean Connery.

He dejado este comentario porque me chocó tanto leer mis propios pensamientos en tu relato que no he podido evitarlo, lo entiendes ¿no?

Saludos y gracias